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Letra con Filo
En política no hay milagros
Por Miguel Angel Sandoval - Guatemala, 4 de julio de 2007
mszurdo@hotmail.com

Uno de los mayores logros de la revolución francesa fue la separación de la iglesia y el estado, y sobre todo, la apuesta por un estado laico. Es lo que se produce a nivel continental con las reformas liberales. Y guste o no, ello constituye la diferencia fundamental entre la democracia occidental y las formas de teocracia que existen en los países musulmanes, donde todavía existe la mezcla entre religión y política y sobre todo, a nivel de estado. El caso más notable es en el gobierno de varios países árabes donde hay, en efecto, la mezcla de religión y política de forma más que evidente.

En nuestro país existe la tendencia a mezclar la política con la religión desde hace muchos años y la mejor muestra es que la constitución política de la republica inicia con una invocación religiosa que a mi juicio se encuentra fuera de lugar, en primer lugar porque no corresponde, y si correspondiera, lo mínimo que habría que hacer, sería una mención al pluralismo religioso que vivimos en nuestro país.

Es acaso la copia de la manera en que los gringos evocan la religión en todo, desde la moneda hasta en sus actos políticos, sin faltar los rezos de los pilotos cuando van a bombardear Irak o Afganistán, como antes en Viet-Nam, si evocamos la canción de los Guaraguao. Aunque en Guatemala antes del desalojo de campesinos de una finca, las fuerzas represivas se encomiendan a Dios o los asaltantes que salen a delinquir igualmente se encomiendan a sus respectivos iconos.

En nuestro caso hay una pugna histórica donde el Estado, dominado desde siempre por cachurecos que no religiosos, dobló las manos con la educación religiosa, sin tener la capacidad de separar dos ámbitos de suyo diferentes, la religión y la educación. Pero en todo caso eso es un mal menor con el cual hay que coexistir. Lo grave es de otra naturaleza y mucho mas reciente.

Ocurre que ahora se esta haciendo un escandalote por la demanda de inscripción del partido de una corriente cristiano-evangélica, que sobre la base de interpretar a su antojo la legislación nacional pretenden que sean inscritos sin llenar los requisitos de ley, que salvo en constadas excepciones no se cubren, pero eso es parte de otro debate. En este caso afirmo que en política no hay milagros. Lo que existe son normas terrenales que se deben respetar y punto.

Creo que en una democracia que se valore a si misma, cualquier ciudadano puede participar, mejor aun, debe participar como una manera de fortalecer el proceso democrático. Sin embargo cuando se mezcla la religión y la política el resultado no puede ser agradable porque lo confesional y lo político tienen parámetros diferentes.

A modo de ejemplo se puede decir que un confesionario no puede ser convertido en tribuna política, ni el diezmo, que por razones de fe se otorga a un pastor, puede ser transformado en membresía política. Ni el pecado ni el diezmo se pueden convertir en acto político. Si ello ocurre algo anda mal, o es la religión o es la política, pero no se puede tener una coexistencia sana entre ambos universos.

Escribo estas líneas como candidato y como ciudadano, convencido que lo peor que puede pasar es la confusión entre dos categorías filosóficas o sistemas de valores que en ningún caso se pueden homologar. Esto no significa, sin embargo, que se niegue el derecho a cualquier persona religiosa a la práctica de lo político en lo individual y no como institución, y a la inversa, no se niega el derecho de un político a mantener un credo confesional o religioso.

Lo ocurrido con la teología de la liberación y la reacción de la iglesia vaticana es una muestra que confirma lo que señalo, aunque como dicen los religiosos, no se puede perder de vista la dimensión social de la fe, pero en el caso que comento, se trata de un proyecto partidista que pretende violentar el ordenamiento legal, por lo cual, creo que no se vale invocar instancias divinas pues de lo que se trata es de intereses políticos o económicos, y para nada, intereses que tengan su origen en la fe.

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