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El guardián del dogma
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 20 de abril de 2005

Si la jerarquía católica quiere evitar que sus templos se queden vacíos, tendrá que oír la voz de sus fieles y no alejarse tanto de la realidad.

EL PRIMER PAPA ELEGIDO en el tercer milenio tiene el signo del dogmatismo. Joseph Ratzinger, conocido ahora como Benedicto XVI, es ni más ni menos que la continuidad de Juan Pablo II, aunque sin el tamiz que éste representaba al conservadurismo de quien fuera su brazo derecho. En efecto, si antes las posiciones autoritarias de Ratzinger eran de alguna manera matizadas por el Papa difunto, ahora el nuevo Pontífice tendrá carta libre para ejercer su reinado con el más puro control ideológico en las estructuras internas de la Iglesia Católica. Quienes esperaban la posibilidad de vientos de cambio y modernización, tendrán que seguir esperando porque el nuevo jefe del Vaticano representa exactamente lo contrario.

RATZINGER PRESIDIÓ desde 1981 la Congregación para la Doctrina de la Fe, heredera del Santo Oficio de la Inquisición que llevaba a la hoguera a sus opositores o que parecían ser sus opositores. Si bien el entonces cardenal alemán no quemó vivos a los críticos de la Iglesia, sí los confinó al destierro eclesial, que viene a ser casi lo mismo. Durante el reinado de Juan Pablo II, 140 teólogos fueron castigados, según el ex fraile brasileño Leonardo Boff, una de las víctimas de la mano dura vaticana. Otro de ellos fue el alemán Hans Kueng, a quien el poder católico le retiró su habilitación como profesor de teología, en particular por poner en duda la infalibilidad del Papa, o sea que debía aceptar que un Pontífice jamás se equivoca, calidad divina, para haber permanecido en el seno de la Iglesia.

EL LUNES PASADO, cuando se inició el cónclave que lo eligió, Ratzinger pronunció una homilía, que fue considerada su programa electoral, en la que condenó la “dictadura del relativismo”, que definió como dejarse llevar por cualquier viento de doctrina. De esa manera se plantó como el candidato del conservadurismo y el que mantendría cerrada las puertas a que las mujeres puedan ejercer el sacerdocio, negativa al control natal por medios artificiales y un no a que los sacerdotes se puedan casar, entre otras reformas. Quizá por ello, Fabián Sanabria, director del Instituto Colombiano de Estudios Religiosos, indicó que Benedicto XVI “va a contribuir a agrietar a la Iglesia Católica”, por negarse a introducir modificaciones que podrían cohesionar a una feligresía que ve una doble moral entre algunos de sus pastores y que viven una vida distinta a los dogmas católicos.

POR EXTRAÑO que parezca, el nuevo pontífice tenía en Alemania a sus principales detractores. Una encuesta realizada por el semanario Der Spiegel, entre el 5 y el 7 de abril en ese país europeo, señalaba que el 39 por ciento de alemanes consultados no estaba de acuerdo con que su paisano se convirtiera en Papa, sólo el 29 por ciento estaba a favor y el 17 por ciento no expresó ninguna preferencia. La agencia AP señala que ese resultado quizá se debería a que muchos alemanes ven a Ratzinger como el principal responsable de decretos religiosos que impiden a sacerdotes católicos asesorar a adolescentes embarazadas y de impedir que los católicos alemanes participaran en una misma comunión con los luteranos durante una ceremonia conjunta en el 2003.

OJALÁ Y RATZINGER no vaya a ser tan conservador como ha sido hasta ahora o como le interesaría que fuera al Opus Dei, de quien era el candidato ideal para ser Papa. Las nuevas generaciones no son tan fáciles de encerrar en la peor ortodoxia católica, porque de lo contrario tenderán a buscar nuevos horizontes en iglesias renovadas. Si la jerarquía católica quiere evitar que sus templos que se queden vacíos y que se revierta la tendencia a un déficit de sacerdotes, tendrá que oír la voz de sus fieles y no alejarse tanto de la realidad.

Fuente: www.prensalibre.com


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