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De lacayos y serviles
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 2 de febrero de 2005

Palmieri trata de justificar la masacre de la embajada española, al indicar que fue producto de errores y no de un acto criminal del gobierno de Lucas García.

EL MIÉRCOLES ANTERIOR escribí sobre la masacre de la embajada de España, en 1980. Mi intención era evidenciar que los campesinos tocaron múltiples puertas para denunciar la forma en que el Ejército efectuaba acciones represivas en Quiché, como secuestros y masacres. Transcribí parte de un editorial de La Hora, en el que ese diario reconocía que la falta de apoyo a los k’iche’s los orilló a tomar la misión diplomática. Concluía mi artículo con lo siguiente: “Sólo los lacayos, los serviles podrían justificar el crimen ocurrido en la misión diplomática. En la historia de Guatemala, Lucas García únicamente podrá ser definido como un criminal”.

AL PARECER, Jorge Palmieri, columnista de elPeriódico, se sintió aludido con lo de lacayos y serviles. El lunes pasado, sin tener la valentía de mencionar mi nombre, me califica de bellaco: “Para ese bellaco somos ‘lacayos y serviles’ quienes expresamos algo diferente de lo que ellos han venido repitiendo desde entonces”, afirma. En ninguna parte de mi columna mencioné a Palmieri, por lo que su encono es gratuito, a no ser que él se identifique plenamente como lacayo y servil, y le moleste que le digan la verdad. Me tacha de trasnochado y otras bellezas, pero lo cierto es que cuando uno lee su columna se da cuenta de que el trasnochado es él, porque aún utiliza el lenguaje de la guerra fría, de los escuadrones de la muerte y, obviamente, del régimen de Lucas García, de quien fue su embajador en México.

PALMIERI TIENE memoria sólo para lo que le conviene. Hace dos años, en esta misma columna, me solidaricé con él cuando denunció que un grupo de religiosos la había emprendido en su contra por criticar la cuasi complicidad de la jerarquía de la Iglesia Católica con los curas pederastas. “Yo puedo tener divergencias con la ideología de Palmieri, puedo considerar que algunos de sus escritos no sean de mi agrado, pero nunca esos aspectos podrán pasar por encima de su derecho constitucional a decir lo que piensa”, escribí el 5 de enero de 2003. Poco después, Palmieri desmintió lo que él mismo había denunciado, lo cual dejó ver su falta de consistencia, pantalones dirán otros, para sostener lo que afirmó. En esa ocasión, por supuesto, no me trató de bellaco.

PERO VOLVIENDO a la columna de Palmieri, es obvia la forma en que trata de justificar la masacre de la embajada de España. Según él, lo que hubo fueron errores y no un crimen de Estado. Por ejemplo, insiste en la versión de Lucas García de que el embajador español Máximo Cajal fue quien invitó a los campesinos a tomar la embajada, algo que no se ha comprobado. Sin embargo, a continuación afirma que los indígenas no sabían lo que hacían y que los dirigían estudiantes “subversivos”. Entonces, ¿quién le entiende, sabían o no lo que hacían los indígenas? En el fondo, se evidencia el racismo de Palmieri al continuar con la cantaleta de que los campesinos mayas son ignorantes y no saben lo que hacen.

PALMIERI DICE que las autoridades respondieron a los telefonemas de la embajada que pedían protección. Lo raro es que en su columna también afirma que estuvo frente a la misión diplomática, cuando ocurrieron los hechos, lo cual quiere decir que pudo ver y escuchar cuando el embajador español, con un megáfono, le pedía a las fuerzas de seguridad que no ingresaran a la sede y se retiraran. Previamente se lo había solicitado al vicecanciller Alfonso Alonso Lima, porque el canciller Rafael Castillo y el ministro de Gobernación Donaldo Álvarez Ruiz se negaron a hablar con el embajador.

ENTONCES, ¿POR qué tergiversa Palmieri los hechos al decir que la policía entró por los supuestos llamados de auxilio de los diplomáticos, cuando no los hubo? La respuesta es una sola: Palmieri trata de justificar la masacre de la embajada, al indicar que fue producto de errores y no de un acto criminal del gobierno de Lucas García. Trata de limpiarle la cara a un régimen espurio.

Fuente: Prensa Libre www.prensalibre.com


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