Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Memorias del terror
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 14 de diciembre de 2004

Ahora que existe la posibilidad de que Donaldo Álvarez Ruiz sea capturado en México, considero que ese hecho es un pequeño acto de justicia para las miles de víctimas que provocó

LOS RECUERDOS de la Guatemala de los años 80 son muy dolorosos. Fue la época en que Amnistía Internacional llegó a decir que en nuestro país había un “programa gubernamental de asesinatos políticos”. Y no era para menos. Fueron los días en que los caminos vecinales se convirtieron en tiraderos de cadáveres mutilados, al igual que los ríos, los barrancos y cuantos lugares fuera posible. Los criminales buscaban crear el mayor clima de terror con ese tipo de procedimientos represivos. El objetivo era paralizar a los opositores para que no participaran en actividades políticas antigubernamentales. Eran los años en que Guatemala llegó a ser un paria a nivel internacional, porque el derecho a la vida no existía.

UN NOMBRE está ligado a esos hechos: Donaldo Álvarez Ruiz, quien fue ministro de Gobernación durante los regímenes de Kjell Laugerud García (1974-78) y Romeo Lucas García (1978-82). El responsable de la seguridad interna del país fue el artífice de la peor cacería de brujas que haya habido en el país. Su presencia en esa cartera coincidió con el resurgimiento y desarrollo de las organizaciones guerrilleras y, por lo mismo, con el reforzamiento de la política de seguridad nacional. Durante los largos ocho años que estuvo al frente de ese ministerio, Álvarez Ruiz tejió una amplia red de informantes, secuestradores y torturadores, cuyo objetivo era desmantelar a los grupos marxistas armados. A tal grado llegó su obsesión criminal que hasta en su casa construyó cárceles clandestinas para torturar.

LA LUCHA contrainsurgente se amplió y comenzó la cacería contra toda forma de oposición política. Álvarez Ruiz, el encargado de brindar seguridad a la ciudadanía, pasó a dirigir las operaciones que se llevaron a dirigentes políticos socialdemócratas y de izquierda moderada y a cuanto sindicalista, estudiante, campesino o ama de casa les pareciera sospechoso. Aún recuerdo al estudiante Robin García, quien apareció con la cabeza desecha a martillazos, los asesinatos de Manuel Colom Argueta y Alberto Fuentes Mohr, o el secuestro de los 21 dirigentes de la Central General de Trabajadores (CNT).

TODAVÍA RESUENAN en mis oídos los balazos que cegaron la vida de Oliverio Castañeda de León y la tranquilidad con sus victimarios se fueron disparando sobre la 6a. avenida hacia el sur. Era la impunidad que operaba a una cuadra del Palacio Nacional, donde Álvarez Ruiz tenía su despacho. En la memoria tengo las escenas de la masacre en la embajada de España y los asesinatos diarios de catedráticos universitarios. Era la época del terror en su pleno apogeo. En 1980 yo estudiaba en la Universidad de San Carlos y era candidato a vicepresidente de la Asociación de Estudiantes El Derecho, pero ni siquiera pude concluir la campaña proselitista. Los esbirros me comenzaron a perseguir hasta que decidí salir al exilio. De lo contrario, quizá sería parte de la larga lista de quienes fueron desaparecidos.

AHORA QUE EXISTE la posibilidad de que Álvarez Ruiz sea capturado en México, considero que ese hecho es un pequeño acto de justicia para las miles de víctimas que provocó. Desde ningún punto de vista puede considerarse una venganza, porque serán los organismos correspondientes los que determinen si procede o no cárcel y juicio contra el ex ministro de Gobernación. Lástima grande que la información se haya filtrado antes de que fuera aprehendido, porque es posible que a estas alturas Álvarez Ruiz se haya dado a la fuga. Lo menos que se puede esperar de un individuo como él es que pague con la cárcel los múltiples crímenes que cometió, al igual que le debería corresponder a Romeo Lucas García, Óscar Mejía Víctores, Efraín Ríos Montt, Ángel Aníbal Guevara, Germán Chupina Barahona y Pedro García Arredondo.

Tomado de Prensa Libre www.prensalibre.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.