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Esto es para usted, padre de familia
Por Sylvia Gereda Valenzuela - Guatemala, 20 de abril de 2007

Resignarse ante un mundo caótico y violento es una cobardía.

Cuando sucede una tragedia como la que aconteció en la Universidad de Virginia Tech, Estados Unidos, en la que fueron masacrados 32 estudiantes y profesores, no queda más que invitar a la reflexión de los padres de familia, quienes al final somos los responsables de la formación de nuestros hijos.

En un mundo lleno de violencia, ¿qué tipo de educación les estamos dando a nuestros niños y jóvenes? ¿Hemos sido capaces de enseñarles la importancia del autocontrol en sus vidas? ¿O simplemente somos de esos padres permisivos y tolerantes que aguantamos que a la menor provocación nuestros hijos griten, pataleen o alcen los puños?

A cada rato me topo con individuos incapaces de controlar su temperamento, que en plena calle insultan, lanzan alaridos o desenfundan su arma. No conocen del autocontrol y esto es grave.
La ausencia de autocontrol, por un ataque de celos y locura, fue lo que llevó a Cho Seng-Hui, un joven de 23 años, estudiante de Literatura inglesa de una excelente Universidad de Estados Unidos, a matar con sangre fría a los estudiantes de su campus.

La cultura de la muerte se está enraizando. Solo así se explica que Estados Unidos sea un país con más de 190 millones de armas de fuego en manos privadas y 65 millones de pistolas en circulación, lo que significa que uno de cada tres estadounidenses está armado. En el caso de Guatemala, la realidad no es muy distinta. Según la Policía Nacional Civil existen por lo menos 1.8 millones de armas en circulación. Aunque las cifras son más altas, pues de cada diez armas incautadas solo una se registra legalmente.

Me causa pesar ser testigo de la cultura de violencia y muerte que desde pequeños se les inculca a los niños. Es un hecho, que los padres de familia se ausentan cada día más de la casa y la televisión o los videojuegos electrónicos se han convertido en la madre sustituta.

Academic Press tiene datos que revelan que en un hogar promedio, el televisor está prendido más de siete horas diarias, y un niño ve entre tres y cuatro horas al día.

Estos datos son alarmantes, si se toma en cuenta que las caricaturas someten a los niños a 23 escenas de violencia por hora. Mientras que los sábados, en franjas infantiles de la mañana, más del 80 por ciento de los personajes sufren o perpetran algún tipo de agresión, según estudios de la doctora en Comunicación, Madeline Levine.

De esta cuenta, los niños y jóvenes de hoy están expuestos a ver todo tipo de imágenes de violencia extrema. Los tiroteos, las masacres y la sangre son parte del costumbro, no sorprenden.

Para colmo de males, algunos padres se han vuelto cómplices de la violencia al comprar a sus hijos los videojuegos de moda, que en la mayoría de casos son un tributo a la violencia, donde los pequeños ganan puntos por cada adversario que matan, por robar un carro o asaltar un supermercado.

Este comentario molestará a algunos, pero no puedo dejar de manifestar el estupor que me causó ver a padres frenéticos que no dudaron en gastar hasta Q800 para llevar a sus hijos al espectáculo de WWE (World Wrestling Entertainment), que no es más que un culto a la violencia, un circo romano donde se aplaude y aclama al luchador que más fuerte golpea y agrede.

¿Qué pasa padres de familia? Amamos a nuestros hijos, pero quizás sin darnos cuenta, estamos siendo arrastrados por la corriente moderna que rinde culto a la muerte y cuando sintamos, esa será la herencia que dejaremos a nuestros hijos.

Lo que aconteció en Virginia Tech es un drama digno de la peor película de violencia de Hollywood. Mucha televisión y muy malas ideas.

George Gerbner, un experto en comunicación, tiene investigaciones que demuestran que los aficionados a la televisión muestran más ansiedad y probabilidades de verse envueltas en un delito violento, porque ven al mundo a través de un lente enfocado hacia la violencia y el maltrato. Llegan a creer que las películas son parte de su vida cotidiana.

El resultado de este constante bombardeo de violencia y la peor amenaza es la desensibilización de los jóvenes.

Mario Benedetti, uno de mis autores favoritos, tiene un libro titulado La Resistencia, allí escribe: “Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa. Resignarse ante un mundo caótico y violento es una cobardía”.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 190207


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