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Vivir del dolor ajeno
Por Enrique Sam Colop - Guatemala, 19 de octubre de 2006

Se autonombran neoliberales, libertarios y cualquier otra etiqueta, menos lo que son: explotadores del hambre de los pobres.

El reportaje de Prensa Libre del domingo pasado sobre los lugares más pobres del país no podía ser menos revelador. Pensar que alguien se muera por falta de atención médica por supuesto que no es exclusivo de los municipios más alejados del país, porque en los hospitales capitalinos también han muerto varios enfermos.

La diferencia es que en Santa Bárbara, Huehuetenango, por ejemplo, la gente se muere porque sólo hay un dispensario y un médico para atender a 28 mil 500 habitantes (Prensa Libre, 15/10/06).

Para los hospitales de la capital, en cambio, se justifica la muerte por carencia de insumos o por la huevonería de médicos. Y aún así, la Usac y sus “licenciados en medicina” -que mejor debían nombrarse “hechiceros en medicina” comparados con los médicos graduados en Cuba- se solazan con que se les llame “doctor” o “doctora”, aunque sean puros “güizaches de la ciencia médica”, porque no tienen idea de lo que es estudiar una maestría y menos un doctorado.

Llora sangre saber que una de las fallecidas en una aldea de Santa Bárbara tuvo que ser enterrada dos días después de su muerte, porque su familia no contaba con los Q600 para el ataúd y el entierro.

Comparativamente hablando, un magistrado de la CSJ, que gana más de Q40 mil al mes, no tuvo vergüenza de mandarse a comprar un calzoncillo con fondos públicos; que diputados se despachan viáticos exagerados cuando viajan a actividades improductivas y que, en la distribución del presupuesto para el año entrante, los municipios más cercanos a la capital comandados por miembros del partido oficial gozarán de fondos públicos a manos llenas.

En esos municipios no hay ciudadano que se escape al IUSI; tienen fondos para autoadministrarse, pero los ciudadanos de todo el país con sus impuestos tienen que financiarlos.

Aún así, un alcalde del distrito metropolitano justifica esa distribución, que debería llamarse apropiación, y termina diciendo que las otras municipalidades gozan de fondos adicionales.

¿Cuáles? Yo no creo que las municipalidades de Santa Bárbara, San Gaspar Ixil, Colotenango y San Juan Atitán (Huehuetenango) reciban fondos adicionales como los que recibirán los “vendidos” al siguiente partido perdedor.

Los estudios sobre pobreza, malnutrición, falta de educación formal básica realizados por el PNUD y el Segeplán en estos cuatro municipios y otros de Totonicapán, San Marcos, Quiché y Alta Verapaz, evidencian una perversión institucional: donde hay “indios”, que se aguanten.

A esta actitud oficial se suma la intolerancia de una religión impuesta, cuyos líderes predican pero no practican, y hacen de este país como diría Mafalda: “un país hijícola”, que beneficia a los mercaderes de la mano de obra barata y que ahora se autonombran neoliberales, libertarios y cualquier otra etiqueta, menos lo que son: explotadores del hambre de los pobres.

Fuente: www.prensalibre.com - 071006


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