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El guardián del lago
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 3 de noviembre de 2004

Maco Quiroa no ha muerto. A partir de ahora su espíritu rondará en las aguas del lago que más amó: Amatitlán.

NO HABRÁ ADIOSES, lágrimas ni tristezas, el gran Gato Viejo podrá ver en su inmensidad el lago de Amatitlán, del cual nunca quiso alejarse. Su último deseo fue que sus cenizas pueblen ese cuerpo de agua, para que tal vez así logre revitalizarse por siempre. Marco Augusto Quiroa no nos ha dejado. Ahora navegará en su nueva faceta: guardián del lago que más quiso. Será una forma de vencer el cáncer que no lo dejó tranquilo en sus últimos días. Fue un hombre íntegro que nunca olvidó su formación en la época revolucionaria de 1944-54 y que mantuvo como su norte. En la obra de este insigne pintor, escritor y político se conjugó el arte con el amor por la revolución.

EL “HUMILDE OBRERO de la cultura”, como gustaba definirse, es uno de los pintores más representativos de Guatemala. La Revista de la Escuela Nacional de Artes Plásticas lo ubica en el figurativismo con tendencia al sincretismo, pero a Maco no le gustaba que lo encasillaran en ninguna tendencia. Su principal inspiración fue el pueblo, las gentes sencillas, en las que lograba transmitir su mensaje de búsqueda de cambio. La indígena envuelta en su perraje, el mercado, las calles y los infinitos colores de las frutas salieron de su pincel. A diferencia de otros artistas que dicen sufrir su obra, Maco afirmaba que para él era todo lo contrario. “Yo pinto porque me dan ganas”, solía decir.

NUNCA CONCIBIÓ el arte como un mero ejercicio estético, sino que lo consideraba un canal, un vehículo, de expresión ideológica en la búsqueda de la revolución socialista. Para Maco, el arte debía estar comprometido con las causas populares, de lo contrario no tenía sentido. Su obra ahora se encuentra en colecciones privadas en España, México y Estados Unidos, pero también en lugares públicos como el bar Guadalajara, en la zona 1, el cual era su principal refugio en su época bohemia.

LA SEGUNDA FACETA de Maco fue la literaria. De sus manos salieron cuentos que, igual que su pintura, son una alegoría a ese pueblo del que siempre se sintió parte. Semana menor, Gato Viejo, Receta para escribir un cuento y Doña Mazacuata son parte de su acervo literario. No pudo llegar a ver la luz de su cuarto libro de cuentos, el cual había dicho que saldría a fines de este año. Asimismo, dejó inconclusa una novela corta, la cual, afirmaba, la escribía sin prisa. “Uno, entre más viejo, menos prisa”, decía con una sonrisa. Su palabra también se extendió al periodismo. Centenares de artículos publicados en elPeriódico dan cuenta de su posición política, de la cual nunca “reculó”, como diría él mismo.

¿SU PRINCIPAL FIGURA política? Jacobo Árbenz Guzmán, de quien tenía una fotografía en la entrada de su casa. Cuando triunfó la revolución de 1944, Maco llegaba apenas a los 7 años, por lo que su educación primaria y secundaria la hizo en pleno período democrático. Esa sólida formación se la llevó hasta su muerte, porque aparte de pintor y escritor, Maco tenía tiempo para la política. En las elecciones pasadas participó como candidato a diputado por la Alianza Nueva Nación (ANN) y su publicidad fue la más polémica al colocar vallas panorámicas con la Maja desnuda, de Francisco de Goya, que, incluso, le causaron problemas en su partido. Ya en el Congreso, Maco no duró mucho tiempo como diputado de la ANN, ya que 13 días después de haber tomado posesión se declaró independiente. La razón: su rechazo al verticalismo y autoritarismo en su partido. Por eso, hoy no hay que llorarlo. Mejor hay que echarse un trago a la salud de quien en adelante será el guardián del lago.

Tomado de Prensa Libre www.prensalibre.com


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