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Los pasos de animal grande
Por Sergio Penagos Dardón - Guatemala, 26 de septiembre de 2021

Es fácil tirar piedras al techo ajeno cuando tienes uno de vidrio que no aguantará una sola pedrada. ¿Cómo dice que dijo?


El presidente Alejandro Giammattei, tras conocerse los señalamientos contra la fiscal general Consuelo Porras, luego de que fuera agregada por el Departamento de Estado de Estados Unidos, a la lista Engel, salió gallardamente en su defensa. Utilizando su cuenta de Twitter indicó: «Es una falta de respeto hacia las relaciones internacionales que: primero, se acuse sin pruebas o sustentos; segundo, violar los derechos humanos; y, tercero, dar valor a las declaraciones de quienes cuentan con intereses personales y procesos pendientes en Guatemala».

Veamos cómo está la cosa, don Alejo. El derecho internacional público es un conjunto normativo que regula las relaciones entre sujetos internacionales (relaciones internacionales). Su marco jurídico son los tratados y acuerdos, en concordancia con sus principios básicos:

1. Respeto a la soberanía de los Estados.
2. La no intervención e injerencia.
3. Respeto a los acuerdos y tratados.

Nuestro ecléctico y paranoico presidente redefinió estos principios.

1. Acusar sin pruebas o sustentos.
2. Violar los derechos humanos.
3. Dar valor a las declaraciones de quienes cuentan con intereses personales y procesos pendientes en Guatemala.

El mandatario continuó con su acostumbrada jerigonza señalando: «antes de hacer declaraciones o acusaciones irresponsables, insto que se presenten a los tribunales de justicia de Guatemala a resolver sus propios problemas judiciales». ¿A quiénes insta a presentarse a los tribunales de justicia de Guatemala? ¿Al Departamento de Estado? ¿A Benito, Luis Rabbé, Justino (puñalito) Ovalle, Moto y tantos corruptos escondidos?

Iniciemos nuestro recorrido por los vericuetos de la retorcida mente de este energúmeno (ser poseído por una fuerza maléfica) presidente. Ahora nos referiremos a su muy frágil techo de vidrio: acusar sin pruebas ni sustentos. ¿Qué ha hecho usted durante su larga actividad política? Acusar sin pruebas ni sustentos, utilizando mentiras y falsedades en forma cínica y descarada.

Violar los derechos humanos. Una clara y contundente demostración de la violación a los derechos humanos ha sido, y sigue siendo, su criminal manejo de la pandemia. La corrupción desbocada está arrasando con los pocos recursos del Estado, sin importarle que son necesarios para resolver la crisis de la pandemia. Robar en las compras, negar los adecuados servicios de salud a las personas, abrir hospitales sin insumos, personal médico sin remuneración digna y a tiempo, y un largo etcétera, que evidencia su frágil techo de vidrio.

Dar valor a las declaraciones de quienes cuentan con intereses personales y procesos pendientes en Guatemala, ¿a quiénes se refiere? ¿A los rusos? Ellos cuentan con intereses personales y usted lo sabe muy bien, ¿a Erick Estuardo Archila Dehesa, exministro de Energía y Minas, que recibió Q 79 421 411.07 en pagos de sobornos? A Gustavo Herrera, Allan Marroquín y muchos más. Por lo menos a uno de ellos identifique, de lo contrario se trata de acusar sin pruebas ni sustentos.

En su desesperación por defender lo indefendible, este quijote trasnochado y trasquilado, hace alarde de erudición y experticia en temas que desbordan su limitada capacidad cognitiva. Se sobresalta porque cobran actualidad los difusos e ignorados pasos de animal grande, que suponía no eran una amenaza real, por lo que arremetía con su vocinglero, disléxico y prepotente discurso de intocable, sin miedo a los gringos.

Para aclarar esta situación, tomo prestados, y sin la debida autorización, párrafos del artículo: Pasos de animal grande…, del exministro de defensa de Colombia Gabriel Silva Luján.

Nuestros parientes prehistóricos pegaban su oreja al suelo. Con la vibración y los ruidos que así captaban podían detectar las bestias que se encontraban a kilómetros de distancia. En algunas ocasiones percibían el siniestro trote de una manada de hienas gigantes o la ominosa cadencia de los tigres dientes de sable. Ese inteligente procedimiento les permitía anticiparse para enfrentar a las fieras que pretendían almorzárselos. También detectaban, con ese método, el ágil salto de un antílope o de un cervatillo, y en las buenas ocasiones –llenos de felicidad– identificaban el masivo andar de un mastodonte, lo que aseguraría la holgada supervivencia de la tribu.

Parafrasearé el siguiente párrafo para adecuarlo al entorno nacional. Hoy los invito a poner el oído en el suelo; a pegar la oreja en la tierra de la política chapina. Silenciar por un momento la absurda e irritante cacofonía del estridente debate político cotidiano, silenciar la violencia verbal de las redes, acallar, así sea por un instante, la ira y el apasionamiento. Solo deben concentrarse en escuchar las señales de lo que se nos aproxima. ¿Será una amenaza real o ficticia? El oído a tierra sugiere que avanza hacia nosotros el imperio, con la excusa de evitar la desaparición del Estado de derecho. Ojalá sea para eliminar a las bestias que nos gobiernan, no para almorzarnos como en 1954.

 

Fuente: gazeta.gt


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