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Ni “Mano dura” ni Colom
Por Sylvia Gereda Valenzuela - Guatemala, 23 de agosto de 2007

Avalar prácticas politiqueras es una actitud deplorable.

Otto Pérez, el Mano dura, y Álvaro Colom merecen una tarjeta roja, porque resulta irresponsable que los dos punteros de las encuestas estén acudiendo a un discurso populista y a prácticas poco éticas y clientelistas para conseguir el voto de los maestros.

Desde hace más de tres décadas, los maestros han sido una importante fuerza a la hora de las elecciones debido a que su número sobrepasa los 85 mil.

Y es así como este sector, sumergido en múltiples conflictos y con un sindicato duro que no ha permitido reformar el sistema educativo de Guatemala, se ha vuelto ahora el centro de atracción de los principales partidos.

Resulta injusto que, en pleno siglo XXI, los candidatos sigan recurriendo a discursos mentirosos y surrealistas como los que ofrece Pérez Molina, haciendo creer que incorporará a casi 2 mil maestros por contrato y casi 15 mil del Programa Nacional de Autogestión Educativa (Pronade) al renglón 011, lo cual permite mejores prestaciones y salarios.

Lo absurdo del caso es que, para pagar estos sueldos politiqueros, Pérez recurrirá a un aumento del presupuesto de Educación de casi Q800 millones en un año. Esto significa que, a pesar de que Guatemala cuenta con uno de los sistemas educativos más deficientes del Continente, seguimos invirtiendo en sueldos y politiquería en lugar de atender prioridades como lo son la calidad educativa, la formación de maestros, la infraestructura y la modernización del sistema escolar para que llegue a los más necesitados.

En el caso de Colom, quien plantea hacer realidad el sueño más acariciado de los sindicalistas, torciéndole el cuello al Pronade, sus propuestas son tan contradictorias y confusas que hasta sus voceros, José Carlos Marroquín y Edgar Barquín, difieren y se hacen bolas. El primero habla de 18 meses para incorporar a los maestros contratados por Pronade en plazas fijas y dice que se dará prioridad a los antiguos; mientras que el segundo dice que incorporarán a los maestros en dos años y medio y que todos empezarán como recién contratados. Quiero ver yo el relajo que armarán los veteranos cuando se percaten de que su tiempo de trabajo vale un comino.

Y, para aderezar la guinda, la UNE asegura que los Q420 millones para cubrir los sueldos se obtendrán haciendo un recorte de festejos y viáticos. ¡Jamás había escuchado un argumento tan absurdo!

Los ofrecimientos de campaña incoherentes para conseguir votos del Magisterio, son un tema que conozco bastante bien. Mientras estudiaba el doctorado de Sociología en la Universidad Pontificia de Salamanca, elaboré una tesina de investigación donde exponía “la politización del Magisterio y sus efectos en el sistema educativo de Guatemala”.

Durante varios meses, recorrí escuelas, entrevisté a maestros y recabé esbozos de la triste historia a la que los políticos han sometido al sistema educativo. Y solo puedo decir que, para un país como Guatemala, donde las tasas de analfabetismo alcanzan el 30 por ciento de la población y donde únicamente el 17 por ciento de los alumnos de quinto bachillerato aprueba las pruebas de aptitudes en lenguaje y matemática, el hecho de que los candidatos suban al ruedo político a los maestros es un peligro.

Desde los años setenta, cuando Guatemala era gobernada por regímenes militares, las plazas para el Magisterio público fueron usadas como una herramienta para ganar adeptos políticos o beneficiar a sus allegados. El ofrecimiento de plazas, salarios altos y contratos ha sido un botín político que ha desvirtuado la misión del Estado de promover y ser el garante de un sistema educativo eficiente.

Uno de los problemas más agudos en el sistema educativo se presentó durante el régimen de Alfonso Portillo, cuando cometió ilegalidades al contratar a 13 mil docentes que no cumplían con los requisitos de ley ni fueron sometidos a una evaluación. Estas contrataciones politiqueras causaron deficiencias en la calidad del sistema educativo y problemas en el presupuesto, pues no había fondos para cubrir los salarios.

En esta época se contrataron como docentes a individuos a peritos contadores, bachilleres o simplemente afiliados del partido y familiares de los dirigentes políticos.

Avalar y continuar con estas prácticas politiqueras es una actitud deplorable. Por eso, analicemos si queremos seguir llevando al poder a candidatos con propuestas incongruentes y populistas o los dejamos para la Historia.

En esta ocasión, tanto Mano dura como Colom se están equivocando. Sería conveniente que hagan un alto y rectifiquen; de lo contrario, nuestro sistema educativo seguirá siendo uno de los peores del Continente.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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