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Patrimonio cultural de la nación
Por Sébastien Perrot-Minnot (*) - Guatemala, 1 de septiembre de 2005

El patrimonio debe ser considerado como una herencia sagrada, un auténtico legado de los antepasados, que embellece, fortalece y enorgullece a Guatemala.

Según el artículo 60 de la Constitución de la República de Guatemala, “forman el patrimonio cultural de la Nación los bienes y valores paleontológicos, arqueológicos, históricos y artísticos del país y están bajo la protección del Estado. Se prohíbe su enajenación, exportación o alteración salvo los casos que determine la ley”.

“Patrimonio” viene de la palabra latina “pater”, que significa el “padre”. Del mismo término viene la “Patria”.

En cuanto a la Nación, el filósofo Ernest Renan la definía acertadamente, en 1882, como “una gran solidaridad, constituida por el sentimiento de los sacrificios que se hicieron y de los que todavía estamos dispuestos a hacer. Supone un pasado, y se resume en un hecho tangible: el consentimiento, el deseo claramente expresado de continuar la vida común”.

El concepto de patrimonio cultural de la Nación apareció en Europa a finales del siglo 18, durante la Revolución francesa, cuando el vandalismo estaba causando grandes daños a los monumentos. La confiscación de los bienes de la nobleza y la Iglesia creó la necesidad de su administración, protección y valoración en nombre del pueblo.

El período revolucionario vio también la creación del inventario de monumentos y el desarrollo de los museos, que son para el pueblo lo que la colección privada era para el Príncipe. La Nación tiene derecho a tener una memoria colectiva, tal como el noble tenía su galería de los ancestros.

En el siglo 19, el romantisismo y la nostalgia por una época pasada acentúan todavía los lazos sentimentales con las antigüedades. El escritor François-René de Chateaubriand asociaba lo antiguo con la belleza y lo sacro.

Por otra parte, el sentimiento nacionalista en Europa, en el siglo antepasado y a inicios del siglo 20, dio lugar a la misma glorificación de los monumentos del pasado.

En 1914, el escritor y diputado francés Maurice Barrès lamentó el deterioro de las “humildes iglesias (que) forman la fisionomía arquitectónica, la figura física y moral de la tierra de Francia”.

Desde 1830, el Gobierno francés creó la Inspectoría General de Monumentos Históricos, y en el mismo siglo empezaron a desarrollarse las técnicas de la investigación arqueológica y la restauración del patrimonio.

En Guatemala, las primeras leyes para la protección de los vestigios del pasado datan de finales del siglo 19. El Instituto de Antropología e Historia (IDAEH), a cargo de la preservación del patrimonio cultural, fue creado en 1946, bajo el gobierno de Juan José Arévalo. Cuarenta años después nació el Ministerio de Cultura y Deporte.

Estas instituciones son una dicha para Guatemala. Lamentablemente, a pesar de los esfuerzos de las autoridades, el patrimonio sufre múltiples ataques: destrucción de monumentos, vandalismo, robo, venta y exportación ilícita de antigüedades... La pobreza, la ignorancia, la indiferencia, la delincuencia y el crimen organizado son los responsables de esta triste situación.

El patrimonio cultural es un fundamento de este gran proyecto común: la Nación. La comunidad nacional guatemalteca, más allá de sus diferencias, supone la unión, con una memoria colectiva y un futuro compartido. El patrimonio debe ser considerado como una herencia sagrada, un auténtico legado de los antepasados, que embellece, fortalece y enorgullece a Guatemala.

(*) Arqueólogo, Universidad de París 1 (Panthéon-Sorbonne)

Fuente: www.prensalibre.com - 310805


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