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La frontera de Colombia y Venezuela
Por Miguel Ángel Sandoval - Guatemala, 22 de junio de 2022
mszurdo@hotmail.com


Siempre he creído que las fronteras cuando no son grandes accidentes geográficos u otros fenómenos naturales (como el caso de una isla) son líneas imaginarias que rompen la armonía en la población local, que generalmente comparte vidas y muchos asuntos. Escuelas, hospitales (cuando hay), mercados, avenidas, parques, y compadrazgos, noviazgos, y un largo etcétera. No pueden ser modificadas a gusto de los gobiernos que van o vienen. Menos se pueden cerrar por caprichos o por supuestas diferencias ideológicas.

Un ejemplo de lo absurdo de las fronteras que dividen países en los mapas, son las líneas que dicen de países africanos, que fueron separados (por acuerdos entre países colonialistas) poniendo un mapa sobre la mesa y pasando con regla líneas rectas, perfectas, pero ajenas a la realidad. Así, hay países cuadrados o con forma de rombo o trapecio, pero cuyas fronteras dejan a la gente igual que siempre. Una etnia de pronto se entera que fue dividida por abogados o generales que pasaron la línea sobre el mapa. La de nunca acabar.

Por cosas de la vida me toco pasar varias veces la frontera entre México y Guatemala. La verdad que nunca supe en donde quedaba la línea imaginaria que dividía dos países, dos culturas o varias comunidades porque así lo habían decidido gentes que ni siquiera conocieron los territorios que dividieron y que pusieron en los mapas los ilimites de dos países. En esos días, se saludaba a los caminantes con alegría y respeto. Se pasaba a las tiendas y no existían extranjeros, solo amigos, vecinos, conocidos.

Me imagino que así es la frontera entre Colombia y Venezuela, Y por ello es la primera medida que toma Petro para restaurar las relaciones entre dos países que tienen mucho compartido. Historia, cultura, recursos, etc. No es suficiente que existan dos sistemas políticos distintos para cerrar fronteras históricamente abiertas. No bastan diferencias ideológicas para romper relaciones diplomáticas, no es suficiente diferencias del tipo que sean, para limitar o anular la cooperación entre dos países con las mismas raíces y los mismos problemas.

No veo ninguna novedad y motivos para aspavientos sobre la reanudación de relaciones de buena vecindad entre países históricamente afines. Por muchas razones, de muchas maneras. Si a alguno le parece un escándalo que haya relaciones diplomáticas y de cooperación de Colombia con Venezuela o que sea inadmisible tener relaciones con el gobierno de Nicolás Maduro, una clase de historia y de relaciones diplomáticas les haría falta, pero, sobre todo, de sentido común. Por lo demás, es precisamente en momentos de diferencias, tirantez o conflicto, que la diplomacia tiene un rol. Esta no sirve solo para coctelitos y esas vainas.

Solo piensen en lo que sería cerrar las fronteras con Honduras y romper relaciones diplomáticas por el régimen político de ese país. Ni aunque se tratara de una dictadura militar, fascista, o lo que fuera, pero las relaciones no pueden ser rotas porque sí, porque a unos se les ocurre. De la misma manera, hace uno años tuvimos el gobierno del FMLN en el Salvador. Si, era un gobierno de guerrilleros y no por ello se rompieron las relaciones diplomáticas, de cooperación de lo que fuera. Es lo mismo entre Colombia y Venezuela. Por ello saludo la medida sensata de Gustavo Petro. Es lo mínimo que se espera de un gobierno con base popular y discurso social.

En el caso de nuestras fronteras con Honduras o El Salvador, solo a un tarado de la talla de Álvaro Uribe en Colombia, se le podría ocurrir romper relaciones por no estar de acuerdo con la política del vecino. En Centroamérica, tenemos entre otras cosas, más allá de las fronteras, relaciones históricas innegables, culturales, de instrumentos políticos, de procesos de integración, de orden económico TLC, por ejemplo, y esto no puede ser zarandeado por un gobierno del tipo que sea.

Es lo mismo entre Venezuela y Colombia. Son parte de los pactos andino, Mercosur, y otras formas de integración. No se puede, por tanto, romper relaciones, cerrar fronteras, por caprichos. La realidad se termina por imponer, tarde o temprano. Es lo cual ocurre luego de la victoria electoral del Pacto Histórico en Colombia con Gustavo Petro y Francia Márquez. Por ello el beneplácito internacional por la medida de apertura de fronteras decidida por el gobierno electo de Colombia. Me sumo a las felicitaciones.

 

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