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Dudas a cielo abierto
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 6 de octubre de 2004

Creo que ninguno de nuestros compatriotas estaría interesado en dañar al país, como ha ocurrido en Honduras, tan sólo por unas pingües ganancias en minería.

SON RAZONABLES LAS dudas sobre el impacto que pueda tener la minería a cielo abierto en la población y la ecología del país. No soy, precisamente, de las personas que se oponen en forma radical a esta actividad, porque pienso que la riqueza nacional debe ayudarnos a salir adelante. Nuestra inmensa pobreza necesita perspectivas de desarrollo en todas las áreas. Pero en aras de ese desarrollo no se puede pasar por encima de la posibilidad de que tal explotación minera resulte más negativa que positiva.

SON DOS LOS puntos sobre los que existen serias dudas. El primero es la destrucción ecológica y, sobre todo, el uso de cianuro. La minería a cielo abierto implica la remoción de grandes cantidades de material del suelo y subsuelo, que se procesa para extraer oro y plata. Son cavados enormes cráteres llamados “tajos abiertos”, que pueden llegar a tener más de 150 hectáreas de extensión y unos 200 metros de profundidad. El cianuro es utilizado como solvente en la lixiviación, o sea el proceso que permite separar el metal precioso del material bruto. El temor es que el cianuro pueda contaminar las fuentes de agua, lo cual conlleva efectos perniciosos para la población y la vida en general. Sólo para tener una idea, una cucharadita de dos por ciento de solución de cianuro puede matar a una persona adulta.

LA EXPERIENCIA más cercana es la de Honduras. La Asociación de Organismos No Gubernamentales, de ese país, informó que en enero de 2003 se produjo una descarga de 500 galones de cianuro en el río Lara, que procedía de las lagunas de lixiviación de la empresa Minerales de Occidente. La contaminación provocó la muerte de más de 18 mil peces. Para amortiguar el daño, la compañía virtió hipoclorito (agente blanqueador o desinfectante, con componente de soda cáustica) al río, pero en lugar de solucionar el problema terminó por afectar más el afluente. Asimismo, la planta procesadora de desechos de la mina ubicada en San Andrés, que utiliza cianuro, se encuentra a apenas 42 metros de una comunidad del Valle del Siria. Los vecinos de esa población han denunciado que sus fuentes de agua se están secando. Otras denuncias refieren que la población cercana a las minas a cielo abierto sufre enfermedades extrañas de la piel, caída del pelo y vejez prematura. A diferencia de Honduras, Costa Rica prohibió la explotación de minas a cielo abierto desde el 2002.

EL SEGUNDO punto que genera dudas es que a Guatemala le corresponda sólo el uno por ciento de las regalías que generen las minas. La licencia de explotación en San Miguel Ixtahuacán y Sipacapa, San Marcos, le fue otorgada a la empresa Montana Exploradora, el 27 de noviembre de 2003. Resulta sintomático que esa autorización ocurriera después de que el FRG perdiera las elecciones de primera vuelta y, por lo tanto, a su gobierno no le importaría lo que sucediera en el futuro. Para evitar dudas o sombras de corrupción en esa licencia, es conveniente revisarla y revocarla si se comprobara que atenta contra el ambiente. Además, es necesario reformar la Ley de Minería para que al Estado le corresponda por lo menos el 10 por ciento de las regalías.

INSISTO EN QUE SI se llegara a comprobar fehacientemente que la actividad minera en Ixtahucán y Sipacapa no será negativa para el país, deberá dársele luz verde. Sin embargo, para que eso suceda deberán hacerse las comprobaciones pertinentes y las modificaciones legales necesarias para garantizar una actividad minera limpia. Creo que ninguno de nuestros compatriotas estaría interesado en dañar al país, como ha ocurrido en Honduras, tan sólo por unas pingües ganancias.

Tomado de Prensa Libre www.prensalibre.com


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