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La geopolítica sí cuenta[1]
Por Miguel Ángel Sandoval - Guatemala, 7 de septiembre de 2016
mszurdo@hotmail.com

Uno de los temas que más se ha discutido en sectores sociales y por expertos en el análisis político y de escenarios, es la presencia y rol de la comunidad internacional, que tiene en la CICIG su buque insignia, pero que junto en él tiene en el gobierno de los EEUU por medio de su embajada acreditada en Guatemala operadores de primera. Es una discusión que se ha instalado en el imaginario de la gente y de los medios de comunicación, utilizando el chauvinismo más primario con la correspondiente cuota de xenofobia. Además en algunos “formadores” de opinión se observa comentarios con mucha agresividad y tintes vulgares.

La discusión arranca desde que se instala en el imaginario la idea que las movilizaciones son producto, al menos en parte de la influencia de la embajada, y que la renuncia forzada de Otto Pérez y su vicepresidente, obedece, siempre en última instancia a las presiones que supo ejercer la misma embajada luego de observar las concentraciones masivas que ellos mismos habrían contribuido a promover. En pocas palabras se trataría en estos análisis de una visión que no tiene ningún tipo de simpatía por las expresiones sociales que no sean “dirigidas” o manipulables. Y en otra perspectiva, se trata de considerar a los sectores sociales como menores de edad que no sabrían, en ninguna circunstancia, poder hacer algo en función de sus propios intereses o necesidades.

Es una lectura a medias pues las movilizaciones sociales de 2015 no respondieron a las maniobras de la embajada o de otros actores externos o los tradicionales poderes corporativos del país. Distinto es que en un momento de desarrollo de las movilizaciones y ante lo categórico de las demandas, desde la embajada y desde otras misiones acreditadas en nuestro país se haya hecho hasta lo imposible por advertir de los riesgos de una salida represiva o de una actitud de ceguera ante la dimensión de las movilizaciones. Parecería que es el viejo tema de la coincidencia de intereses entre unos y otros actores.

Si hoy día es interés de amplios sectores sociales la lucha contra la corrupción y la democratización de las instituciones y ello es de manera simultánea interés de los EEUU por razones de seguridad interna, pues parecería que existe un interés en común y ello merece la pena ser tomado en consideración al momento de intentar los análisis de la situación que vivimos desde entonces. Es un tema central pues me parece que llevar el análisis hasta afirmar que la lucha contra la corrupción se produce porque así lo determinan los EEUU; con sinceridad y franqueza, me parece una estupidez.

Sin duda es un cuadro preocupante, especialmente para quienes han hecho de la soberanía en sus distintos componentes, una especie de principio inamovible o si se prefiere, una de las últimas trincheras de los principios con los cuales no se puede ni se debe transigir. Aunque es bueno que se diga que en los tiempos de la globalización, salvo las condiciones insulares de un país como Cuba luego de una revolución y con la existencia de un significativo campo socialista, en su primera fase por supuesto, han permitido el manejo de esta categoría en su más amplia y reconocida expresión. En este terreno una de las principales limitaciones para la reflexión, es que la soberanía se convirtió durante años, en una especie de consigna vacía de contenido. Defender la soberanía si pero entendiendo sus alcances, sus realidades, sus limitaciones, el mundo global, y sin hacer de la misma una trinchera como se señala.

Mientras que en países como Guatemala el tema de la soberanía no ha pasado de ser una hoja de parra para cubrir la entrega de los recursos naturales o para preservar la impunidad como fue el caso del debate de 2014 y 2015 sobre la presencia de la Cicig o la culminación de su mandato a petición de los ¡soberanistas! Pero la soberanía entendida en su versión clásica, es algo limitado en los tiempos de la globalización y de los gobiernos multinacionales como en el caso de la unión europea. De esa cuenta la soberanía vinculada a la experiencia de la revolución de octubre del 44 difícilmente podría ser reeditada en la actualidad dados los cambios que se han operado en las realidades económicas políticas globales. Ya no vivimos en aldeas separadas, aisladas, casi suficientes en sí mismas, hoy vivimos en la famosa aldea global que nos tiene intercomunicados y se piense como se piense, interdependiente que esos nuevos hechos y realidades sean de nuestro agrado o no.

En este aspecto el “debate” o la “denuncia” sobre la cooperación internacional dirigida hacia organizaciones sociales ha sido una especie de cartilla sobre lo aceptable o inaceptable en el comportamiento de los donantes. Se acepta que programas de sectores empresariales cuenten con apoyo, o que diversas áreas de gobierno tengan recursos extraños, pero lo que es impensable es la inversión para generar procesos de ciudadanía en donde las organizaciones sociales son recipiendarias del apoyo. De manera particular, las expresiones de repudio o rechazo y de asombro o estado de shock, es cuando se sabe que organizaciones indígenas han recibido donaciones internacionales y se utilizan en actividades poco ortodoxas al estilo de las ceremonias propias de la cultura milenaria, o las jornadas en defensa de su hábitat geográfico y cultural en defensa de sus recursos naturales. ¡Cómo! Es la expresión que más se escucha, cómo osan darle dinero a los revoltosos, a los indios, a los tales por cuales, si la gente de bien se encuentra en otros lados y luego una serie de diatribas que no se incluyen por falta de espacio.

Es entonces que aparece el discurso propio de la guerra fría en donde lo importante era contar con el enemigo interno para hacer lo que fuera, siempre y cuando haciendo responsable de todo al enemigo interno, esa cosa laxa que era el comunismo y otras ideas exóticas[2], en todas sus expresiones y formas. Que luego se mezcla con el terrorismo de todo tipo o el ambientalismo e incluso se ha llegado en Guatemala por la boca de algunos “analistas” a construir el modelo a derrotar, “el eco terrorismo”, con lo que ello signifique, siempre que sea útil para la construcción del enemigo interno y de los discursos inflamados en contra de la diferencia y en contra de los derechos de ciudadanía para las mayorías.

Se señala esta vertiente pues de forma insensible se produjo un cambio profundo en las relaciones internacionales, al grado que ahora es moneda corriente la cooperación sin importar el origen de la misma y el destino de los fondos. Aunque como vemos, en nuestro país es todavía un tema que vive de las ideas pasadas, que sin duda son herencia innegable de los momentos más duros de la guerra fría.

Pero lo más importante, es que el enemigo interno al viejo estilo desapareció. Solo en países como el nuestro se pretende mantenerlo vivo, aun sea con respiración artificial para volverlo el gran causante de todos los males, como siempre había sido. Y al contar con enemigo interno se compra un seguro ante los cambios que hoy son casi obligados por las nuevas relaciones internacionales y por los nuevos fenómenos que se presentan en las realidades de cada país y las diferentes regiones. A modo de ejemplo, es por acuerdos y Convenios internacionales que hay presiones sobre el sector empresarial para mejorar los salarios y las prestaciones laborales; y es también por los Convenios internacionales que hay algún tipo de compromiso con los derechos de los pueblos indígenas, que es un tema que sigue pendiente.

Es ese discurso de viejo cuño que se utiliza para cuestionar en su momento a la Cicig, o que se grita de manera descompuesta ante la colaboración o cooperación internacional a sectores sociales. Se aplaude, aun si con dudas la labor del Papa Francisco, pero se hace un silencio extraño cuando se trata de ver en fotos que recorren el mundo, el apretón de manos del papa Francisco, con un líder campesino como Daniel Pascual. Se trata de cambiar esa visión y los hechos son los mejores agentes del cambio.

Es algo comúnmente aceptado que las migraciones y el narcotráfico con origen en nuestro país, se llegaron a convertir en un tema de seguridad nacional para los estados unidos y que ello gradualmente pasó a determinar sus relaciones con los países más al sur del río Bravo. Las luces de alarma de dispararon cuando en 2014 hubo una ola migratoria de menores de edad, incluso niños no acompañados, hacia los EEUU buscando salir de la miseria de sus países. Sin duda esto fue una especie de estallido que se escuchó en todo el mundo, pero sobre todo en algunos tomadores de decisiones en el país del norte.

Ya no se trataba de fenómenos migratorios producto de las guerras que asolaron la región centroamericana, en la década de los ochenta y noventa, lo que se podría calificar como la primera ola de migración hacia el norte pero que finalmente estaba determinada por un hecho de naturaleza política y social sin control. Ahora se trataba de migraciones producto del inaudito sistema económico-social que se había entronizado en esos países, particularmente en Guatemala. Lo nuevo de la situación es que para el caso guatemalteco, los aliados de toda la vida de los EEUU aparecían como los responsables de tal nivel de exclusión social y de miseria que daba como resultado que miles buscaran huir del país para no morirse de inanición. Ello aunque los riesgos, ampliamente documentados que se corrían en la aventura de migrar hacia el norte eran muchos y bien conocidos.

De manera simultánea al flujo migratorio de jóvenes y niños hacia el norte, hubo un giro en la percepción de las relaciones entre la potencia y los países menores, Guatemala entre estos. El cambio principal se puede resumir de la manera siguiente: las migraciones masivas y el narcotráfico en crecimiento[3], se habían convertido en un problema de seguridad nacional para los vecinos del norte. Ya no se trataba entonces de mantener la idea de que todo se limitaba a declaraciones de buena vecindad sino que desde la óptica norteamericana, era indispensable pasar a otras formas de relación, con medidas concretas a tomar, más cercanas, directas, y aunque sea profundamente irritante, intervencionistas.

Es el caso del “Plan para la Prosperidad” ideado para tratar de frenar en algo las migraciones y para intentar generar la idea de que era posible crear fuentes de empleo o un clima de desarrollo para alivio de los habitantes de los tres países del denominado Triángulo Norte, esto es, Guatemala, El Salvador y Honduras. Una especie de sueño que con su implementación se estaría reactivando una economía con serias limitaciones y la mayoría de estas, ubicadas en la pereza de los clásicos aliados del país del norte. Es la idea que un poco de inversión se puede contrarrestar la ola migratoria, pero para ello es necesario contar con otros aliados, con otro escenario.

Sin duda se trata de un plan mínimo, que incluso podría ser calificado de irrelevante si el mismo no contribuye a modificar en algo la infamia del modelo económico y político existente en el país desde la intervención norteamericana del año 54. Tal el caso de la magra tributación que existe en Guatemala, que sin duda de ninguna naturaleza es el país que menos tributa a nivel continental, con lo cual la idea que planea en muchos estudiosos, es que la finca heredada de la colonia sigue presente en la ideología dominante que no concibe instituciones modernas pues finalmente en la finca esto no se hizo nunca algo necesario. Adicionalmente, ayuda para el desarrollo en el caso de una región como la del triángulo norte, solo puede ser imaginada como una especie de plan Marshall puesto en práctica en Europa al fin de la segunda guerra mundial, que es bueno que se diga, el Plan para la Prosperidad no tiene ni de lejos, los alcances del plan impulsado en Europa al fin de la segunda guerra mundial. Se señala esto pues los planes pequeños o puntuales de apoyo para alguna actividad, no han generado a la fecha nada parecido a un momento de crecimiento económico, menos de desarrollo en su versión más integral.

Pero el punto en donde se pueden establecer coincidencias se revela con toda su dimensión cuando aparece en todo su esplendor la corrupción del gobierno de Otto Pérez. La razón es simple: era ese gobierno que debía administrar los fondos del plan para la prosperidad, o en todo caso proponer los proyectos, las políticas o las medidas a impulsar. Era además el régimen que debía crear las condiciones para impedir más flujos migratorios hacia el norte y como colofón, se trataba del gobierno que debía impedir el florecimiento del narcotráfico que había alcanzado ya, niveles que rebasaban la paciencia de los viejos amigos. Pero con los altos niveles de corrupción detectados, era impensable dar paso a ese plan, mínimo como se señala, pues el destino de los fondos era sin duda el pozo sin fondo de la corrupción administrada por ese gobierno.

Es un tema aun no resuelto. Sigue la idea en sectores del gobierno que se puede resumir así: que los gringos financien nuestros proyectos y todos en armonía, que depositen su plata en nuestros bancos y lo jineteamos, etc. Pero resulta que desde la visión norteamericana, no se trata solo de invertir un poco de dinero en el triángulo norte, cuya situación económica y social es en gran parte su responsabilidad, sino que se trata de frenar el flujo de migrantes, limitar el negocio del narcotráfico, y si se puede o si se presenta la ocasión, propiciar algo de bienestar a las mayorías.

Por supuesto que esto implica para la nación del norte, modificar en algo sus alianzas locales, revisar su estrategia y su visión de sus relaciones con estos países, que nos guste o no, lo entendamos o no, somos parte de ese círculo de su seguridad interna. A partir de ese dato fundamental, es necesario dar paso a una nueva lectura de las relaciones que se pueden tener con los poderosos vecinos, así como redefinir el ámbito de la soberanía de nuestros propios países, lo cual es acaso el punto más irritante de la actualidad.

Pero no se trata solo de la relación entre vecinos más fuertes o más débiles, más desarrollados o menos desarrollados, se trata de fenómenos que hoy día atraviesan los diferentes países o grupos de países con relaciones nuevas, que vienen impuestas por las condiciones materiales objetivas. No es un tema de interpretaciones antojadizas, no es tampoco la idea que se sobrepone a la realidad, se trata de las realidades que determinan el comportamiento de las ideas y de manera más concreta el de las instituciones.

Me refiero a fenómenos concretos que rebasan el ámbito de los estados nacionales, o del estado nación, o como los denomine la vertiente de moda en las ciencias sociales. Pero el hecho es que hay fenómenos que afectan de manera global a unos países y a otros, de forma más o menos semejante y que solo se pueden manejar por las coaliciones o alianzas que se establezcan entre uno y otro país. Así por ejemplo, hay ahora, lo entendamos o no, lo aceptemos no, realidades políticas nuevas. Y las relaciones entre países no son lo que nos acostumbramos durante muchos años. La diplomacia, para decirlo de forma metafórica, ya no es más el uso del coctel y la recepción como la forma ideal para el trabajo de relacionar países. Ahora deben ser mesas de trabajo que hagan posible compatibilizar intereses o necesidades, que por la fuerza de los hechos rebasan de forma amplia las posibilidades que se limitan al ámbito nacional.

Es el caso de la Unión Europea en donde hay instituciones que día a día, son más determinantes en la soberanía nacional de los diferentes países a pesar de situaciones como la del Brexit[4] que de manera reciente se produce con la salida de la Gran Bretaña de esta unión europea. Aquí, la decisión de un país de dejar las reglas comunes da como resultado una crisis de naturaleza impredecible que vemos en muchos países que hasta hoy, integran la denominada Unión Europea. Aunque es indispensable anotar que la salida de Gran Bretaña se hace apelando a las normas democráticas por todos aceptadas y por todos practicadas. Es la razón por la que el Brexit a pesar de la oposición de muchos gobiernos se legitima al ser aprobada por referéndum pues en casos como este, se puede considerar que el abandono de un miembro de la UE, afecta al conjunto y por lo tanto se exigen compromisos que validen las decisiones tomadas por quienes integran este esfuerzo integrador de las energías europeas. Casi se podría decir que el éxito del Brexit constituye, más allá de lo evidente, una especie de cachetada a la idea que preside la UE. Lo insular o lo continental, la globalización o la autarquía, aunque por supuesto ninguno de estos términos puede ser aceptado de forma completa y hay como en todo, muchos matices.

En esta nueva realidad entran en primer término todos los acuerdos comerciales y económicos entre países, procesos como el de ir creando monedas únicas como el euro. Junto con ello una nueva institucionalidad que en el caso de la UE se encuentra en Bruselas, “la burocracia de Bruselas” vista en algunos casos como la causante de los problemas nacionales en varios países. Quizás sea esa misma institucionalidad con sede en Bruselas la que más cuenta en la irritación de buena parte del electorado en Gran Bretaña que finalmente conduce al referendo mencionado.

Ahora bien, junto a fenómenos que emanan inicialmente de la voluntad de los gobiernos, como el hecho de asociarse o no a la UE y aceptar las condiciones de la UE del tipo tener un determinado déficit fiscal, y otras recomendaciones financieras, en un proceso que arranca en los años 50 del siglo pasado, Aceptar normas comunes, incluso pasaportes comunitarios, o una banca única, y tener o no, homologación de títulos académicos, etc. es parte de los compromisos que se aceptan voluntariamente. . Hay fenómenos que no forman parte de la voluntad y que son producto de la época y si se quiere, producto del capitalismo salvaje o financiero a ultranza, pero en todo caso, el realmente imperante.

Recuerdo ahora un texto de Cristovam Buarque[5], sobre los fenómenos transnacionales que se habían producido y heredado del siglo pasado a pesar de todos, pero que ahora tenían en el presente siglo, ser tratados por todos o por lo menos por grupos de países. Notablemente el tema del medio ambiente que tiene en el calentamiento global un desafío que demanda acciones no a uno ni dos países, sino que al planeta entero. Es el debate sobre el calentamiento global que tiene en acuerdo de Kioto un primer momento suscrito en 1997 y que contó con unos 180 países signatarios menos EEUU acaso el mayor contaminador mundial. Luego de unos 20 años, el cambio climático desemboca en la reciente cumbre de Paris (2015) en donde los EEUU y China junto a los firmantes de Kioto, aceptan poner en marcha el plan de acción del acuerdo de París, sin duda como resultado de un agravamiento de la tendencia apocalíptica en los años transcurridos entre Kioto y Paris.

Mientras en el plano regional se asiste, por ejemplo, al tema de la contaminación de las aguas de algún río fronterizo o como en el caso guatemalteco y salvadoreño, debido a la existencia de una empresa minera en territorio guatemalteco que de acuerdo con datos más o menos documentados, contamina aguas del vecino país generando un tema binacional que irrita por partida doble. Es también la contaminación con desechos de toda naturaleza que inundan las playas en Honduras en donde desemboca el río Motagua, acarreando basura incluso desde la ciudad capital y todas las ciudades de la rivera del río. Se puede discutir sobre las responsabilidades individuales de cada quien, pero no se puede dejar de ver la realidad que nos afecta a todos por igual aunque en unos casos con más intensidad que en otros.

DE naturaleza similar es el dramático caso de la población migrante. Sean de un país a otro, como puede ser el caso de los nicaragüenses que se trasladan a costa rica en búsqueda de empleo o los guatemaltecos que históricamente emigran hacia el Soconusco mexicano a la colecta de café y otras actividades. De un continente a otro, como es el caso de población originaria del medio oriente (Siria o Irak) que busca alivio a las guerras y emigran hacia Europa, o de los miserables que de África sean en la parte árabe o en la parte negra, que buscan el sueño europeo y quizás ni eso, sino solamente sobrevivir, o incluso dentro de un mismo espacio geográfico, como es la migración del campo a las ciudades en muchos países de continente americano o africano.

El flujo migratorio en Europa, acelerado por las guerras y por los efectos del capitalismo depredador de absoluto corte neoliberal en regiones enteras de África, lleva a los países de la comunidad a tomar medidas conjuntas; es así que se plantea la idea de cuotas por país para la recepción o acogida de los miles de desamparados que viajan desde sus países por las razones apuntadas y que obligan a los europeos a medidas emergentes para una situación de la cual son en alguna instancia principales responsables. Instalado el problema no es posible fingir que no existe y eso es precisamente lo que ocurre en la actualidad con la ola de migrantes que llegan a Europa.

En nuestro caso se sabe del enorme conflicto que representan los migrantes para las autoridades migratorias de la región. En especial se recuerda el hecho que durante 2014 hubo una ola de migración formada por niños no acompañados que generó una especie de sensación de caos y de dolor difícil de medir en un texto. Es uno de los temas que se encuentra en los nuevos signos que se observan en el comportamiento de los estadounidenses.

No puede faltar en este contexto el multifacético asunto del narcotráfico que sin mucha imaginación es de alcance mundial. No se limita al ámbito estrecho de países productores y/o consumidores, hay un arco iris de intereses en el desarrollo del mismo. Esto va desde la producción, el trasiego, el lavado de capitales con ese origen que sin duda operan en los paraísos fiscales y todo el sistema financiero, hasta la existencia de verdaderos narco estados que forman parte de esa cadena infinita de entretejidos que el narcotráfico genera.

En resumen, el medioambiente, las migraciones y el narcotráfico demandan soluciones que en el menor de los casos, necesitan del concurso no de unos cuantos países sino de regiones enteras, y en el extremo, de un abordaje que tenga en cuenta su carácter planetario. Adicionalmente hay otra variable que afecta sobre todo en países como el nuestro y es el tema de la bomba demográfica como se está poniendo en evidencia en la actualidad, pero hace ya varios años es una preocupación mundial, pues el crecimiento de población es sencillamente exponencial. Así, hacia el año 2000 había 6.000 millones de habitantes y para 2025 unos 9,000 millones que pueden llegar en 2050 a 11,000 millones.[6] Y ello lleva, necesariamente, a pensar en instituciones supranacionales como es el caso de la Unión Europea que entrelaza instituciones locales con las comunitarias y que paran siendo formas o expresiones de una suerte de gobierno sin fronteras, que lleva a algunos estudiosos de estos fenómenos a considerar que el gobierno nacional es algo que en verdad ya no existe en sentido estricto y esta reflexión se puede extender a la soberanía, pues hay temas que son delegados a instancias supranacionales; esto es lo que de una manera u otra opera en la actualidad en un país como el nuestro, nos hayamos dado cuenta o no.

Solo como una manera de profundizar la reflexión, valdría la pena preguntarse sobre la mejor manera de abordar el cambio climático solo desde la perspectiva de un país como el nuestro por la evidencia de los desequilibrios que genera un tema global pues todos hemos leído algún informe que dice que de las regiones más vulnerables al cambio climático es Centroamérica que puede incluso desaparecer. Podría entonces Guatemala hacer frente a la hecatombe que viene sin aliados o sin acuerdos políticos globales ¿Es posible este escenario?

Y la misma cuestión se puede plantear con el multifacético asunto de las migraciones que en la actualidad solo para el caso de Guatemala se sabe que las remesas de los migrantes en EEUU aportan unos 7,000 millones de dólares anuales que sostienen la economía del país ante la pereza de los sectores empresariales, que en conjunto exportan menos que el volumen de las remesas de nuestros paisanos. ¿Se podría pensar en soluciones de estricto alcance nacional?

Otro tanto ocurre con el narcotráfico, que como se sabe, tiene estructuras, por lo menos policiales que tratan de reducirlo a su mínima expresión. En este como en los otros casos, ¿Sería factible el combate a un flagelo internacional solo en el ámbito nacional?

Estos datos hacen que los planteamientos sobre la soberanía validos hace décadas, ahora deban de sufrir una reformulación, quizás solo en la forma, o quizás en algunos aspectos de contenido, pero parecería evidente que el planteamiento cuasi autárquico es de hecho imposible en la época de la globalización y sobre todo, ante la presencia de fenómenos claramente transnacionales como se expone.

En esta dirección afirmo que la soberanía no se puede limitar a las relaciones internacionales, pintando una raya imaginaria entre un país y otro, entre un gobierno y otro, sino de manera central, a la manera en que las políticas de gobierno se hacen con apego a los intereses de las mayorías que conforman las sociedades respectivas. De esta forma, la decisión sobre la política económica o de seguridad o de educación, se hacen y definen de acuerdo a los intereses nacionales, que como se observa son a veces un tanto difusos. Es el caso de las consultas sobre el desarrollo de minería a cielo abierto en algunas regiones del país, en donde de manera previa e informada se tendrían que realizar consultas con las comunidades para validar o rechazar los emprendimientos, y eso daría un nivel de gobernabilidad social y política realmente con sustento. Ese ejercicio constituye el ámbito soberano de las decisiones de un gobierno en nuestras condiciones. Otra parte de la ecuación son los acuerdos o los compromisos internacionales que se adopten. En este caso será el ejercicio democrático de las instituciones del país que determine esos extremos.

En otros términos, un tratado como el TLC solo podría haber sido un ejercicio soberano si antes se hubiese consultado a los diferentes sectores que iban a ser afectados o beneficiados por el mismo, pero no por la vía de la imposición de un sector del país que en ese momento se encontraba al frente del gobierno ni por la imposición del más fuerte sobre los más débiles. Cuando se habla de sectores productivos se tiene en mente que otros países, por ejemplo México, hubo quiebra de productores agrícolas al no poder competir con la economía subsidiada del vecino del norte. Y la quiebra de esos sectores dio como resultado nuevas oleadas migratorias hacia el vecino del norte.

Esa experiencia se tenía presente en las críticas a la firma del TLC pero no fueron atendidas por el gobierno de Oscar Borger y los empresarios que vieron en el tratado una especie del mítico “Dorado”. Los resultados en términos económicos los hemos visto, por ejemplo en el crecimiento masivo del flujo de migrantes hacia el norte. Como se advirtió de muchas formas en los meses de discusión y propuestas sobre el TLC. Es sin duda una decisión alejada de lo democrático y por supuesto, de la soberanía nacional que en última instancia debería emanar del ejercicio democrático.

Se puede salir con el argumento que en esa coyuntura era prácticamente imposible oponer resistencia a los designios del socio mayor, esto es, los estados unidos. Pero la experiencia nos demuestra que un país más pequeño que el nuestro y por supuesto más democrático que el nuestro, hizo durante muchos meses una labor de Resistencia a los sectores más volcados hacia la pérdida del control sobre los recursos naturales y finalmente, a pesar de la firma del TLC, en Costa Rica se preservaron sectores importantes de la economía en manos del estado nacional, como es el caso de la las telecomunicaciones o la energía eléctrica. En este caso la democracia interna y la soberanía son dos caras de la misma moneda, lo que permite formas de negociación política distinta a la realizada en otros países de la región ante un mismo fenómeno.

No fue así en Guatemala en donde el día de la proclamación del TLC, empresarios impulsores de ese acuerdo con los EEUU brindaron con champagne festejando una victoria que en todo caso se puede calificar como pírrica, como se vio en fotos de la prensa nacional en esos días. En esa ocasión este grupo enterró la soberanía nacional, que luego en la discusión sobre la presencia de la Cicig quisieron desenterrar en esfuerzo vano y en verdad bastante ridículo.

[1] Del texto de próxima edición, “SOBERANÍA, REFORMAS Y LA PLAZA” de Miguel Ángel Sandoval

[2] Recuerdo a Luis Cardoza y Aragón que decía que las ideas eran exóticas a quien lo las tenía.

[3] La revista especializada sobre temas de narcotráfico, “Insight crime”, permite ver como las redes del narcotráfico actúan en toda la región, y ello se extiende a otras partes del mundo.

[4] Contracción de Gran Bretaña y salida (exit). Brexit como se conoció popularmente la decisión de Gran Bretaña de abandonar la Unión Europea.

[5] Fue ministro del gobierno del presidente Lula. El texto es “La cortina de oro y los temores del nuevo milenio. Editora paz y tierra. Brasil.

[6] La tierra Explota. Superpoblación y Desarrollo. Giovanni Sartori y Gianni Mazzoleni. Taurus 2003

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