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Abucheos para el Congreso
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 15 de diciembre de 2004

El aumento que se recetaron los diputados y el escándalo de la UNE contribuyen a desprestigiar la imagen de la clase política del país.

DOS HECHOS HAN COLOCADO los reflectores de la opinión pública sobre el Congreso. El primero es el aumento salarial para los diputados, el cual recibirán a partir del próximo lunes como un regalo navideño que ellos mismos se recetaron. El segundo es el escándalo que afecta a la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), cuyo líder, Álvaro Colom, denunció los presuntos actos de corrupción que efectuó Rolando Morales, su ahora ex correligionario y presidente del Organismo Legislativo. De esta manera, el organismo que debería ser el más representativo de la democracia en el país, cierra el año con más abucheos que aplausos de quienes dice representar.

DICIEMBRE PARECE ser el mes favorito para que los diputados hagan de las suyas. El año pasado, por ejemplo, casi a escondidas aprobaron el acuerdo 44-2003 que les iba a permitir un aumento de casi el cien por ciento de su salario y una excelente indemnización. Afortunadamente los periodistas que cubren la fuente se dieron cuenta de la maniobra y alertaron a la población sobre el saqueo a las arcas públicas que pretendían los llamados padres de la Patria. En esa oportunidad, todas las bancadas fingieron no saber lo que sucedía, igual a lo que ahora ocurre. Debido al rechazo popular, los legisladores tuvieron que dar marcha atrás al mencionado acuerdo, para esperar un mejor momento.

AHORA, DE NUEVA CUENTA y en votación secreta, la Comisión Permanente del Congreso decidió aumentar los gastos de representación y las dietas para sesiones plenarias y de comisiones, por Q10 mil quetzales a cada diputado, para completar un total de Q39,500 mensuales. Ese regalito monetario le representará al Estado Q1 millón 580 mil mensuales y Q18 millones 960 mil cada año. Por supuesto que toda persona merece un mejor ingreso económico, eso no se duda. El inconveniente es que nuestro país afronta una crisis presupuestaria que no le permite darse el lujo de tener a 158 diputados que deciden por sí mismos cuánto más quieren ganar. A eso se agrega que la calidad del trabajo de la mayoría de diputados dista de ser buena. A excepción de un grupo reducido de legisladores, la mayoría se dedica exclusivamente a hacer acto de presencia y a levantar la mano, sin mayor aporte.

PERO SI ESE ESCÁNDALO no bastara, el cotarro político se dio un gran agasajo con las mentadas de madre que se recetaron Álvaro Colom y Rolando Morales, lo cual llevó a este último a renunciar a la UNE. Broncas políticas siempre ha habido y es algo normal que ocurra en los partidos, sobre todo cuando el fondo del asunto tienen que ver con la estrategia política o los fundamentos ideológicos. Empero, en esta ocasión el destape de los uneístas fue la corrupción que era un secreto a voces. Colom acusó a Morales de haber enlodado la Presidencia del Congreso con múltiples corruptelas, además de espionaje telefónico y otras bellezas por el estilo. El segundo arremetió al recordar la forma anómala en que la pasada campaña presidencial del líder uneísta fue en parte financiada con dinero del gobierno del FRG.

AMBOS SUCESOS sólo han venido a desprestigiar aún más a la clase política. Quienes pierden credibilidad no son los diputados y la dirigencia de la UNE, sino el sistema político del país. Ese tipo de acciones sólo vienen a confirmar el aserto popular de que los políticos sólo llegan al Estado para aprovecharse de los recursos económicos y para corromperse. Es obvio que no todos los políticos son iguales y existen quienes actúan de buena fe y con transparencia. Sin embargo, el problema es que este tipo de actos dejan un mal sabor entre la población y no contribuyen en nada a una mejor imagen de la política.

Tomado de Prensa Libre www.prensalibre.com


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