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Letra con Filo
Linchen al cine nacional
Por Miguel Ángel Sandoval - Guatemala, 8 de febrero de 2010
mszurdo@hotmail.com

Valdría la pena subrayar que los esfuerzos de cineastas nacionales han dado ya premios internacionales a filmes sin recursos, sin apoyos, como la película Gasolina o, hace un par de meses, Puro Mula.

En medio del sopor de un verano anticipado, con cambio climático incluido, una sorprendente campaña de la cámara de medios de comunicación, de locutores y de publicistas tronó en contra de una propuesta de iniciativa de ley a favor de la eventual industria cinematográfica en el país, a la que en verdad le hace falta una ley o un decreto o algo, pero que incentive el cine nacional.

Todavía no salgo de mi asombro al escuchar la perorata de las instituciones mencionadas, pues sin ni un solo argumento concluyen que es una violación a la constitución del país el proyecto de iniciativa de ley. No hay que hilar muy fino al leer este comunicado de los anunciantes, cámaras de medios y locutores en contra del proyecto en cuestión.

Pero además se constituyen en “paladines de la libertad de expresión” cuando condenan las intenciones totalitarias del movimiento de cineastas nacionales. En este punto puedo afirmar que, luego de escuchar los propósitos en un promocional altisonante y aburrido, me di a la tarea de leer el contenido del proyecto de ley, y en ninguno de sus artículos o considerandos pude ver algo que se pareciera a la censura, al control o al totalitarismo.

Habla el proyecto de construir los mecanismos para promocionar el cine nacional, crear un instituto y otorgar algún financiamiento para que finalmente los cineastas, los actores, las actrices puedan trabajar de manera decorosa en esa industria del cine. Ojo, subrayo que se trata de dar paso a la creación de una industria de cine, que entre otras cosas pueda atraer la inversión extranjera, generar empleo y, adicionalmente, dar una mejor imagen de nuestro país a escala internacional.

Hablan además de salvaguardar el patrimonio cultural de la nación y la memoria colectiva, como en su momento lo hizo el filme El Sombrerón y, de manera más reciente, El silencio de Neto. O de manera actual, La casa de enfrente. O el filme Donde acaban los caminos, basado en la obra de Mario Monteforte Toledo. Valdría la pena subrayar que los esfuerzos de cineastas nacionales han dado ya premios internacionales a filmes sin recursos, sin apoyos, como la película Gasolina o, hace un par de meses, Puro mula.

Un grupo de gentes que deberían ser líderes en el oficio de orientar dar ideas, mejorar el desempeño de la información en el país despotrican como verdaderos ignorantes contra el sueño de hacer cine en Guatemala y de paso se revelan como ignorantes enciclopédicos en temas de la constitución y el ordenamiento legal del país.

Cabría un comentario último sobre el asunto de la ignorancia de estas instituciones: seguro que no pasan por el cine nunca, salvo cuando hay filmes de guerra made in USA.

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