Murió Víctor Navarro ( "El Camarada")
Por Sergio Barrios Escalante* - Guatemala, 14 de noviembre de 2011
Muy temprano por la mañana recibí la semana anterior una llamada telefónica de parte de una de las hijas de mi entrañable amigo Víctor Navarro, “El Camarada”, informándome de la muerte de su padre, ocurrida en su casa en Managua, el primer día de noviembre recién pasado, justo en un día altamente simbólico en la tradición nicaragüense y latinoamericana.
A pesar de su avanzada edad y de una larga enfermedad que lo mantuvo postrado durante sus últimos años de vida, todavía pude visitarlo y platicar ampliamente con él hace relativamente poco tiempo, pues el camarada mantenía su mente lúcida y además, nunca dejo de hacer esfuerzos por mantener su característico buen humor.
Al camarada lo conocí desde los primeros años de la década de los ochentas, y desde entonces la amistad con él y con toda su familia se tornó muy estrecha. Su casa en un barrio popular de Managua siempre estuvo abierta para quienes ellos consideraban su familia extensiva, la familia revolucionaria.
Víctor fue desde muy joven un férreo luchador anti-somocista, y durante toda su vida se desempeñó como un obrero y sindicalista revolucionario de primera fila, colaborador histórico del Frente Sandinista desde los tiempos de la clandestinidad.
El camarada era pariente cercano de Jorge Navarro, otro gran revolucionario quien junto a Carlos Fonseca, Víctor Manuel Tirado López, Silvio Mayorga, Tomás Borge y otros, fundara en 1961 el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Fue a él (a Jorge Navarro), quien el poeta Leonel Rugama le dedicara su famoso poema sobre los “Santos revolucionarios”.
Desde que lo conocí el camarada se encargó de que su casa fuera mi casa, y de que su familia fuera mi familia, y esos vínculos con sus seres queridos y cercanos se han mantenido incólumes a través de las décadas.
El camarada tuvo una vida extraordinaria, como la de su primo Jorge. De joven fue marinero y recorrió mucho mundo, casi todos los continentes. Visitó e incluso estuvo en la Unión Soviética antes que el propio Carlos Fonseca, país donde estudió por un tiempo sociología en la Universidad Patricio Lumumba, y estudio también una temporada la misma carrera en la Universidad de Puerto Rico.
Sin embargo, la vida y pasión del camarada era la lucha obrera y sindical, y a eso dedicó la mayor parte de su vida cuando retornó a Nicaragua. Cuando lo conocí él laboraba en la Fábrica Macen, un centro productivo que en los tiempos de la dictadura de Somoza era de capital guatemalteco. Allí él organizaba de manera frenética e incansable numerosos contingentes de obreros que salían en batallones a las montañas a combatir a las fuerzas contrarrevolucionarias financiadas por Reagan.
Y en su barrio estaba al frente de las trincheras que se cavaban en las calles para enfrentar la inminente invasión norteamericana, justo en momentos cuando el famoso “Pájaro Negro” de la aviación norteamericana cruzaba atronadoramente el cielo nicaragüense.
Murió rodeado de su familia cercana que lo amaba intensamente, y murió como vivió toda su vida, con la claridad y firmeza de un revolucionario de cuerpo entero. Nunca tuvo fortuna material ni la ambicionó.
Fue siempre un crítico de los errores de la conducción revolucionaria pero sin perder jamás la lealtad con sus principios revolucionarios, y antes de predicar sus ideales políticos los ejercía, pues creía en la superioridad de la autoridad moral y el ejemplo.
Aborrecía la mentira, la doble moral, el oportunismo y tronaba en contra de los vividores que se dedicaban a parasitar de los beneficios de la revolución. Su corazón era magnánimo, de una generosidad extraordinaria.
Mi más sentido pésame para sus seres queridos y a la gran familia sandinista, que ha perdido a un hijo modesto, valiente y ejemplar.
* Científico Social e investigador. Escritor y ensayista. Edita la revista virtual Raf-Tulum.
www.albedrio.org |