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Plan de Sánchez
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 20 de julio de 2005

Fue incomprensible la ausencia del presidente Óscar Berger en la ceremonia en la cual el Estado, al que representa, pidió perdón a las víctimas de la masacre.

VEINTRÉS AÑOS después de la masacre en Plan de Sánchez llega una simbólica reparación de justicia. Le tocó al vicepresidente Eduardo Stein proferir las palabras para pedir perdón a los sobrevivientes y familiares del múltiple asesinato cometido por tropas del Ejército. La sensibilidad de Stein, quien casi lloró, contrastó con la indiferencia que mostró el presidente Óscar Berger, a quien sencillamente no le dio la gana asistir a esta ceremonia. ¿Le importó un pepino el desagravio a las víctimas o no entendió la importancia de este acontecimiento? ¿Por qué no fue, si ahora es el comandante general del Ejército que cometió la matanza? Lo cierto es que Berger demuestra cuán lejos está su corazón del dolor del pueblo indígena del país.

Y TUVO QUE SER un organismo extranjero el que le diera la razón a los familiares de las víctimas. La petición de perdón forma parte de las órdenes emanadas de la condena de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) contra el Estado guatemalteco. En la resolución de esa institución se señala que el 18 de julio de 1982, cuando gobernaba el general Efraín Ríos Montt, llegaron a Plan de Sánchez, una aldea de Rabinal, unos 60 militares al mando de los tenientes Solares y Díaz. Los elementos castrenses fueron de casa en casa para sacar a sus moradores, a quienes luego los llevaron a otra vivienda. A unas 20 niñas las condujeron a una casa donde las violaron y luego les dieron muerte. Al resto de la población también les dieron una muerte cruel, al arrojarles granadas y dispararles en forma indiscriminada hasta que cayera el último.

SEGÚN EL INFORME de la CIDH, a los niños los soldados los mataron a puntapiés y golpes. Posteriormente, los efectivos del Ejército incendiaron la vivienda donde estaban los cadáveres. En total, fueron masacradas 268 personas, sin que hubiera alguna razón valedera para ser sacrificadas. Eran los tiempos del conflicto armado, cuando la guerrilla izquierdista atacaba a los militares y luego se replegaba. Por ello, el Ejército consideró que sólo podía acabar con los insurgentes si exterminaba a la población que le podía servir de base social. Con esa estrategia, la institución castrense masacró más de 600 comunidades mayas del país, lo que provocó el éxodo de miles de compatriotas hacia el sureste de México.

PERO EN NUESTRO país se ha cometido una doble injusticia. Las víctimas fueron asesinadas por el Ejército y cuando sus familiares buscaron justicia, ésta les fue negada. En el Ministerio Público fue presentada la denuncia, la cual nunca fue investigada, sea por miedo o por contubernio con los responsables de la masacre. El caso está engavetado y la Fiscalía General no ha nombrado ningún especial para el efecto. Bien se ve que para el caso del ex presidente Alfonso Portillo si han sido diligentes, quizá por su connotación política, pero no para brindar justicia a una comunidad marginada de todo. Esa ausencia de justicia, fue lo que llevó a un grupo de vecinos de Rabinal a plantear la denuncia ante la CIDH, porque en nuestro país no tienen posibilidad de tener justicia.

ESO SE LLAMA impunidad, porque se conocen los apellidos de los oficiales, Solares y Díaz, que dirigieron la masacre y del comandante general del Ejército en aquella época, Ríos Montt, pero no ha pasado nada. Tal pareciera que la vida de los 268 indígenas no importara, al igual que los miles que fueron asesinados durante el conflicto armado. Por eso también es incomprensible la ausencia del presidente Berger en la ceremonia de honras a las víctimas de la masacre de Plan de Sánchez. Ni siquiera fue capaz de pedirles perdón a las víctimas, en nombre del Estado al que representa. En fin. Ahora le corresponde al Ministerio Público demostrar que también puede enderezar investigaciones en casos como éste, para que la justicia caiga sobre los responsables de esta masacre.

Fuente: www.prensalibre.com


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