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La ciudad maldita
Por Sylvia Gereda Valenzuela - Guatemala, 21 de junio de 2007

En Ciudad del Sol, se respira el azufre del infierno, porque allí habitan demonios.

En cualquier país del mundo, evocar el nombre de “Ciudad del Sol” invitaría a pensar en una cosmopolita playa de arena blanca, amplios paseos y bulliciosos malecones con sabor a fiesta.

Pero en Guatemala, país de paradojas y contradicciones, “Ciudad del Sol” no es más que una tenebrosa cueva. Ciudad maldita donde, cada vez que atraviesan el umbral de su puerta, sus habitantes no tienen la certeza de si regresarán vivos. Tierra de la impunidad donde la muerte ronda con el haz en la mano.

Luego de 15 años de trabajar como periodista, muy pocas cosas me impresionan. He tocado con mis manos la miseria y he visto con mis ojos el oscuro color de la pobreza. Pero ingresar a Ciudad del Sol, ubicada en la zona 4 de Villa Nueva, eso es respirar el olor a azufre del infierno. Es ver la muerte de frente.

Posiblemente, muy pocos tienen idea del drama que vive este vecindario, ubicado en Villa Nueva. A principio de año realicé un reportaje en esta área y pude percatarme de que casi cien viviendas habían sido abandonadas. Hombres y mujeres de escasos recursos fueron obligados a dejar su hogar y patrimonio, porque su vecindario había sido conquistado por más de 500 mareros que hicieron de esta colonia su centro de operaciones. Solo en Villa Nueva, se calcula que operan 3 mil miembros de la Mara Salvatrucha y M18.

En la escuela de Ciudad del Sol habían inscritos 600 estudiantes en el año 2006, pero este año solo 340 se ingresaron. Los padres tienen temor de que los mareros les hagan daño a sus hijos, a quienes les exigen dinero. Según los maestros, en tan solo 15 días, 30 alumnos desertaron de clases debido a amenazas de los pandilleros.

Los desafortunados, que por falta de recursos siguen viviendo allí, son sometidos diariamente a extorsiones. Para que se les deje vivir deben pagar impuestos a los mareros, tolerar insultos, agresiones, violaciones y hasta la muerte. Mujeres y niñas permanecen recluidas bajo cuatro candados en sus casas porque, en plena luz del día, los pandilleros las violan sexualmente…

En Ciudad del Sol se entrenan sicarios, a los niños se les enseña a matar y las armas AK-47 y Uzi se consiguen más fácilmente que una beca de estudios. Es la cuna de la extorsión y el trasiego de drogas, donde el transportista que se levanta a trabajar a las 5:00 debe pagar hasta Q50 diarios para que lo dejen circular. El tendero y el ama de casa también deben pagar otro impuesto si desean seguir viviendo. Se calcula que las pandillas pueden recaudar hasta Q100 mil en una semana, solo por el cobro de sus impuestos de circulación o de guerra.

El pasado viernes la Policía Nacional Civil, en conjunto con el Ministerio Público, realizó 40 allanamientos en el lugar. Para doblegar a los mareros fue preciso montar un operativo con 621 agentes de la Policía y 300 del Ejército. Las autoridades reportaron la detención de 26 supuestos pandilleros, pues la mayoría fueron alertados y huyeron.

El Ministerio de Gobernación ha anunciado que esta fue solo una primera acción para frenar la delincuencia, y promete devolver el barrio a la ciudadanía.

Esta colonia fue abandonada por las autoridades del Gobierno hace muchos años. El Estado fue incapaz de darles seguridad a sus habitantes y los dejó a la deriva. Es hasta ahora que, con esta acción valiente del Ministerio de Gobernación y el Ejército, se da el primer paso para doblegar a los delincuentes.

Guatemala es un país fragmentado en dos, donde quienes tenemos la dicha de vivir en zonas residenciales, seguras y cómodas no nos percatamos del calvario que sufren los marginados y desprotegidos que habitan en las periferias. No es justo que la población honrada siga sufriendo.
El Gobierno debe reconstruir Ciudad del Sol, y luego esta colonia debe convertirse en el ejemplo de lo que jamás debe pasar en un país donde se respeta el Estado de Derecho.

Es un desafío para el Gobierno de Berger recobrar el tiempo perdido y devolver a los ciudadanos más desprotegidos el derecho a su libertad y la garantía de sus vidas. Mientras tanto, los delincuentes deben ser castigados con todo el peso de la Ley.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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