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Llorar en silencio
Por Sam Colop - Guatemala, 17 de diciembe de 2005

Dedicado a Bety Perdomo, mi amiga zacapaneca en Chicago.

Cuando yo era “feliz e indocumentado” como se dice en broma, me entristecía escuchar las rancheras que se oían en la aldea donde crecí. Entre esas canciones estaba Paso del Norte, y me identificaba con los emigrantes que se encontraban en los Estados Unidos.

Pensaba también en que mis hermanos probablemente se acordaban de mí. Varios años después, como comenté una vez, compartí con guatemaltecos y otros latinos su soledad en aquel país.

Se reúnen cuando les es posible y lloran en silencio. Esto de llorar en silencio es una manera de decir cómo disfrazan su soledad. El dolor se lleva adentro, me comentó uno de ellos.

En Los Ángeles, por ejemplo, están los wachalales de San Miguel Acatán que probablemente publiquen todavía su revista Ixim. Algunos no conocen la capital guatemalteca, pero sí el Distrito Federal y el sur de los Estados Unidos.

Ellos, religiosamente, celebran la fiesta de San Miguel Arcángel, primero con la coronación de la reina indígena, como se hace en nuestros pueblos y después de la marimba, para que los mayores bailen, cambian a rock.

En Houston, otro grupo de k’iche’s, si bien no pueden venir a celebrar la fiesta de su pueblo, han colaborado para que los Tigres de Norte vengan a amenizar la fiesta de San Cristóbal Totonicapán.

En Chicago, muchos latinos se reúnen los jueves y los viernes en dos peñas conocidas. Los jueves cada quien la hace de cantante aficionado y son acompañados por dos guitarristas profesionales, un chileno y un médico mexicano.

Los viernes van a otro lugar donde un trío, que a veces se vuelve cuarteto, le pone sabor a la noche y cuando el ambiente se pone “rancherón” como dicen ellos, no hacen falta canciones alegres y tristes como una que comienza así: “Esta tristeza mía, este dolor tan grande...”.

Todos se conocen y son los mismos comensales que se ven en los dos lugares. Es su manera de entretenerse un poco, porque trabajan casi los siete días de la semana. La nacionalidad sólo se identifica por el acento de cada quien, se guardan respeto y son solidarios.

Entre ellos es admirable ver a un uruguayo que a sus 76 años anda como Juanito Caminante en esas veladas que pueden terminar hasta el amanecer, y después, se van a trabajar.

Estos emigrantes no están pidiendo ningún favor a los gringos, más bien les hacen un favor al efectuar labores que ellos no harían. La soledad del emigrante se agranda en estas fechas porque muchos no podrán estar al lado de sus seres queridos, ni en su país. Vaya para esos amigos, un saludo fraternal.

XA BA KINJUNAMATAJ nubis ruk’ kibis qachalal man e k’o ta pa kamaq’.

Fuente: www.prensalibre.com


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