Crítica a los apologistas del mercado (I)
Por Sergio Palencia F.- Guatemala, 13 de junio de 2006
Si bien hacía algún tiempo que visitaba el sitio Albedrío solamente como lector, he decidido colaborar en este esfuerzo conjunto contra las ideas en boga de los apologistas del mercado. El discurso que mantienen ciertos analistas económicos, columnistas, políticos y locutores de radio en nuestro país ha llegado a expandirse con mucha fuerza. En este sitio Albedrío he leído esfuerzos conjuntos que van desde la columna periodística hasta críticas noveladas de la realidad. En este sentido quisiera aportar algunas reflexiones críticas de diversos temas y conceptos que están de moda para el discurso mercantil de los apologistas del mercado. Comencemos.
I.
El martes 10 de junio tuve la oportunidad de escuchar el programa radial “Tiro libre” en radio Infinita, conducido por el señor Geovani Fratti y la señorita Karla Caballeros. El tema radial trató sobre las posibilidades y riesgos del empresariado, sus oportunidades y fortalezas en el mercado, en este caso de la situación guatemalteca.
La discusión y las llamadas se enfocaron en las alternativas dentro del mercado para lograr una alta competitividad, un aprovechamiento de las crisis económicas en tanto que oportunidades para la ganancia. El rol que jugaban tanto Fratti como Caballeros era, como ellos mismos lo acotaron, el de una junta directiva que recomendaba a su empresa apostarle a la inversión de cierto producto, crear vínculos comerciales con consulados y posibles mercados, además de recomendar el momento justo para la compra de acciones en la bolsa cuando algún negocio iba en camino de quiebra.
Los locutores continuaron dicho análisis comentando la ventaja de la mano de obra calificada por sobre aquella gran masa de mano de obra no calificada. En referencia con el contexto nacional apostaron por una tecnificación, una calificación de la mano de obra no calificada para desarrollar este “capital humano” guatemalteco.
A partir de estas elucubraciones prácticas, el comentarista Fratti citó un dato del CIEN que afirmaba que en Guatemala el porcentaje de empresarios particulares no asociados a grandes empresas llega al 80% de la población económicamente activa. Lo cual es lo mismo que decir que un indígena que posee un minifundio es en realidad un empresario por el hecho de efectuar transacciones comerciales, planificar su producción, etc. Por el momento no entraremos en el peligro de considerar a la mayoría de la población guatemalteca como empresaria bajo la definición que le dan los apologistas de mercado al término y sus implicaciones prácticas en la realidad. Eso dejémoslo para el apartado II que realizaremos en otra ocasión.
En realidad, en este breve resumen de los comentarios económico – sociales del señor Fratti y la señorita Caballeros, podríamos dedicar horas e incluso días a desmontar su aparato discursivo de la férrea posición mercantilista. Al mismo tiempo demostrar las propias contradicciones en que caen este tipo comentarios que pretenden constituirse como pensamiento.
En el presente escrito, es decir el apartado I, nuestra principal crítica estará basada en el concepto de mercado y posibilidades de lucro en la crisis según los juicios de estos comentadores:
“Las crisis económicas son oportunidades para la ganancia”, o lo que es lo mismo según el comentario de la señorita Caballeros, “los retos que implican que si te caes del caballo, debes volverlo a montar”.
En primera instancia lo difícil sería distinguir si no es al revés la situación y que en realidad durante las crisis económicas sea el caballo que se ha caído del jinete. En este caso para la junta directiva de Fratti y Caballeros, ellos mismos ocupan la posición de este jinete que lleva a cuestas al caballo, es decir al mercado.
Sus modelos teóricos parecen haberse quedado presos de la inmediatez, de los hechos[1] de las relaciones socio – económicas como para pensar que las crisis son a su vez oportunidades de mercado ajenas a los seres humanos que las sufren.[2] Es decir, solamente a partir de la abstracción neutral de las crisis económicas del capitalismo puede moralmente una persona hacer lucro del hambre y la miseria de muchos. Esto en primera instancia no debe sorprendernos, el capital siempre ha buscado en el límite de su muerte una excusa para lucrar consigo mismo. El ansía y la angustia de la valorización por parte del capital es a su vez su proceso de desvalorización dado las contradicciones internas a las que se enfrenta.[3] El pseudo pensamiento atrapado en los argumentos circulares del mercado suele tomar lo concreto de la separación entre trabajador y mercancía como bastión de un discurso que más tiene de mítico que de científico – crítico.
A su vez, el pensamiento infantil de que el mercado sea tan benévolo incluso allí donde se contradice – es decir en las crisis – es la última patada de quien sobrevive ahogado. Dicho esto, el mercado no es una institución esencial al hombre . Tampoco lo son las relaciones capitalistas y la razón instrumental atrapada en la lógica de medios y fines. Autores como Karl Polanyi han demostrado sociedades donde el mercado aún no se había desarrollado históricamente. El antropólogo Bronislaw Malinowsky negaba la existencia del homo economicus en la esencia del hombre primitivo junto a su experiencia etnográfica con los indígenas de las Islas Trobriand.
Cuanta evidencia histórica y etnográfica necesitarán estos apologistas del mercado, del pensamiento nulo, para darse cuenta que allí donde exponen sus pilares – ídolos, fetiches – de sus sistema económico mesiánico no hay más que construcciones históricas basadas en las relaciones de dominio. Allí mismo donde la bandera de la tradición es hondeada bajo el lema de homo homini lupus, el hombre como lobo de sí mismo, se afianza la mentira de un mundo al revés.
En Marx el mercado puede ser visto como toda aquella circulación de productos creada por los seres humanos a partir de situaciones concretas de opresión que enajenan las potencialidades de las mujeres y los hombres[4]. La mentira sobre la que se yergue el mercado es la igualdad del trabajo de la calidad de trabajo de las personas, los momentos y la actividad humana convertidos en tiempo de producción. En este sentido el capital es el desarrollo histórico de la producción basada en el valor de cambio y centrada en la farsa de que su principal motor, es decir el ser humano, tiene un precio otorgado por el proceso al ser un elemento que adiciona valor a la mercancía.
Ese mundo inverso -- como diría Hegel -- es en realidad la aceptación de que el caballo siga montando al hombre. Dicho de otro modo menos metafórico pero igualmente fuerte, el mercado, la producción deciden el destino de sus productores. Lo creado se vuelca contra el creador, el ídolo arremete contra su escultor. La vida se miente así misma en una exterioridad trastocada.
La mediocridad de un pensamiento basado en la apología del mercado como salvador -- en este caso representado por el señor Fratti y la señorita Caballeros – es en realidad la base del discurso de las personas acomodadas en la miseria de depender de las ordenes del jinete que resultó ser caballo. Ese mismo discurso que se muestra en la televisión bajo el nombre de Libre Encuentro , desde la emisión radial de Tiro Libre y desde las columnas periodísticas de Prensa Libre está basado contradictoriamente en la negación de la libertad real del ser humano. Lo que muestran en la realidad estos férreos defensores del capitalismo es su pobre o nula libertad para pensar por sí mismos. Sus argumentos aspiran libertad y creen encontrarla en el topos uranus del mercado no regulado, sin siquiera percatarse que sus vidas y sus palabras están siendo reguladas por él mismo.
Así la libertad como palabra y discurso es para estas personas el sueño de la libertad bajo palabra de esta cárcel del mercado y lo que nos impone como hombres y mujeres.
La libertad es más bien una experiencia y un sueño, ambos procesos se entrelazan mutuamente de manera dialéctica y convergen en la madurez humana de una vivencia genérica, es decir, del deseo de todos siendo libres. Lo que importa de la libertad no es su definición, sino la realidad del proceso de liberación de personas de carne y hueso, no para los productos fetichizados que vagan por el mundo.
Esto no es el fin, espero contribuir próximamente con el apartado II.
[1] Una buena definición de éste fenómeno, llamado reificación en sociología del conocimiento, puede encontrarse en la obra de Peter Berger y Thommas Luckmann: La construcción social de la realidad . Amorrortu Editores, Argentina. 2003
[2] Importante resulta la crítica a la fetichización de las crisis económicas elaborada por John Holloway en su libro: Cambiar el mundo sin tomar el poder . Editorial Herramienta. Argentina. 2003
[3] Ver el proceso de Acumulación y reproducción del capital en Karl Marx: Grundrisse. Manuscritos de 1857-1858.
[4] La definición de mercado en Marx suele ser compleja ya que su concepto mismo se construye a partir de la dialéctica entre proceso de producción y proceso de circulación. Para los motivos de este breve escrito me he aventurado a esta definición de mercado sabiendo que no es del todo completa.
www.albedrio.org |