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Abril y la revolución moral
Por Miguel Ángel Sandoval - Guatemala, 11 de abril de 2016
mszurdo@hotmail.com

A finales de junio de 2015, luego de la renuncia de Baldetti y antes de la de Otto Pérez, publique un texto que denomine "la revolución moral del siglo xxi". Ello porque el cambio ocasionado por las movilizaciones alcanzó el nivel de una revolución, en las mentalidades y actitudes de la población de Guatemala, y se produjo en unos cuantos meses. Esto no significa que todas las reformas ya se hayan hecho o que se haya cumplido una transformación absoluta en el combate a la corrupción ni que ésta haya desaparecido.

Se produjo un hecho que se debe aquilatar en todo su valor: si antes la corrupción era socialmente aceptada, después del 25 de abril es socialmente rechazada. Tal el alcance ocasionado en la mentalidad de la sociedad guatemalteca. Se puede discutir sobre este alcance y su profundidad, pero no sobre su realidad que se puede observar en la actualidad. Ello luego de semanas de movilizaciones sociales de gran envergadura, inéditas en el país, contando como aliadas a las redes sociales que en esta ocasión jugar un rol de primer orden.

Es por este cambio en la mentalidad y en las actitudes de importantes sectores sociales del país, que ahora un tema como el del dipukid es absolutamente rechazado y en cuestión de horas las redes sociales trepidan sobre el caso y se impide que haga un viaje violando una citación del máximo órgano colegiado del poder legislativo. Y por ello mismo, la reacción indignada ante el abuso sufrido por la gobernadora de Alta Verapaz.

Claro que la corrupción no ha sido desterrada de la vida nacional, pero es un hecho que si antes no llenarse de plata en el paso por el gobierno daba lugar a ser declarado como pendejo, hoy no es el caso. Ahora se busca con lupa los actos de corrupción y se denuncian con fuerza. Es el caso de las plazas en el congreso y la reacción indignada de la población, que sin duda, espera que este aspecto sea replicado en otras instancias de la administración pública. Es por estas razones, entre otras, que el 25 de abril no puede ser un recordatorio sino un llamado a la reflexión y sobre todo, a la movilización para ir en contra de la corrupción en donde se encuentre.

Es claro también, que la corrupción no es el único de nuestros problemas, pero es igualmente claro que hoy día no existe política pública que pueda impulsarse sin combatir la corrupción como un requisito primario. No se trata de una revolución social con sus medidas económicas, sociales o políticas integradas en un mismo proceso. Es algo mucho más acotado y se inscribe en el ámbito de la ética. Por ello denomine al texto publicado hacia finales de junio de 2015, como la revolución moral del siglo xxi, pues no se trató solo de una verbena popular sabatina ni algo manipulado desde "drones imperialistas."

Sin duda se trata de un tema de singular importancia en nuestro país. La lucha en contra de la corrupción debería ser un aglutinante de las nuevas jornadas de movilizaciones que sin duda se deben producir. Más o menos importantes, más o menos masivas, pero sin duda con la lucha contra la corrupción y su aliada más importante, como es la impunidad. Se señala esto pues la corrupción aún si es ahora socialmente rechazada, no ha sido socialmente derrotada. Y ese es el debate que plantea la idea de la Revolución Moral del siglo XXI.

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