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Kabraqan está vivo
Por Enrique Sam Colop - Guatemala, 17 de junio de 2007

Así como desapareció la tercera generación, también nosotros nos podemos ir en un movimiento de Kabraqan.

El sismo del miércoles pasado, después del mediodía, me hizo recordar una plática con amigos. El asunto es que discutíamos un tema sobre el Popol Wuj en que Kabraqan, aquel personaje mitológico que botaba montañas mientras que su hermano jugaba con ellas, en realidad no fue aniquilado como el otro que fue convertido en piedra.

A Kabraqan se le hacía agua la boca por comer uno de los pájaros que los héroes gemelos doraban mientras se lo llevaron al Oriente y, en un conjuro, ellos dijeron –al untar una de esas aves con tizate– que, así como hacían con el pájaro, así harían con Kabraqan, el gigante destructor de montañas y volcanes.

Después de comer aquel pájaro asado, Kabraqan se entumeció y ya no pudo botar aquella montaña que crecía y crecía. Al final, a él lo enterraron, pero no se dice que lo mataron.

Hablando sobre este punto con amigos que escalan montañas, coincidimos que en realidad Kabraqan sigue vivo y por eso se mueve de vez en cuando y la tierra tiembla. Kabraqan literalmente quiere decir “temblor”, y cuando eso ocurre la gente sale espantada.

El último mejor ejemplo fue el terremoto de 1976. Lo interesante de este relato es que me dijo mi amigo geólogo que lo escrito en el Popol Wuj no es exagerado. Cuando se habla de creación y caída de volcanes y montañas es tan real que sigue ocurriendo; incluso, me comentó que hace apenas unos millones de años, en términos geológicos, en lo que hoy se conoce como el pueblo de Almolonga en Quetzaltenango existió un volcán que, después de haber hecho erupción, desapareció y geológicamente se reprodujeron en línea los cerros Chi Witan, K’yaq y K’uxnikel.

Los dos primeros, ubicados en Cantel, y el último, en Totonicapán, y por eso en los alrededores de aquel pueblo también existen pequeños cerros.

En una conferencia sobre la universalidad de los mitos del Popol Wuj, a un grupo de estudiantes universitarios mayas, si no recuerdo mal, Francisco Pérez de Antón –quien expresó que una de sus mayores satisfacciones era haber leído todas las versiones en español del Popol Wuj– comparó el mito de Kabraqan con otros del conocimiento universal.

Es decir, no sólo a los mayas se les “ocurrió” creer en seres capaces de mover la tierra y hacer pensar en su existencia. Así que si en una época, a los seres de madera se les vinieron las cosas encima y las casas se les caían debajo por huir de los animales a los que trataron mal, no es extraño que la madre naturaleza proteste por el maltrato que se le está dando.

Con esto no quiero decir que haya algo sobrenatural, porque estos fenómenos son naturales y hay que aprender a convivir con ellos. Así como desapareció la tercera generación de seres, también nosotros, los de la cuarta generación, nos podemos ir en un movimiento de Kabraqan.

Fuente: www.prensalibre.com - 160607


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