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Promoviendo impunidad
Por Enrique Sam Colop - Guatemala, 2 de mayo de 2007

Si antes existió un partido de la violencia organizada, ahora lo es el de la impunidad legalizada.

Se habla tanto de narcopolíticos que amenazan con competir por varias alcaldías, y la preocupación de algunos partidos, según hacen creer, es no dejarse copar por ese otro poder paralelo; pero se dice muy poco cuando se trata de individuos señalados de genocidio, de participar en fraudes millonarios y hasta de condenados. El sábado pasado se dijo en un medio de prensa que un ex ministro declarado culpable de falsedad material había pagado la multa fijada por el tribunal competente para recuperar su derecho a ser elegido.

Lo último fue desmentido ese mismo día, después de que el FRG, partido que promueve la impunidad a través de la inmunidad, presentó a su seguro binomio perdedor presidencial para septiembre próximo. Esa pareja: Rabbé-Quej; el primero, un ladino desfasado, a quien tienen ahí de monigote porque cuenta con el apoyo de su cuñado, y como candidato cree que todavía puede ir a engañar cofrades de Chichicastenango. El segundo, un “indio” servil que después de septiembre, cuando pierda su derecho de antejuicio, podrá ser procesado por lo que se le endilga mientras dirigió uno de los fondos de la paz.

Lo que sí va a ir para largo es el proceso en contra de Efraín Ríos Montt. Si antes existió un partido de la violencia organizada, ahora lo es el de la impunidad legalizada. Con güizachadas se logró retrasar su extradición, y ahora con su inscripción como candidato a diputado va a contar con el derecho de antejuicio que difícilmente una sala de apelaciones se va a atrever a quitarle.

Si como ciudadano común no se le procesó, menos va a ocurrir ahora. Así que toda la pantomima de la justicia ladina queda al descubierto: un acusado de genocidio va a dirigir el próximo Congrueso. La querella en su contra va a tener que esperar cinco años más, con la esperanza de que el genocida todavía esté vivo y al igual que su par Chupina, pueda ser llevado, aunque sea en sus últimas, al bote. A él se suman otros de su ralea que también buscan inmunidad.

Por supuesto que en política no hay nada escrito; pero, desgraciadamente, a los que el genocida afectó más, son también víctimas de un equivalente al Síndrome de Estocolmo, y por eso goza de popularidad donde más daño hizo. Rabinal, donde una vez salió apedreado, es la excepción; pero en otros lugares es casi seguro que va a ganar, y por eso tiene razón una lectora cuando dice: “Tenemos cara de rata, para rato”.

El FRG es un partido que, sin un genocida al frente, no llega a algún lado. El sistema judicial, así como su entidad auxiliar, el Ministerio Público, resultan siendo comparsas del crimen al no investigar ni procesar a este tipo de delincuentes.

Así que entre genocidas y narcopolíticos tal vez no haya mucha diferencia. Unos esconden sus crímenes a través de la inmunidad, y los otros quieren utilizar la política para cometer sus crímenes.

Fuente: www.prensalibre.com


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