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El garrote y los genéricos
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 3 de enero de 2005

El TLC le significará a los guatemaltecos más pobres la imposibilidad de tener acceso a medicina a bajo costo, gracias a Estados Unidos.

¿CUÁL SOBERANÍA es la nuestra, si Estados Unidos levanta el garrote y no ponemos a temblar? Eso es ni más ni menos lo que sucede con la exigencia de que Guatemala dé marcha atrás a una medida que permitiría a la población pobre tener acceso a medicina barata. Después de varios meses, el Congreso aprobó el decreto 34-2004, que permite la comercialización amplia de genéricos, el cual fue sancionado por el Organismo Ejecutivo el 23 de diciembre pasado. Ese hecho provocó la furia del gobierno norteamericano. Las llamadas telefónicas de Robert Zoellick, representante estadounidense de Comercio, fueron cada vez más amenazantes: El imperio exigía la eliminación de ese decreto o de lo contrario no habría Tratado de Libre Comercio con Centroamérica. Las presiones de Zoellick llegaron al más alto nivel del Gobierno y por otras vías diplomáticas.

LA RAZÓN DE TANTO alboroto es que ese decreto eliminó uno anterior que era demasiado favorable a las farmacéuticas transnacionales, principalmente norteamericanas. Sí, esas que venden las medicinas al precio de un ojo de la cara. Afortunadamente, el Congreso aprobó una mayor comercialización de medicina genérica a bajo costo. El blen del asunto es que así el negocio se les cae a las transnacionales y por eso acudieron a pedir la protección de Washington, para que ellas vuelvan a reinar en Guatemala. Es entendible que las farmacéuticas quieran resarcirse de los costos que les ha llevado la investigación de los nuevos medicamentos, pero también es cierto que Guatemala es un país donde la gente se muere porque no tiene para comprar medicinas. Y no se trata de demagogia, sino de una vivencia lacerante, en la que el nuevo decreto tenía su razón de ser.

ESTA SITUACIÓN demuestra cuán asimétricas son las relaciones entre Estados Unidos y nuestros paisitos. Nosotros, por ejemplo, jamás aspiraríamos a exigirle al gobierno de George W. Bush que elimine las leyes que afectan a nuestros hermanos migrantes, por muy negativas que sean. Pero los funcionarios del Imperio sí pueden vociferar hasta lograr que nuestras autoridades bajen la cabeza y obedezcan. Sobre todo porque Zoellick le ha dicho a los demás gobiernos centroamericanos que si el TLC no avanza, es por culpa de Guatemala, lo que implica una mayor presión internacional.

Y EL GRAN PROBLEMA es que nuestro país no puede decirle no al TLC. Quienes propugnan porque lo rechacemos, sencillamente no tienen noción de lo que en un mundo globalizado significa el aislamiento comercial. No podemos sustraernos a un tratado como ese, porque significaría nuestra debacle económica. ¿A quién podríamos venderle nuestros limitados productos, principalmente agrícolas, por ejemplo? Pero el costo de ingresar al mercado del norte, es demasiado alto. Ya lo vemos con el conflicto de los genéricos, donde lo más probable es que el garrote gringo se imponga. El TLC le significará a los guatemaltecos más pobres la imposibilidad de tener acceso a medicina a bajo costo, gracias a Estados Unidos.

Fuente: Prensa Libre www.prensalibre.com


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