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De sotanas y anticonceptivos
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 7 de diciembre de 2005

Ojalá el presidente Óscar Berger no se deje manipular por los heraldos del oscuratismo, cuya visión del sexo y la planificación familiar aún está en la edad media.

CUESTA CREER que en pleno siglo 21, un Estado laico como se precia de ser el guatemalteco, aún esté sujeto a las presiones y chantajes de sectores religiosos, como en el caso del rechazo a la ley de acceso universal y equitativo de servicios de planificación familiar. En un Estado como el nuestro, los puntos de vista de las iglesias, Católica o evangélica, no pueden ni deben estar por encima de la formulación de leyes, ni en la definición de políticas públicas. Ese principio de separación de la iglesia y el Estado pareciera no ser asumido aún por los jerarcas religiosos, pese a que desde los años 60 se aceptó la Declaración sobre la libertad religiosa del Concilio Vaticano II. Como muy bien dice la boliviana Ivana Calle Rivaz, durante más de 17 siglos (de la conversión de Constantino a 1966) imperó la creencia de que la ley civil debía adecuarse a las enseñanzas morales de la iglesia.

EN LAS ÚLTIMAS semanas hemos visto como los curas y obispos se rasgan las vestiduras en contra de los métodos anticonceptivos y la posibilidad de que el Estado se decida de una vez por todas a proporcionar educación sobre planificación familiar y pueda distribuir esos objetos profanos. Pero me llama la atención que dichos jerarcas no hayan dicho ni pío cuando el presidente Óscar Berger vetó la ley de pensión económica del adulto mayor, pese a que esa medida afecta a miles de personas de la tercera edad que son parte de su feligresía. Así es la vida en el trópico, donde desde el púlpito se tienen agendas políticas para continuar con visiones oscurantistas acerca de la sexualidad y de los derechos sexuales y reproductivos.

PERO SI LAS JERARQUÍAS católicas y evangélicas creían que sus puntos de vista eran populares, se habrán llevado un gran mentís con los resultados de la encuesta que efectuó la firma Vox Latina. Prensa Libre publicó el lunes recién pasado que, de acuerdo con el sondeo telefónico efectuado los días 30 de noviembre y 1 de diciembre, una abrumadora mayoría deja ver cómo las posiciones religiosas son antipopulares. A la pregunta de “¿Quiénes tienen una mejor vida: las familias que tienen muchos hijos o las que tienen poco hijos?”, el 94.3 por ciento dijo que las que tienen poca descendencia. La segunda pregunta indicaba: “Las parejas deben planificar cuántos hijos tener, o tener los que Dios mande?”. El 95 por ciento dijo que la familia debe planificarse, o sea ya no es tan fácil engañar a la gente con los credos religiosos.

ES MUY importante la respuesta a la pregunta “¿Cree usted que el Ministerio de Salud debería enseñar o ayudar a las personas a poder planificar el número de hijos que quiera tener?”. El 96 por ciento de los 600 entrevistados, hombres y mujeres, se mostró de acuerdo con que esa cartera desarrolle un programa de salud reproductiva. Y si aún esa respuesta no convence, la cuarta sí lo puede hacer: “Está usted de acuerdo con que el Ministerio de Salud Pública le regale a las familias condones, píldoras o cualquier otro método para no tener tantos hijos o espaciar el número de embarazos?”. El 89.7 por ciento dijo que sí está de acuerdo, con lo que demostraría que las posiciones de las iglesias Católica y evangélica son totalmente antipopulares y sus seguidores no toman en cuenta lo que dicen sus dirigentes espirituales.

OJALÁ EL PRESIDENTE Óscar Berger no se deje manipular por los heraldos del oscuratismo, cuya visión del sexo y la planificación familiar aún está en la Edad Media. Es obvio que para combatir la pobreza hacen faltan políticas de amplio espectro, pero también lo es que la planificación familiar contribuye a crear conciencia en las familias acerca del número de hijos a tener y evitar la descendencia no deseada. Sería trascendental que el presidente Berger sancionara la ley de acceso universal y equitativo de servicios de planificación familiar para contribuir al desarrollo de la población guatemalteca.

Fuente: www.prensalibre.com


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