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Piedra del lagarto
Por Sam Colop - Guatemala, 20 de julio de 2005

Ese municipio no es un enclave náhuatl en virtud de que el sipakapense es parte del grupo linguístico k’iche’.

Continuando con esta comunición con mis lectores, agradezco las observaciones de mi amigo Héctor Monzón sobre el artículo del sábado pasado. Él comenta que el nombre de Sipacate debe provenir entonces de sipak + atl que “tiene mucho sentido para ese sitio costero” y que Sipakapa vendría de Sipak + apan; pero se pregunta ¿por qué “caimanes” en una región mam? ¿Acaso sería un enclave náhuatl?

Y con respecto de la palabra Sipakna ¿por qué no “madre de caimán” en lugar de “casa de caimán”? que estaría compuesta de dos términos en el mismo idioma.

Con relación al morfema final del nombre de esos pueblos y conforme al diccionario náhuatl de Frances Karttunen (University of Oklahoma Press, 1992), atl y sus derivados están asociados a “agua”, apan que viene de apantli quiere decir “río”, “barranco” y pan significa “en, sobre”.

Esto quiere decir que Sipacate significaría “agua de caimán” y Sipacapa, como oficialmente se le conoce, sería “donde hay caimán” porque Sipacapa no está a la orilla del mar ni de lago donde podrían haber caimanes.

Un miembro de la comunidad lingüística sipakapense me cuenta que el nombre proviene de que allá, en la frontera municipal, hay una piedra con forma de lagarto que se conoce como “piedra del lagarto”.

En consecuencia, el nombre significaría “donde está el lagarto” que es más concordante con “lugar” o “casa del caimán” antes que con “madre caimán”. Por aparte, ese municipio no es un enclave náhuatl en virtud que el idioma sipakapense es parte del grupo linguístico k’iche’.

En otra parte de la nota del amigo Monzón, tiene razón al decir que Sipakna era el creador de las montañas y sólo por asociación con el padre, Wuqub Kak’ix de quien se dice que no era cierto que fuera el sol, que sólo se vanagloriaba y que de él aprendieron sus dos hijos, se dice que Sipakna se asumía o se creía el creador de montañas. El manuscrito k’iche’ dice: In banol juyub! Kacha’ ri Sipakna que Ximénez traduce como: “Yo soy el hacedor de los montes dice Zipacná”.

Sin embargo, los nombres que se identifican en el Popol Wuj, son de los volcanes que Sipakna construía en una sola noche. Xa jun aq’ab chi wanaqirik rumal, dice textualmente el manuscrito. Sobre esto último, Monzón tiene una reflexión muy interesante: “El padre era soberbio, vano, el hermano era destructor, pero él, ¿cuál sería realmente su pecado? Nunca he comprendido eso en el Popol Wuj.

Pensando en una explicación, se me ocurre que haya sido constructor de volcanes y no de montes en general. Por lo tanto, construía o hacía elementos de destrucción y entonces sí puede tildársele de malo. Un volcán es el único monte que puede hacerse literalmente en una noche y cuando esa transformación ocurre, entonces daña al hombre.

Fuente: www.prensalibre.com


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