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Adrián Recinos
Por Sam Colop - Guatemala, 8 de diciembre de 2007

Chuxlan ba la tat Recinos! Kinkajmaj, ri xutz´ibaj kan la jas le xutz’ibaj tat Adrián Chávez. Kinkamaj nube pa Xibalba.

Por supuesto que no lo conocí, porque cuando falleció yo tendría unos 7 años. Él nació en 1886 y falleció en 1962. Fue quien encontró en la Newberry Library de Chicago el manuscrito del Popol Wuj, que si uno lo busca no lo encuentra fácilmente, porque está contenido en un volumen denominado Arte de las tres lenguas… y para los interesados, el número de ese documento es Ayer Manuscript 1515, y el último texto denominado Empiezan las historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala…

¡Ese es el Popol Wuj! Lo más enriquecedor de esa traducción son los más de 400 pies de página, y, como escribí una vez, Recinos no fue un mal traductor, pero tiene imprecisiones que el doctor Francisco Albizúrez Palma me comentó –palabras más palabras menos– que: ¡qué bueno que yo no despreciaba aquel trabajo... –“No, no” –le contesté–, más bien lo admiraba y sigo creyendo que es una de los mejores traducciones al español, como también respeto sus Crónicas Indígenas.

El punto que quiero abordar ahora es que después de releer la introducción a aquella traducción, me entero que existieron dos Diegos Reynoso. El primero fue a quien se le atribuye la trascripción de aquel documento, y que fue un “indio” k’iche’ que el obispo Francisco Marroquín llevó a Antigua Guatemala para instruirlo a evangelizar, pero un siglo después aparece un fraile español con el nombre de Diego de Reynoso, y talvez de ahí viene la confusión, porque cinco siglos más tarde está claro que quienes transcribieron aquel documento en el alfabeto latino fueron tres “madres y padres de la palabra”; autores k’iche’es, como otras veces he escrito, uno del linaje de los Kaweq, otro de los Nija’ib, y el tercero, de los Ajaw K’iche’, que, como ellos mismos se identifican al final, eran “tres maestros de la palabra…” e incluso Dennis Tedlock –a mi parecer, el mejor traductor al inglés de aquel libro–, sugiere el nombre de uno de aquellos autores, cuyo nombre también aparece en el Título de Totonicapán.

Ante lo que me quito el sombrero frente a Recinos es al aclarar que él no se asume dueño de la verdad y de haber traducido –que otros dicen que no hizo, sino sólo mejoró la traducción de Ximénez–, y que Daniel Brinton, talvez uno de los mejores traductores al inglés del Memorial de Sololá, escribió en 1883 que ni las traducciones de Ximénez ni de Brasseur eran satisfactorias.

Ante eso, Adrián Recinos escribió: “La presente traducción y el estudio filológico e histórico que la acompañan han nacido de esa atracción que ejerce el venerable documento indígena, y aunque no se pretende que ella pueda responder por completo a la necesidad señalada por Brinton, se espera que, cuando menos, contribuya a reavivar el interés por estas cosas de la antigüedad americana”. (FCE 1953:65).

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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