Primer gran intento
Por Santiago Santa Cruz - Guatemala, 18 de octubre de 2005
Simplemente pido unidad con contenido.
El 10 de septiembre de 2006 puede llegar a ser para la izquierda guatemalteca una fecha perdurable o para el olvido. Una propuesta de unidad salió a la luz pública y en medio de la aridez política y la indiferencia ciudadana, surgieron las esperadas voces que la celebran y por supuesto, aquellas que desde el principio, ya la condenan. El tiempo y los hechos serán los verdaderos jueces de dicha iniciativa. Se ha vuelto a leer y a escuchar, con una resonancia respetable, aunque aún precaria, las palabras y las frases grandilocuentes y repetitivas que respaldan a la más justa de las causas, pero que a la vez han dado soporte a la que ha sido la más fragmentada de las luchas. Lo que hay que lamentar a lo largo de esta ya larga historia de flujos y reflujos revolucionarios guatemaltecos es que muchas veces, a la magnificencia de la palabra se ha contrapuesto el enanismo de las acciones.
Es así que, aunque encubierta en una aparente prudencia, no puede dejar de verse el entusiasmo que emana del intento de querer unir a las izquierdas: lo urgente, lo impostergable, el ahora más que nunca, la consecuencia, la firmeza, la no claudicación, etcétera, etcétera, etcétera; resurgen en los escritos como queriendo recordar lo inolvidable, como intentando desechar lo despreciable, como buscando expiar culpas propias y señalar ajenas.
Lo que creo que en esencia está sucediendo es que esa propuesta de construcción de un Frente Político Social de Izquierdas (FPSI) puede considerarse como el primer gran intento del siglo XXI para quienes abrazan ese visionario pensamiento, que por enésima vez, intenta sortear la dolorosa realidad de una épica combativa de larga data e incontrovertible validez, pero que se ha visto acompañada y empañada –para pesar de todos los que la defendemos y la necesitamos– de una división inacabable y de un sectarismo deplorable.
El déficit en lo subjetivo sigue siendo nuestra mayor desgracia y nuestra mayor vergüenza. No puedo dejar de mencionar que, como siempre, cuenta con muchos progenitores, pero pienso que todos ellos deben tener en mente que la construcción de una izquierda unificada es una idea omnipresente desde siempre y que el error no ha consistido en no considerarla, sino más bien en la imposibilidad de concretarla. Razono que para llevar adelante cualquier tentativa de construcción de futuro, así como una propuesta electoral objetiva, se necesitan soportes propios y ajenos, en los que el respaldo político-moral y los recursos monetarios, vienen a ser necesidades infaltables. Y si no se cumple con el mínimo requisito de la unidad, que es el aviso de fracaso por adelantado, nada se puede esperar y nada se podrá recibir de posibles fuentes internas y externas.
Vivimos un tiempo paradójico ya que mientras la democracia formal se ha consolidado, la democracia social se ha debilitado. Hay una agenda pendiente que cumplir para trastocar ese siniestro triángulo cuyos vértices los conforman la democracia, la pobreza y la desigualdad. Mucho se ha dicho y escrito al respecto pero me permito reiterar que no es eso lo que constituye el principal problema; este ha sido y es hasta la fecha, la falta de una auténtica y verdadera unidad. Ese es el reto para los veteranos, para los maduros y para los imberbes; con mayor razón para los dirigentes visibles e invisibles. Considero el FPSI como la primera prueba notable de esta época para las distintas generaciones cronológicas que concurren y de las que quiero entender que pretenden formar una sola fecundación concluyente comprometida y desprendida, que sea capaz de hacer prevalecer los intereses ideológicos y las necesidades nacionales sobre los empecinamientos políticos y los infortunados protagonismos personales.
No es tiempo de frases poéticas ni de pensamientos ajenos. No creo que sea el momento para gritar consignas prestadas ni slogan desgastados. No pretendo recordar al significativo mayo parisino de 1968 y decir que hay que ser realista y pedir lo imposible; mucho menos podría sumarme a decir que el pueblo unido jamás será vencido. Simplemente pido unidad con contenido; con responsabilidad y con consecuencia en los actos que la respalden, la desarrollen y la fortalezcan. Eso es lo imprescindible para lo posible y lo categórico para resolver las necesidades de las mayorías. Para los combatientes rurales y urbanos, para los oficiales y comandantes guerrilleros supervivientes de la guerra y que sobreviven en la paz, esa sería nuestra mejor recompensa. Y para las víctimas y para quienes ofrendaron su vida por la causa, nuestro mejor homenaje.
Fuente: www.elperiodico.com.gt - 171006 |