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Un país de pobres
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 15 de septiembre de 2007

¿Ha escuchado que Otto Pérez o Álvaro Colom hayan dicho cómo combatirán la desigualdad social?

Es inexplicable que en un país donde hay tanta miseria, el debate presidencial se desvíe a aspectos de menor importancia, incluso tan banales como los insultos entre los candidatos. “La mano dura” y “el combate de la violencia con inteligencia” son los lemas que acaparan las luminarias de la publicidad de los competidores por la silla presidencial. Sin embargo, se olvidan de que éste es, esencialmente, un país de pobres bien pobres y cuya demanda principal debería ser salir de esa pobreza con políticas de desarrollo integral. El martes recién pasado, por ejemplo, el Instituto Nacional de Estadística dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida, llevada a cabo en 2006. La investigación de campo, con 68 mil entrevistas, nos muestra una radiografía actualizada de la desigualdad social que existe en este país.

Si bien se señala que la pobreza general pasó de un 56 por ciento de la población en 2000 a un 51 por ciento en 2006, esa reducción no muestra un cambio significativo a nivel nacional. Esos números indican que hay 6.6 millones de guatemaltecos en esa situación de precariedad. Lo mismo ocurre con la extrema pobreza general, que pasó de 15.6 por ciento en 2000 a 15.2 por ciento, seis años después, porque apenas se redujo en 0.4 por ciento. En términos reales, ese dato representa a un millón 976 mil 604 personas en completa miseria. Esta encuesta también muestra la cruda realidad de la concentración de la riqueza en el área metropolitana, que solo tiene el 16.30 por ciento de pobreza y el 0.50 por ciento de pobreza extrema, lo cual la coloca en una posición privilegiada con respecto del resto del país.

Estimado lector ¿usted podría vivir 30 días con menos de Q264 que le servirían para pagar el alquiler de la casa, darle de comer a su familia, vestirla, darle medicinas cuando las necesite, proporcionarles estudio, estirarlos para pagar el transporte y, si le sobra algo, darles algo de recreación? Definitivamente no, e imagino que se volvería loco. Pero esa es la realidad de miles de familias que viven con menos de Q8.8 diarios y que están clasificadas en el renglón de extrema pobreza. Ni siquiera quienes están ubicadas en el renglón de pobreza, con Q540 mensuales, o sea, Q18 al día, pueden tener una vida decente. Y estamos hablando de más de seis millones de seres humanos, iguales a usted y a mí, que sufren esa situación todos los días de su vida y que no logran escapar de ella por falta de oportunidades.

El departamento campeón en desigualdad es Quiché donde 81 personas de cada cien viven en pobreza, y de éstas, 25 sobreviven en la extrema pobreza. Eso quiere decir que solo 19 tienen condiciones dignas de vida. En Alta Verapaz, el 78.80 por ciento es pobre, y de éste, el 43.50 por ciento es extremadamente pobre, mientras que en Baja Verapaz la relación es de 70.40 y 21.20 por ciento. Huehuetenango, Sololá, Totonicapán y Sololá, entre otros, muestran porcentajes parecidos. Por si no lo ha notado, en esos departamentos es donde se concentra el mayor número de indígenas y donde los servicios básicos son más precarios.

¿Ha escuchado usted que los dos candidatos presidenciales hayan dicho cómo enfrentarán esta situación? No, porque el combate de la pobreza no vende, y a ellos solo les interesa desarrollar una propaganda inmediatista y tampoco parecieran estar preparados para impulsar un programa de desarrollo integral, a largo plazo. Entre las causas de esa desigualdad está la ausencia de oportunidades de todo tipo, de empleo, de asistencia técnica, de salud y de educación. Por ello, si usted tiene la oportunidad de encarar a Otto Pérez Molina y a Álvaro Colom, cuestiónelos. Pero que no le vengan con la pendejada de la mano dura o de enfrentar la violencia con inteligencia, porque con eso no se soluciona el problema de fondo de nuestro país.

Fuente: www.prensalibre.com - 131007


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