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Indígenas, justicia y derechos
Por Miguel Ángel Sandoval - Guatemala, 27 de mayo de 2016
mszurdo@hotmail.com

"el derecho indígena se confunde con temores viejos, que tienen un claro origen racista".

El debate sobre las reformas constitucionales al sector justicia, promete ser animado y por las muestras que hay, con poca información y más con los miedos atávicos de parte de los sectores de siempre de la sociedad guatemalteca. Digo esto porque en el proyecto de reformas al sector justicia hay un tema que causa frío cuando se menciona: el reconocimiento del derecho indígena. Solo ver la reacción desencajada del sector de empresarios del comercio para entender el nivel que el debate puede tener si antes no se introducen elementos de cordura en el mismo.

Se sabe, se dice y repite que Guatemala es un país multicultural, multiétnico y plurilingüe. Como si esa declaración resolviera todos los temas que encierra. El punto es que la repetición no resuelve de hecho casi nada. A modo de ejemplo, el hecho de ser plurilingüe no nos ha llevado a la educación bilingüe e intercultural en el sistema educativo nacional. Medio se hace o como se dice, se hace como que se hace, nada más. Pero se conoce de gente indígena que es juzgada por delitos menores, en otro idioma, el español, que no es el propio.

Y hay un tema que parece no se ha entendido: un grupo étnico, con cultura y territorialidad, cosmovisión, idioma, tiene una visión particular de cómo se ejerce la justicia en su territorio, con sus ciudadanos. Es el derecho elemental a tener su propio derecho. No es nada extraordinario pero en el caso de Guatemala esto se confunde siempre con temores viejos, que tienen un claro origen racista. En otros países esto se conoce como pluralismo jurídico y se practica sin temores, como en Bolivia, Colombia, México, Canadá, ecuador o Perú.

En este tema el temor que se manipula en Guatemala, es que al reconocer la existencia del pluralismo jurídico, el país se puede dividir a partir de la existencia de pueblos indígenas con jurisdicción. Hay que dejar de lado esta visión superficial y cargada de ignorancia. Esta idea es falsa de cabo a rabo. Salvo que se piense que ahora las relaciones laborales en las fincas van a ser vistas y analizadas por un sistema jurídico que no tiene jueces venales y abogados tramposos, sino un sistema de valores que piensa como punto de partida en la gente y sus derechos.

Un punto de importancia capital es que Guatemala es parte signataria de instrumentos de legislación internacional que reconocen el pluralismo jurídico y lo aceptan como algo normal, alejado de las visiones racistas que han dominado la materia. En especial, el Convenio 169 y la Declaración de Naciones Unidas sobre los pueblos indígenas en sus artículos 5 y 34. Es momento de honrar estos compromisos y no vivir como paria internacional.

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