Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

El katrinagate
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 7 de septiembre de 2005

Además de la lentitud en la asistencia a los damnificados, Bush también bloqueó con anterioridad medidas que hubieran reducido el impacto del huracán.

EL AMBIENTE de fiesta, jolgorio y carnaval quedó atrás. La frase laissez les bons temps rouler (deja que los buenos tiempos rueden) y el jazz fueron hechos añicos por el huracán Katrina. Las escenas que aparecieron en la televisión norteamericana y mundial no eran ya los del Mardi Grass, el New Orleáns Jazz Heritage o el Carnaval Latino, sino las de una Nueva Orleáns irreconocible. Los damnificados en los techos de sus viviendas, los cuerpos de los cadáveres flotando en las aguas y una ciudad inundada por los cuatro costados, se antojaba difícil de creer que no fuera una ficción de Hollywood. Tan así que las autoridades norteamericanas tardaron varios días en entender que no se trataba de una tragedia en una zona geográfica lejana, sino en su propio territorio.

NUNCA ANTES el imperio se había estremecido ante una catástrofe de la magnitud de Katrina que de paso vino mostrar en una vitrina mundial la pobreza en que viven miles de afroamericanos. Atrás de la portentosa industria turística de la Nueva Orleáns del barrio francés, existe otra historia muy sinuosa de miseria y exclusión. Esa fue la que destapó el huracán y que los funcionarios de la Casa Blanca ayudaron a hacer más evidente al no proporcionarles una ayuda rápida y efectiva. Hoy la comunidad negra estadounidense afirma que esa tardanza no fue por falta de capacidad operativa, sino a una muestra clara de racismo y discriminación porque la mayoría que sufrió y murió era población negra.

NO SÓLO HUBO DESIDIA para enfrentar la tragedia, sino que desde hace algunos años esa ha sido la tónica del gobierno de George W. Bush. A inicios del 2001, la Oficina Federal de Emergencias (Fema) advirtió que los desastres más probables en EE.UU. eran tres: una inundación catastrófica causada por un huracán en Nueva Orleáns, un ataque terrorista en Nueva York y un gran terremoto en San Francisco. Empero, el gobierno de George W. Bush no le dio importancia a esas advertencias y en lugar de reforzar las estructuras de los diques que rodean la ciudad, recortó el presupuesto de mantenimiento. Lo mismo ocurrió con la Fema, la cual fue diezmada y absorbida por el Departamento de Seguridad Interna. Katrina rompió los diques y el agua retenida se fue sobre la ciudad entera.

LUEGO DEL HURACÁN, también los medios de prensa norteamericanos cambiaron su habitual actitud pro Washington. Si durante la guerra en Irak, los noticiarios gringos difundían casi exclusivamente la versión oficial de los hechos, ahora ocurrió algo diferente. Por primera vez en muchos años, hubo una actitud periodística crítica ante la ineficiencia y la demora gubernamental para atender a los damnificados. Hasta la conservadora cadena Fox tendió a criticar a la Casa Blanca. No podía ser de otra manera, ya que los periodistas estaban frente al dolor de los damnificados y deudos, que no recibían el apoyo del gobierno norteamericano. Faltará ver si Katrina constituye un parte aguas hacia un periodismo más independiente o retorna la actitud complaciente de los medios estadounidenses.

KATRINA TAMBIÉN demostró que el deterioro ecológico agravó la catástrofe. Según Robert Twilley, director del Instituto de Biogeoquímica de Humedales, de la Universidad del Estado de Luisiana, la destrucción masiva de humedales por el desarrollo industrial en las costas del sudeste de EE.UU. agravaron los efectos del huracán. Fotos satelitales tomadas luego del tsunami que afectó el sudeste asiático demostraron que las regiones con manglares costeros permanecieron relativamente intactos y lo que carecían de estos fueron devastados. En 2002 le fue presentada a la Casa Blanca un plan de US$14 mil millones para proteger Nueva Orleáns. Se planteaba construir nuevas islas-barrera, fortalecer los diques y reencauzar un tercio del río Mississipi para restaurar los humendales. Sin embargo, el gobierno de Bush solo aprobó US$2 mil millones, lo cual echó al traste el proyecto. Así, la historia de la devastación causada por Katrina tiene mucha historia anterior de desidia.

Fuente: www.prensalibre.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.