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El narco del “jet set”
Por Sylvia Gereda Valenzuela - Guatemala, 23 de junio de 2007

Su fortuna deslumbró a una sociedad hipócrita, donde se rinde culto al dinero fácil.

Era un hombre poderoso. Su vida en Guatemala estuvo llena de gloria, glamour y dinero. En una sociedad como la nuestra, donde abunda la doble moral, consiguió fusionar lo mejor de la alta sociedad con lo más sucio y oscuro del narcotráfico.

Cuando Otto Herrera, uno de los 40 narcotraficantes más buscados del mundo, residía en Guatemala, se le podía ver desplazarse entre el jet set. Sus hijos asistían al Colegio Americano, y a su esposa, una norteamericana, se le veía participar en todas las actividades sociales.

En los días de feriado, Herrera frecuentaba Río Dulce y allí se le podía observar en su yate, acompañado de pudientes empresarios y encopetadas señoronas. Vivía en la zona 15, en una enorme casa que convirtió en una mansión de mal gusto, donde las señoras frecuentaban las piñatas de sus hijos y después de gozar de fiestas, que más se asemejaban a una feria, salían a “chismear” sobre el pequeño zoológico que Herrera tenía en el jardín de su casa.

Todos rumoreaban que Otto andaba en “algún negocio sucio”, pero la mayoría prefirió hacerse de la vista gorda y gozar de sus millones.

Herrera tenía un yate, una flotilla de camiones y carros de último modelo, una finca en Río Dulce y dos chalets en Punta de Palma. Sus casas se ubicaban en: La Cañada, zona 14; Vista Hermosa, zona 15 y en la zona 16. Coleccionaba caballos andaluces y pagaba Q5 mil por la alimentación mensual de cada uno. Tenía más de siete cuentas en bancos del sistema. Su fortuna deslumbró a una sociedad hipócrita, donde se rinde culto al dinero fácil y donde abundan los social climbers (arribistas sociales).

Cuando Herrera y su familia decidieron partir para México, en su mansión hubo fiestas de despedida con lágrimas.

Fue hasta una semana después, cuando los periódicos desplegaron fotografías con el rostro de Herrera que indicaban que uno de los capos más poderosos había huido a México, que su círculo de allegados lo comenzó a negar y guardó silencio.

A muchos molestarán mis comentarios, particularmente a los hipócritas que fueron parte del grupo adulador de Herrera. Pero considero indispensable traer a luz pública esta historia real, porque vivimos en una sociedad que ha perdido los valores.

El filósofo Ernesto Sábato condena en su libro La resistencia a aquellos que, viendo cómo su vecino se enriquece por corrupción y actos ilícitos, se cruzan de brazos y legitiman la muerte silenciosa que representan estas fortunas malhabidas. “Al final, esta indiferencia causa que la corrupción e impunidad se instalen en la sociedad como parte de una realidad a la que nos debemos acostumbrar”.

Finalmente, el pasado miércoles, el escurridizo Herrera fue capturado en Colombia a pesar de que ofreció US$5 millones a los agentes del Departamento Administrativo de Seguridad de Colombia (DAS), el doble de lo que la DEA ofrecía por su captura.

El soborno ya le había funcionado. El 13 de mayo del año pasado se fugó del Reclusorio Sur de México, tras pagar US$2 millones a funcionarios del penal. La capacidad de Herrera para ofrecer estos millonarios sobornos se entiende al saber que ingresaba a México, mensualmente, 7 toneladas de cocaína desde Guatemala. Su red comprendía la ruta entre Colombia y El Salvador, desde donde despachaba a México y Estados Unidos.

Hoy día, Herrera es solicitado en extradición por tres países: Estados Unidos, Guatemala y México.Hay que ser realistas; ni los frágiles sistemas de justicia ni los corrompidos sistemas penales de Guatemala y México tienen capacidad sobre Herrera. Lo más recomendable es que Herrera sea extraditado a los Estados Unidos, único país que puede garantizar su condena, y que de paso todos sus bienes sean confiscados.

En Guatemala nunca se ha aclarado el destino que tomaron los US$14 millones en efectivo confiscados en la vivienda de Herrera, ubicada en La Cañada, pero se presume que buena parte del dinero fue a parar a manos de funcionarios eferregistas. También se dice que, durante su huída, fuerzas de seguridad militar le brindaron protección en Petén.

Guatemala tiene mucho que cambiar, desde la doble moral de sus habitantes hasta su sistema de justicia. Solo así se podrá convertir en un verdadero Estado de Derecho, donde impere la Ley y donde las Leyes de Extradición sean fuertes y firmes.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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