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El poder en el Vaticano
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 13 de abril de 2005

El conservadurismo católico buscará prolongar su influencia en el nuevo papado.

QUIZA NO SEA LA ORGANIZACIÓN católica más numerosa, pero sí la más poderosa en el Vaticano. Durante el Pontificado de Juan Pablo II, el Opus Dei se convirtió en el poder tras el trono y tiene una innegable fuerza definitoria para el nuevo papado. “Existe cierta preocupación sobre si el próximo Pontífice será receptivo a algo como el Opus Dei”, indica Anthony Figueiredo, un sacerdote y profesor de teología de la Universidad norteamericana de Seton Hall, y quien sirvió en la Santa Sede. Crónica, la revista interna del Opus Dei, afirma que éste fue constituido por José María Escrivá de Balaguer para “salvar a la iglesia y al papado”. Esa habría sido la razón de que los seguidores del cura español tuvieran particular interés en estar junto al jefe del Vaticano.

MUCHO SE HA HABLADO de las buenas relaciones que Karol Wojtila tenía con ese grupo conservador. Sin embargo, cuando se adentra en la vida de Juan Pablo II, se puede observar que no eran únicamente buenos vínculos, sino cierta organicidad entre el Sumo Pontífice y esa agrupación. Jesús Ynfante, en su libro La cara oculta del Vaticano, explica que los primeros contactos de Wojtila con el Opus Dei se iniciaron a comienzos de los años setenta. En ese entonces el sacerdote polaco coincidía con la Obra, como también es conocida esa organización, en que había una catástrofe en el Vaticano y que era necesaria una limpieza total. “Su pensamiento tenía una lógica interna implacable de sentido integrista, siguiendo un modelo medieval de la persona humana, de la sexualidad, del matrimonio y de la Iglesia, en el cual los principios predominantes eran la jerarquía y la subordinación”, refiere Ynfante.

CUANDO AÚN ERA obispo de Cracovia, Wojtyla viajaba a Roma invitado por el Opus Dei y se alojaba en la residencia de ésta. Asimismo, la Obra contribuía al financiamiento del sindicato polaco Solidaridad, que representaba las aspiraciones políticas de Wojtyla. Por ello, no parece extraño que en su elección como Papa, esa organización haya jugado un papel de primer orden, de la mano del cardenal austriaco König, cercano a la Obra. Por eso tampoco es extraño que Juan Pablo II le haya otorgado el título de Prelatura Personal al Opus Dei, con lo que le daba un estatuto parecido al de una diócesis sin límites y cuya única autoridad era el mismo Papa. La segunda muestra de aprecio fue la beatificación de Escrivá de Balaguer en 1992 y su canonización en 2002, todo un proceso relámpago.

EN EL VATICANO, Juan Pablo II se rodeó de miembros del Opus Dei, como los capellanes Joachim Pacheco, Klaus Becker, Fernando Ocariz y Felipe Rodríguez, así como su portavoz Joaquín Navarro Valls. En América Latina el Papa nombró numerosos obispos de la Obra: Siete en Perú, cuatro en Chile, dos en Ecuador, uno en Colombia, uno en Venezuela, uno en Brasil y otro en Argentina. Empero, el nombramiento más polémico fue el de Fernando Sáenz Lacalle, como arzobispo de San Salvador y quien había sido capellán del Ejército salvadoreño. Sustituía nada menos que a Óscar Arnulfo Romero, asesinado por un escuadrón de la muerte, ligados con las fuerzas armadas de ese país. De esa manera, la obra ampliaba su influencia conservadora en la iglesia y en la sociedad latinoamericana.

AHORA, TRAS LA MUERTE de Juan Pablo II, la Obra puede tener fuerte influencia en el Cónclave que elegirá al nuevo Papa. Oficialmente se sabe que dos obispos, un español y un peruano, son del Opus Dei, pero en la lista de cardenales y arzobispos hay más que coquetean con esa organización. Entre ellos se menciona al alemán Joseph Ratzinger, al español Eduardo Martínez Somalo, carmalengo o regente de la iglesia en este período, y al italiano Camillo Ruini. Según el teólogo español Juan José Tamayo, “el Opus Dei es una organización religiosa que opera en el corazón mismo del poder de la Iglesia Católica y pretende influir en los sectores donde se juega la organización de la sociedad”. El sacerdote e historiador español Juan María Laboa es más contundente: “el Opus Dei está tan bien establecido que el nuevo Papa muy difícilmente trate de limitar su influencia, aún si así lo quisiera”.

Fuente: www.prensalibre.com


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