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Reinventar-Refundar-Aggiornar todos los partidos
Por Miguel Ángel Sandoval - Guatemala, 20 de junio de 2016
mszurdo@hotmail.com

El Tsunami desencadenado desde hace varios meses tiene un actor de primer orden en silencio absoluto, perplejo, anonadado. Discutir ese tema es el motivo de estas líneas.

-I-

La crisis del sistema de partidos políticos es una verdad del tamaño de la catedral. Ni uno solo de los partidos del sistema atina a decir nada, ninguno se pronuncia por nada, nadie se atreve a señalar un rumbo, porque en su gran mayoría tienen la cola machucada y de alguna manera, la crisis actual solo revela su incompetencia real, su mediocridad política. Estamos, ante la urgencia de reinventar-refundar-aggiornar todos los partidos, por supuesto solo los que tengan algo que decir y que no crean que los cambios que hacen falta, sean de naturaleza gatopardiana. O que pretendan sentarse a esperar los tiempos pasados.

Hace falta partidos que sean instituciones de derecho público, con democracia interna, que intermedien ente la sociedad y el estado, que fomenten la ciudadanía, que velen por el respeto del estado de derecho, que tengan códigos éticos, programa político, ideario. Y esto no existe en nuestro país en la actualidad, casi en ninguno de los partidos, sean del signo ideológico o político que sean. Si queremos una democracia fuerte, una economía con sentido social y una sociedad cohesionada, con instituciones que sirvan de algo, el remedio es claro: hace falta construir partidos políticos distintos a los actuales. Punto.

Con ánimo de proponer un debate que tenga sentido, no el de intentar demostrar si hubo mano de mono en el tsunami que no cesa, me parece que hay que advertir que con los actuales partidos políticos y sin las reformas de segunda generación como se les denomina, no hay proceso electoral que sirva de algo. El proceso anterior fue en este sentido muy ilustrador. En lo personal pude aquilatar la urgencia de cambiar el sistema de partidos, a partir de la coalición con la que participe como candidato presidencial.

En verdad hacen falta partidos nuevos. Las tradiciones o la historia acumulada, son solo eso. No sirven para dotar de perspectiva a una sociedad que se encuentra, por decirlo de manera figurada, desesperada, por identificar alternativas políticas, que repito, ni uno solo de los partidos representa.

A lo más que llegan es a decir, casi sin mover los labios: apoyo al MP y la Cicig, en la lucha contra la corrupción, mientras en el fondo añoran los viejos tiempos, las viejas prácticas, los arreglos bajo la mesa. Es por ello que no proponen nada, ni en sentido táctico ni estratégico. Mantienen un silencio que nos haga pensar que son inteligentes, pues al guardarse las opiniones la gente piensa que están elaborando políticas, etc. Pero la realidad es otra: están callados porque están asustados, anonadados.

Propuestas de cambios importantes no existen, iniciativas para encabezar las demandas ciudadanas, menos. Son partidos por gusto. Existen porque tienen unos cuantos diputados que fueron electos por la vía de la inversión en campañas y acarreo, dadivas y corruptelas. El voto legítimo puede existir en algunos pocos casos, el resto es lo que explica el escaso nivel político, cultural, técnico o profesional de la mayoría de pobladores del congreso.

-II-

Es indispensable la reconfiguración de los partidos políticos. No es posible pensar que luego de los acontecimientos desencadenados en abril de 2015 y con la exposición de las vergüenzas del sistema de partidos, alguien en su sano juicio considere que todo puede continuar como siempre. Con asambleas de cartón o casi, con listas de afiliados virtuales o casi, con filiales de mentiritas o casi, y con líderes que en la gran mayoría, son caciques locales con pisto, o líderes nacionales igualmente con pisto.

Liderazgos reales en verdad no existen. Se puede ver a golpe de ojo en los pasillos del congreso. Diputados van y vienen y en verdad solo el ojo de halcón de los cronistas parlamentarios permite saber de quién se trata. En su mayoría son perfectos desconocidos, diputados de fortuna pero jamás líderes políticos o sociales, salvo alguna excepción que como siempre confirma la regla.

Nótese que estoy hablando de liderazgos que si existieran se justificaría, al menos en parte, su presencia en el hemiciclo. Pero si vamos a aspectos de orden profesional, cultural t o técnico, el panorama es desolador. Una mayoría de políticos saltimbanquis, que ven su transfuguismo como algo normal y que siempre fue así, Juristas que confunden el litigio malicioso con el debate político, una mayoría silenciosa que no opina de nada pues no sabe de nada, salvo de sus negocios o transas, y para rematar, Indígenas que no saben de sus derechos, mujeres que no se identifican con los propios; en pocas palabras, la mediocridad.

Es por ello que si se quiere abordar cambios significativos en el orden democrático existente, pues parecería lógico abordar la construcción de nuevos partidos políticos, o en su defecto, la refundación-reinvención-reingeniería-aggiornamento, del conjunto de partidos que existen en la actualidad. Otro proceso electoral como el pasado no creo que lo aguante el país, urgido como esta de cambios y de nuevas maneras de vivir.

-III-

En el cuadro descrito no parecería adecuado que la sociedad y sus expresiones más despiertas siguieran a la espera de lo que con la mejor intención presenta el MP y la Cicig. Menos que esperar del sistema de partidos soluciones que por esa vía no van a llegar. Salvo algunas reformas que desde el legislativo se pueden impulsar, por la presencia de un pequeño grupo de diputados que llevan la iniciativa, pero que corresponden a la agenda que la plaza dictó en un momento. Más allá, pues pueden esperar sentados.

Parecería que los sectores más esclarecidos del movimiento social están en el tiempo adecuado para intentar asaltar la política como hace algunos meses asaltaron la plaza. Es una disyuntiva en todo el sentido del término. Si se deja el sistema de partidos sin recambios o sin refresco, pues seguirán las mismas practicas aún con nuevas leyes. Para poner un ejemplo, no hay ley que insufle un comportamiento ético a los políticos carentes de ella.

Es por ello que la nueva ley de partidos políticos y los cambios que se proponen, si llegan a tiempo, no garantizan un proceso electoral don nuevas prácticas, menos limpia de los personajes impresentables de la política actual. Se trata de un tema toral. De mi parte apuesto por nuevos partidos, nuevas dirigencias, nuevas prácticas. En donde los programas sean determinantes, las ideologías un marco de referencia cierto, y el comportamiento político del día a día, no sea una especie de discurso cantinflesco que finalmente no dice nada a nadie.

La sociedad debe entender cuáles son las diferencias entre los partidos, que no radica en el color de corbatas a cual más cursis, pero lejanas del discurso político que debería de caracterizar a las diferencias o coincidencias entre la sopa de siglas en la política nacional, que en su variedad no expresan diversidad ideológica o política, pues en efecto esas dos categorías no existen ni se pueden establecer.

Es un planteamiento meditado pues nos tenemos que rendir a la evidencia que las instituciones de justicia (aún con sus reformas) y todo el apoyo internacional que gozan, no pueden sacar adelante la tarea de dar perspectiva a la sociedad guatemalteca. Pueden cumplir la gran tarea de depurar el ambiente, de dar un combate frontal a la corrupción que nos mantenido atenazados, pero no de señalar el rumbo que nos permita salir de la desigualdad, de la marginación, de los abusos permanentes de los grupos tradicionales.

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