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Los apuros de Washington
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 4 de mayo de 2005

La OEA históricamente ha cumplido los designios de EE.UU. y ha callado cuando ese país ha agredido a otros miembros de ese organismo continental.

ESTADOS UNIDOS sufrió la primera derrota política en la Organización de los Estados Americanos (OEA), la que ha considerado como parte de su patrimonio. El triunfo del socialista chileno José Miguel Insulza demostró que en América Latina comienza a generarse una corriente de opinión diferente a los años en los cuales Washington podía hacer lo que le viniera en gana en el continente, sin que ese organismo dijera nada. Dos candidatos abiertamente apoyados por la Casa Blanca fracasaron en el intento de hacerse de la Secretaría General del organismo. El primero, el salvadoreño Francisco Flores no pudo con su imagen proestadounidense y tuvo que renunciar para no afectar al mexicano Luis Ernesto Derbez, la segunda pieza gringa.

EL PASADO 11 de abril se produjo un quíntuple empate entre Insulza y Derbez, quienes representaban a la izquierda y la derecha, respectivamente. Pese a las maniobras estadounidenses, la tendencia del empate parecía continuar, hasta que Paraguay, que en principio apoyó a México, decidió respaldar a Chile. La derrota estadounidense estaba asegurada e iba a ser históricamente sonora, por lo que su diplomacia se aplicó a fondo para buscar por lo menos reducir el golpe político latinoamericano a su política exterior. La secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, viajó a Santiago de Chile donde se reunió con Derbez e Insulza, y propició que el primero renunciara a su candidatura para evitar que saliera como perdedor. Fue la política de las apariencias, en las cuales Washington aceptaba que el chileno ganara para no tener que afrontar una derrota con el mexicano.

PESE A QUE ESTADOS Unidos aseguró que no había influido en ese sorpresivo cambio, uno de sus funcionarios dio declaraciones que evidenciaban la maniobra. El subsecretario de Estado, Roger Noriega, afirmó que ese “resultado unificador fue producto del liderazgo de Estados Unidos” y que “hay que enfatizar que somos el único país que podría producir ese resultado a favor de la unidad en las América”. Esa afirmación significaba el reconocimiento implícito de que Washington obligó a Derbez a abandonar su candidatura, con lo que se demostró que el mexicano no era más que su peón. Ante la nueva coyuntura en la OEA, es probable que Estados Unidos piense en replantear su política hacia Latinoamérica por la vía diplomática o, por el contrario, apretar por el lado más débil: forzarla a cumplir sus designios so pena de cortarle su aporte anual de US$59.5 millones.

LA TAREA DE INSULZA será difícil porque no podrá prescindir del aporte estadounidense que representa el 60 por ciento de los ingresos del organismo continental, pero a la vez, de cara de sus electores latinoamericanos, debe demostrar buen grado de independencia del imperio. Históricamente, la OEA ha servido a los intereses de Estados Unidos y le ha volteado la espalda a otros países miembros que han sido atacados por los norteamericanos. Esa organización sirvió como plataforma de ataque contra el gobierno guatemalteco de Jacobo Árbenz Guzmán, en 1954, el cual fue derrocado por un golpe de Estado dirigido y financiado por Estados Unidos.

LA OEA TAMBIÉN guardó un vergonzoso silencio frente a la invasión estadounidense a Cuba, en 1961; República Dominicana, en 1965; Granada, en 1963; Panamá, en 1989, y Haití, en 2004. Y aunque el subsecretario de Estado Noriega diga que uno de los principios de la OEA es que no tenga líneas ideológicas ni regionales, desde 1962 Cuba fue suspendida de ese organismo por presiones de Estados Unidos. Desde esa perspectiva, parece cuesta arriba que Insulza pueda revertir una historia de indignidades y lograr que esa instancia continental pueda responder a los intereses de todos sus miembros y no sólo de uno. Ojalá y el representante chileno pueda inaugurar un nuevo período digno para la OEA.

Fuente: www.prensalibre.com


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