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Fidel
Por Miguel Ángel Sandoval - Guatemala, 5 de diciembre de 2016
mszurdo@hotmail.com

He leído muchos artículos y opiniones sobre Fidel después de su muerte. Algunos de ellos con apuestas sobre el fin de la revolución cubana, otros que destacan la figura de un dictador, unos más, que se detienen en el próximo mandato presidencial de Trump, y otros llegando al ridículo de congratularse por la muerte de un estadista irrepetible como Fidel. Son los enanos de pensamiento, los mediocres. Otros que hablan de sus millones, otros mas de su vida de lujos, no son nada mas que los vulgares e innombrables.

Solo quiero subrayar dos o tres temas que me parecen pintan con pincel grueso la estatura de Fidel. Un amigo español define con claridad el tema toral: Fidel y la revolución hicieron de una isla una nación. Se dice fácil pero solo hay que imaginar que Cuba y América latina son otras desde enero de 1959. Que Cuba hizo una labor internacional superior a sus fuerzas y posibilidades. Nadie en el continente dejo en algún momento de recibir la solidaridad cubana. De una forma u otra.

Recuerdo ahora el terremoto del Perú. En esa ocasión miles de cubanos fueron a donar su sangre y el primero fue Fidel. Todo para atender las urgencias en los hospitales del Perú. En otra ocasión, a propuesta de Fidel los cubanos en asamblea en la plaza de la revolución aceptaron dar cada uno, léase bien, una libra de azúcar por familia para ir en ayuda de Chile y el gobierno de Allende, agobiado por el bloqueo y el boicot económicos. Estos hechos solo pueden ser condenados desde la mezquindad.

Mención especial el apoyo que la pequeña Cuba dio a la guerra de liberación de Viet-Nam. Todos los recursos posibles fueron para la epopeya vietnamita. Hospitales cubanos se llenaron de heridos producto de los bombardeos norteamericanos, con napalm y otros productos químicos. Es una página hermosa de la revolución cubana solidaria e internacionalista por la iniciativa de Fidel.

El apoyo en hombres y armas fue decisivo para la derrota del apartheid en Sudáfrica y conseguir la independencia de ese país y de Namibia. Y por supuesto de Angola. Fue una victoria militar sobre el ejército de Pretoria. Todo por las iniciativas de Fidel. Años antes soldados cubanos habían combatido en defensa de la revolución argelina. Cuando las tropas cubanas regresaron victoriosas de Angola, Sudáfrica y Namibia, estaba en el puerto de La Habana y vi miles y miles de cubanos recibir con alegría y orgullo a sus tropas victoriosas. La fiesta fue en cada pueblo de Cuba que había dado algún combatiente a esa histórica gesta.

Ni hablar hoy día de los miles de médicos en países tan diversos como Guatemala, Paquistán, Bolivia, Viet-Nam, Venezuela, Angola, Haití, y decenas más. Con generosidad, con entrega, todo por iniciativa de Fidel. O de miles de educadores que van por los campos y ciudades del mundo con programas como Yo sí puedo. Con el ejemplo de Fidel, hay que decirlo.

No puedo dejar de mencionar el periodo especial, cuando Cuba a raíz del derrumbe del socialismo europeo y la Unión Soviética quedó sin exportaciones menos importaciones y el país entero convocado por Fidel mantuvo, contra viento y marea, la revolución y la independencia de la perla de las Antillas.

Por eso y mucho más, educación y la salud para todos, por la lección de dignidad, por la coherencia y la manera de vivir y ver los peligros y los principios, como alguna vez escribió el Che Guevara, al hacer el balance de la crisis del caribe que tuvo a Cuba al borde del holocausto nuclear, por todo eso, solo puedo decir: Hasta la Victoria Siempre, Fidel.

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