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Talibangelista
Por Sam Colop - Guatemala, 28 de agosto de 2005

No hay diferencia entre un magnicida cristiano y un talibán. La hipocresía religiosa es igual.

La sinceridad de los mercaderes evangélicos siempre llega a relucir. Este es el caso de Pat Robertson, el conocido tele-evangelista ahora “talibangelista”, es decir, talibán evangélico. Este vividor de la doctrina de Cristo, en una muestra del falso “amor al prójimo” ha sugerido el asesinato del presidente Venezolano.

Estemos o no de acuerdo con la política de Hugo Chávez, ninguna persona tiene derecho a proponer la muerte de otra; menos los que se dicen “hijos de Dios” y predican que la vida es un don divino.

Si las diferencias ideológicas se resolvieran de esa manera, tendrían razón los talibanes y lo propuesto por Robertson justifica el terrorismo de sus colegas talibanes. No hay diferencia entre un promotor cristiano del magnicidio como uno talibán.

La reacción de las autoridades gringas ha sido tibia, no se han pronunciado en contra porque seguramente comparten la incitación de Robertson, un sepulcro blanqueado. Incluso, medios de comunicación de aquel país piden que George W. Bush, “por decencia común”, condene esa exhortación.

Pero aquí hay que recordar el doble estándar de las autoridades gringas, fundado en intereses económicos. Hablan de moral, se asumen creyentes cristianos y en nombre de su Dios mandan a matar al prójimo.

Lo anterior me recuerda el caso de Oliver North con relación al escándalo Irán-Contras. Después que reconoció haber mentido en ese affaire, se lanzó a la política. A raíz de esa aceptación de la mentira, apareció un chiste que decía: “Al fin, un político dice la verdad”.

Caso distinto fue lo expresado por el ex presidente de la cámara de empresarios que encabezó la huelga en contra de Chávez a finales del 2000 e inicios del 2003. El ha dicho que ellos no apoyan el mensaje de Robertson (elPeriódico 16/8/05).

En el caso del Gobierno gringo se han concretado a decir que Robertson, habló como ciudadano; pero no se pronuncian en contra. Si por ellos fuera y mejor si el Dios cristiano estuviera a su servicio, le pedirían que matara al que se opone a sus intereses.

Otros que se asumen cristianos, dicen que todos hemos pensado en la sugerencia de Robertson. “Todos”, es mucha gente. Todos los que practican el cristianismo comercial, tal vez.

Yo, que no soy cristiano y no ando gritando ¡aleluyas! O ¡amenes! Así como me opongo a la pena de muerte, me opongo al magnicidio. Tal vez ese sea mi problema: creo que mi vecino, mi enemigo, tienen el derecho a vivir; creo que el otro tiene libertad de opinar, imagino convivir en paz; aunque al final, la doctrina cristiana lo reordena todo justificándolo a la muerte.

Tal vez por eso, dejé de creer en Cristo y ahora como anticristiano, creo en la vida antes que la muerte. De todas maneras, como se dice en mi idioma, ¡Tachuxoq!.

Fuente: www.prensalibre.com - 270805


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