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¿Será Ramazzini el problema?
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 19 de enero de 2005

Posiblemente Berger logre imponer la decisión de los empresarios, pero tendrá perdida la batalla política porque se ha negado a escuchar a los campesinos, a quienes también representa.

LOS HECHOS VIOLENTOS ocurridos la semana pasada en Sololá, con cauda de un muerto y 20 heridos, provocó un enfrentamiento verbal entre el gobierno de Óscar Berger y la Iglesia Católica, que se ha convertido en el único sector opositor en el país. Sin embargo, ese diferendo no puede verse fuera del contexto de sus implicaciones políticas e ideológicas de fondo. Ni siquiera la minería resulta ser el aspecto de mayor importancia, quizá sólo sea el pretexto. En realidad, uno y otro sector comienzan a perfilarse como representantes de sectores muy bien definidos: Berger como el portavoz de los empresarios y la Iglesia como la voz de los campesinos.s

BASTA RECORDAR lo ocurrido el martes 11 de enero. Más de 700 policías, apoyados por efectivos del Ejército, se lanzaron contra los pobladores de la aldea Los Encuentros, Sololá, para defender el cilindro de la empresa Montana. Mi opinión es que la acción de los campesinos fue a todas luces ilegal porque vedaba el derecho de la libre locomoción del cilindro y de centenares personas que quedaron varadas por un asunto que no era de su incumbencia. Pero también fue una salvajada la de las fuerzas policiales de entrarle con todo a los campesinos. Un acto que dista mucho de cómo la Policía Nacional Civil enfrenta a la delincuencia. Pero el hecho no quedó ahí. El presidente Berger señaló directamente al obispo de San Marcos, Álvaro Ramazzini, de estar detrás de quienes bloquearon la carretera.

“ESA ES LA PARTE de la Iglesia que no nos gusta”, dijo Berger en una reunión que sostuvo con un grupo de columnistas el día siguiente, en referencia, obviamente a Ramazzini. Ahora ya no hay guerrilleros ni comunistas a los cuales acusar de azuzar a los campesinos. El señalamiento fue directo hacia un religioso que ha manifestado su oposición a la minería a cielo abierto, porque conoce muy bien la realidad de pobreza que se vive en San Marcos y que probablemente la minería en lugar de solucionarla, la incremente. Lejos de asumir una actitud equidistante, en particular porque representa a todos los guatemaltecos, incluyendo a quienes adversan la minería, el mandatario se volvió el vocero de la empresa Montana, ergo del empresariado.

LA RESPUESTA no pudo ser más contundente. El martes 18 de enero, fue publicada una lluvia de campos pagados del sector privado: Industriales, avicultores, mineros, fabricantes de calzado, de productos alimenticios, de embotelladores, y otros gremios acuerparon al gobierno de Berger. En los comunicados se solidarizaron con el Gobierno y el Ministerio de Gobernación, sí, el mismo que no ha detenido la violencia delincuencial, el principal factor que ahuyenta las inversiones extranjeras. Más claro no canta un gallo. Fue una posición unificada para aplaudir la acción violenta de las fuerzas de seguridad el 11 de enero y en claro rechazo a la posición de la Iglesia Católica. El sector privado ha blindado a su gobierno.

¿EL PROBLEMA será el obispo Ramazzini o un gobierno que se niega a escuchar a los campesinos? En el fondo de esta polémica están dos proyectos de Estado y dos formas de visualizar la forma de desarrollo que el país requiere. Una, la del sector empresarial empeñado en la minería a cielo abierto a costa de todo, incluyendo de la población afectada y del ambiente. La otra, la que abandera el cardenal Rodolfo Quezada Toruño, no sólo Ramazzini, está en función de tomar en cuenta los intereses y necesidades de los campesinos pobres, en cuyas tierras se trata de explotar los metales preciosos. Posiblemente Berger logre imponer la decisión de los empresarios, pero tendrá perdida la batalla política porque su gobierno se ha negado a escuchar a los campesinos.

Fuente: Prensa Libre www.prensalibre.com


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