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Encendidos en patrio ardimiento por Belice
Por Miguel Ángel Sandoval - Guatemala, 13 de mayo de 2016
mszurdo@hotmail.com

La zona de adyacencia vive en condición miserable sin presencia del Estado o sus políticas.

Si no fuera un tema serio valdría la pena hacer un par de chistes. Pero ocurre que alrededor del "incidente fronterizo" y las posturas oficiales y oficiosas, la comunidad internacional se ríe de buena gana de nuestra política exterior de aldea. Un incidente con un niño muerto, es algo grave. Pero no hay nada que justifique las declaraciones de Cancillería, menos la forma en que diputados se rasgan las vestiduras por un tema que demanda ante todo, diálogo serio y maduro, negociación constructiva, acuerdos políticos.

Y hay otro punto que es bueno señalar. La zona de adyacencia del lado guatemalteco vive en condiciones miserables, sin presencia real del Estado ni de sus políticas. En abandono total. Y es por ello que los lugareños se animan a entrar en la parte beliceña, que es bueno decir, conoce desde hace años pretensiones expansionistas de los gobiernos guatemaltecos, especialmente cuando han sido gobiernos de generales. El nacionalismo paga, pero sobre todo, sirve de distractor en política. Es vergonzoso.

Parecería una ocasión para señalar algo que debería ser asimilado por Cancillería: desde hace años se reconoce la soberanía de Belice por parte de la comunidad internacional, y por gobiernos guatemaltecos. La sociedad beliceña si algo no quiere es vivir como sus pares guatemaltecos en el abandono como es el caso de sus vecinos peteneros. Es algo de elemental justicia reconocer. Por ello es demagógico gritar por la soberanía nacional.

De una buena vez se debe decir. La solución de la crisis solo puede ser diplomática, y de larga duración, acaso definitiva. No podemos vivir con arranques de patrio ardimiento en donde solo falta el llamado a las armas, cuando a un gobierno cualquiera se le ocurre amenazar con tropas la seguridad del otro. Como ahora que en una maniobra sospechosamente rápida hubo despliegue de tropa para enfrentar "la agresión beliceña". Por supuesto que hay que exigir justicia como hay que pedirla en Guatemala cuando militares matan no a uno sino a media docena como en la cumbre de Alaska.

En pocas palabras, el tema de Belice no puede ser utilizado como distractor en política, demanda soluciones diplomáticas, y no merece el escándalo que políticos marrulleros armaron hace unos días. Las relaciones entre países vecinos, a pesar de las diferencias que existan, se pueden y deben tratar de forma pacífica, civilizada, moderna. Lo contrario son guerras estúpidas, trasladando tropas desnutridas en cayucos.

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