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Los cambios son un proceso concreto
Por Miguel Ángel Sandoval - Guatemala, 17 de mayo de 2016
mszurdo@hotmail.com

Las movilizaciones del año 2015 no pasaron de noche y con todas las evidencias disponibles, no fueron parte de una gran maniobra ajena a las tribulaciones de la sociedad guatemalteca. Me parece que la idea de la conspiración del empresariado o de la embajada gringa, debe irse dejando de lado para referirse a los temas reales que se producen en la sociedad guatemalteca desde entonces, sin que haya día que no nos sorprenda por el nuevo hecho.

En otros términos, sin la movilización del año 2015, sería impensable la ola de procesos judiciales que en conjunto nos hablan de un enorme proceso de depuración enderezado a actores conocidos y poco conocidos de prácticas añejas de corrupción. Sean funcionarios públicos del más alto nivel o empresarios de las empresas mas distinguidas del país. El ámbito de la justicia no queda al margen de ese enorme proceso de depuración. No ver esto es miopía absoluta, así sea adornado con citas de textos de moda o ya no tanto. ¿O se trata de una nueva expresión de esa maniobra oculta?

Un tema que ya es motivo de preocupación en sectores que no ocultan su desasosiego: es el rol que el congreso puede jugar en esta coyuntura. No escapa a esta reflexión, el dato que de los 158 diputados, un buen grupo es impresentable, y tiene en su haber el desprestigio del sistema a cuestas. Pero por otro lado, en el congreso se ha hecho una lectura que no puede ser pasada por alto. Se tiene la idea que a pesar de todos los señalamientos se puede rectificar o hacer como que se rectifica, con la idea que es un tiempo inevitable de reformas que deben ver la luz. Es el caso de las nuevas reformas al MP, la ley orgánica del propio Congreso, la anunciada ley la que ataca los monopolios, y por supuesto, la ley de partidos platicos.

Por supuesto que la ola de reformas debería contar con diputados que no tengan el pecado original. ¿Pero es esto posible? Es el gran dilema en la actualidad. Se habla sin cuidado de la necesidad de depurar el Congreso, y en ello hay mucho de construcción mediática y mucho de hechos demostrables de corrupción. Ni duda cabe. Es por ello que asaltan dudas cuando se observa que desde el legislativo hay una corriente que busca contribuir a la depuración del organismo judicial y que de una forma u otra, está construyendo las condiciones para el nacimiento de una nueva oleada de políticos en los próximos procesos electorales.

Pues hoy por hoy, las reformas electorales apuntan hacia la posibilidad de contar con nuevos dirigentes políticos que no hagan de las finanzas el abc de la "repartición" de candidaturas a los puestos de elección popular. Asimismo, se busca con estas reformas, que los partidos no dependan de la pauta con los medios de comunicación, convertidos en monopolio, para poder transmitir sus opiniones a la ciudadanía. En la actualidad estos dos temas son verdaderos muros a la democracia electoral. Son los hechos.

La consigna que se repite hasta la nausea acerca de que todos los diputados son corruptos y que la política es por definición corrupta, solo esconde, es necesario decirlo de una buena vez, la idea que no hace falta hacer política ni tener diputados porque el mercado resuelve todos los problemas. Y ello va siempre acompañado de otra práctica: los sectores de poder controlan al presidente y sus ministros que son cambiables como fusibles. Mientras que en el caso del OJ, se trata de distribuirse a gusto y modo de los sectores de poder el número de magistrados y jueces necesarios para mantener el estado de cosas existente desde siempre, y que algunos quisieran para siempre.

Por supuesto que ello supone una mejor elección de los diputados que no repita lo de las elecciones de 2015, ni que permita que los partidos hagan lo que les da la gana en ausencia de presión ciudadana. A continuación, una más amplia auditoria social y en primer lugar, una participación ciudadana en el día a día y de manera especial, en la construcción de los partidos políticos, verdaderos instrumentos de la vida en democracia. Lo contrario es repetir las falacias de los sectores tradicionales.

En este contexto, es necesario entender que la política y la acción de los políticos no puede ser prisionera de los humores de los medios de comunicación, ni los medios pueden ser prisioneros de capitales que no siempre son transparentes. Se trata de una construcción de democracia que tenga en cuenta todos estos factores, pues de lo contrario, lo fácil del discurso se resume en consignas del tipo todos los diputados son corruptos, el poder corrompe, la política es corrupta, y así hasta el reino indiscutible del mercado.

En el caso nuestro, hoy vivimos un proceso que sin lugar a dudas nos habla de cambios, no todos los que quisiéramos pero lejos del inmovilismo de los últimos años. Agregaría, se trata de cambios de naturaleza a fortalecer el régimen democrático, en donde haya (es la aspiración) diputados honorables, jueces y magistrados incorruptibles, partidos políticos sin dueño y no empresas electorales, funcionarios que no den pena ajena. En suma se trata de un proceso que está dando pasos, vacilantes, pero con seguridad en la dirección correcta.

Es obvio que no se trata, como he dicho en alguna ocasión, de la toma del palacio de invierno, ni de la revolución del siglo XXI. El algo que en las condiciones actuales de desarrollo del proceso de cambios, no permite valorar ni juzgar, pero que en su desarrollo, con seguridad da posibilidades de ser planteada.

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