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Es posible
Por Enrique Sam Colop - Guatemala, 18 de noviembre de 2006

Es peor seguir masticando el mismo chicle derechista, que cada vez más se vuelve camaleónico.

Yo también creo que otra Guatemala es posible. No puede ser que sigamos como estamos. Si este país no es gobernado por terroristas de Estado o genocidas, lo es por autonombrados demócratas, empresarios, etcétera, pero todos son iguales.

Si no, véase nada más la corrupción que promueve este gobierno a través de sus diputados y, antes, la corrupción del FRG o de la DC. Toda esta gente son simples mercaderes de la política, y la amenaza es que ahora hasta aquel diputado señalado de robar gasolina, como otros, cambian de partido como cambiarse de calzoncillo.

En los últimos 50 años, este país, como algunos defensores del statu quo reconocen, va de mal en peor. Ellos mismos aceptan a regañadientes el fracaso de sus representantes; pero lo defienden, porque seguramente siguen viviendo de los beneficios de lo que se conoce como Contrarrevolución.

De hecho, la Revolución del 44 no fue perfecta como cualquier acto humano, pero al menos, en el caso indígena, abolió la ignominia; por eso concuerdo con quien dijo que el siglo XX comenzó en Guatemala en 1944. Aquel hecho histórico ciertamente no contó con la participación indígena e incluso los vividores del país se quejaron de que si los “indios” estudiaban, se volverían comunistas.

Pues bien, los llamados izquierdistas, comunistas y ante la incapacidad intelectual de la derecha recalcitrante, ahora llaman “populistas” a los que apenas pueden cuestionar, han vuelto al ruedo, y ¡qué bueno para el país! Peor sería seguir viviendo bajo la histórica incompetencia derechista demostrada y comprobada que ahora se disfraza como “liberal” o “neoliberal”.

Con respecto del documento que fundamenta la propuesta de “Otra Guatemala es posible”, tengo una observación. Cuando se habla del voto para las mujeres y los indígenas, fue más retórico que real, como lo sigue siendo en la actualidad; sin embargo, es bueno retomar el tema, porque a estas alturas hay que volver a comenzar por algún lado.

Es peor seguir masticando el mismo chicle derechista, que cada vez más se vuelve camaleónico. De esa cuenta, si el frente de izquierda acepta la participación indígena antes que clasista, tal vez el país pueda empezar a cambiar, y eso incluso beneficiaría a la derecha, que tiembla ante un discurso indigenista o, como llamarían sus socios disfrazados de izquierdistas, “esencialista”.

Mañana, pues, se hará pública la presentación de ese Frente que, sin poner las manos en el fuego, me aseguran no tener candidato y que tampoco tienen relación con la DC ni otra asociación. Ojalá este frente de izquierda tenga éxito, porque ante tanta incapacidad de la derecha no es que no quede opción, sino, tal vez, sería una solución.

Fuente: www.prensalibre.com


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