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Máxima seguridad
Por Enrique Sam Colop - Guatemala, 3 de marzo de 2007

Atacan a vendedores piratas, pero a “sus socios” les advierten, o acallan a quienes podrían hablar de peces gordos.

Ante la matanza ocurrida el domingo pasado en una cárcel de máxima seguridad, ¿qué le puede esperar al ciudadano que vive en “máxima inseguridad”, cuando, supuestamente, miembros de las fuerzas policiales ejecutaron a cuatro ciudadanos salvadoreños?

El hecho es que vivimos en una inseguridad tal, que el ex comisionado en asuntos de seguridad de este gobierno afirma que existen dos escuadrones de la muerte dentro de la Policía Nacional Civil. Sea por demagogia o por responsabilidad compartida, alguna razón ha de tener, porque ¿quién mejor que él, que ayudó a fortalecer un Estado terrorista, conoce esas organizaciones y ahora ofrece mano dura, hasta para atacar la pobreza?

Lo que resulta increíble es que este gobierno de “empresarios” de repente sí puede dar con los supuestos responsables de determinados delitos, pero no con los de otros. Cuando se trata de

diputados o funcionarios locales, los crímenes quedan en el limbo o se buscan chivos expiatorios.

Tal vez ahora se tuvo cierto éxito porque autoridades salvadoreñas colaboraron en la investigación, pero luego los supuestos autores materiales fueron acallados. Por eso tiene razón el presidente Saca, cuando afirma que en este caso hay altas autoridades guatemaltecas que deben ser llevadas ante la justicia.

Si bien algún parlamentario salvadoreño podría haber tenido nexos con el narcotráfico, como ha dicho un diputado guatemalteco -ex integrante del FRG, para más señas-, eso no justificaba su ejecución, como tampoco la de los supuestos autores materiales. Lo cierto es que no queda duda de que las autoridades guatemaltecas han sido rebasadas en su capacidad judicial, si es que alguna vez la tuvieron.

Son buenas para matar gente indefensa o para atacar vendedores piratas, pero a “sus socios”, empresarios estafadores de la banca o de otro tipo, les advierten sobre su captura y, por lo visto, acallan a quienes podrían hablar de peces gordos.

Ayer por la mañana, en noticieros radiales se informó de otro cuerpo calcinado de la misma manera que a los ciudadanos salvadoreños, y se preguntaba si no era el cuerpo del otro agente supuestamente capturado en El Salvador o que se había entregado a autoridades guatemaltecas.

El hecho es que la impunidad campea, las fuerzas de seguridad local son incompetentes para aclarar los crímenes porque, por lo visto, es el mismo crimen organizado que comanda a estas autoridades de gobierno.

Tiene razón El Faro, de El Salvador, en que no se puede esperar que esta parte de la investigación “recaiga en el director policial guatemalteco Sperisen, que está al frente no de un cuerpo policial, sino de una banda de narcotraficantes, secuestradores y extorsionistas uniformados, como él mismo ha admitido”. Aún así, hay quienes se oponen a la Cicig.

Fuente: www.prensalibre.com - 240207


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