Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 5 - 2008

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

El Mayo que todo cambió
Por Santiago Santa Cruz - Guatemala, 10 de junio de 2008

Hablar de mayo 1968 en junio 2008 no es un atrevimiento tardío, es más bien, un ejercicio decantado y oportuno.

Hay que comenzar puntualizando que hace 40 años había 126 Estados y que hoy hay 192; que la descolonización, la proliferación de conflictos étnicos, la multiplicación de regímenes autoritarios, el hambre, la injusticia, los flujos migratorios cruzados han marcado este periodo. Pero hay que decir también, que los eventos acaecidos en ese mayo francés, son una escuela inolvidable, un episodio histórico a seguir aprovechando.

En realidad, mayo comenzó en marzo. El día 20 de dicho mes, un pequeño grupo de militantes de izquierda, estudiantes de la Universidad de Nanterre, ubicada en un barrio periférico parisino, quebraban la vitrina de una agencia de American Express, como una forma de protesta contra la guerra de Vietnam, por lo cual fueron apresados dos días después.

Para exigir su liberación, 142 de sus compañeros, de los doce mil inscritos en ese recinto, en su gran mayoría sin compromiso político, decidieron ocupar la torre administrativa, uno de los símbolos del poder universitario, dirigidos por un apasionado joven de 22 años, simpático y vibrante llamado Daniel Cohn-Bendit. El 2 de mayo, el decano cierra dicho centro educativo superior y convoca al imberbe dirigente al consejo de disciplina; fueron dos desafortunadas iniciativas desencadenantes de acontecimientos insospechados, cuyos alcances nacionales y planetarios aún trascienden.

De Nanterre a La Sorbona, de los vidrios rotos a los adoquines arrancados, de la represión a las barricadas, del conformismo y la pasividad a la liberación y el compromiso. De estudiantes universitarios a los de secundaria; de los obreros a los intelectuales y a los políticos.

En definitiva, de un barrio a toda Francia… de una nación a todo el mundo.

Los educandos de ese entonces tenían pocos derechos, aparte de mantenerse callados. Las relaciones humanas estaban sometidas a reglas rígidas, asfixiantes. Nada estaba a la medida de la juventud de esa época, la cual no era tomada en serio, era educada pero no escuchada, estaba hastiada por la rutina y presa en la costra de las generaciones precedentes. La verticalidad de las relaciones entre discípulos y educadores parecía insoportable y además, estos jóvenes esperaban más horizontalidad en otro dominio: las relaciones entre hombres y mujeres.

Las luchas anticonformistas y antiautoritarias se desataron y se acentuaron en el primer mundo.

El 22 de marzo abrió una brecha; el 3 de mayo los universitarios de La Sorbona protestan en el Boulevard Saint Michel y otras calles del barrio latino, siendo reprimidos por las fuerzas policiales sin llegar a extremos. El 13, los sindicatos se unen y llaman a una huelga general por mejoras laborales y salariales; 1,5 millones de trabajadores paralizan el país. El 30, se desarrolla una inmensa manifestación en apoyo al General Charles De Gaulle , quien disuelve la conservadora y tradicionalista Asamblea Nacional, acto que marcó el inicio de una nueva época.

Hay quienes dicen que la generación del 68 llegó a ser aquella que provocó la disgregación del mecanismo social del relevo generacional. La herencia, a ciencia cierta, no fue su preocupación si no más bien fue, el buscar abolir un tema execrable.

Otros argumentan que en 1968, se instaura ante todo el reino de la contradicción; en retrospectiva, puede decirse que es el año del dilema constante, de una prodigiosa mala consciencia, de la gran zancada de la globalización.

Lo cierto es que la inflación verbal de Occidente, la confusión de sus palabras y su doble lenguaje, dieron origen, tanto a un poderoso factor de inmovilismo, como a las arremetidas reaccionarias en extremo virulentas en los países emergentes.

Las consignas tuvieron distintos destinos: por un lado, “bajo los adoquines, la playa” y la antesala de la civilización del entretenimiento; por el otro, “bajo los adoquines, la rabia” y las luchas terribles, muchas de las cuales aún persisten.

Cómo se iban a imaginar los jóvenes occidentales: franceses, belgas, ingleses, alemanes e italianos, lo que sus protestas y demandas iban a provocar en el segundo y tercer mundo. Ellos lograron conmover y resquebrajar estructuras de poder y avanzaron; en las otras latitudes aludidas aparecieron tanques y camarillas sumisas, proliferaron las dictaduras militares y las represiones apocalípticas. En nuestro continente, en su porción latinoamericana, desde México y sus 300 masacrados en Tlateloco, hasta la Argentina y sus treinta mil desaparecidos. Desde el río Bravo hasta la Patagonia, se padeció el transversalismo del horror y en Guatemala, en proporciones descomunales.

En Estados Unidos, dos grandes magnicidios trastocaron su historia contemporánea: la del líder del movimiento americano por los derechos de los negros, Martin Luther King (4/IV) y la del candidato presidencial demócrata Robert Kennedy (6/VI), hermano del presidente John Fitzgerald , asesinado en 1963. A éstos se sumó una represión sistemática a todo intento de reivindicar los derechos civiles de las minorías y los pobres y el rechazo contra la guerra de Vietnam.

Fue en enero de ese trascendental año, que el Vietcong lanzó la Ofensiva Tet contra las tropas norteamericanas y sus aliados sudvietnamitas, evento bélico osado y al mismo tiempo determinante, para anunciarle a los invasores su absoluta determinación de derrotar por cuarta vez a otro imperio. En noviembre el republicano Richard Nixon es elegido presidente y este halcón acentúa el conflicto, aunque siete años después, en 1975, con 50 mil muertos y medio millón de heridos, humillados, traumatizados y vencidos, el ejército yankee es obligado a abandonar su pretensión de dominación del sudeste asiático. Los bombardeos indiscriminados, las represiones masivas y los combates intensos, provocaron a ese heroico pueblo más de un millón de víctimas, no obstante, dejaron intacta su dignidad.

El tiempo pasa y nos deja tanto las lecciones debidas como los íconos vivos y muertos. Hoy Cohn-Bendit es un diputado consecuente del Parlamento Europeo por el Partido Verde, en las calles del barrio latino ya no hay adoquines levantados y frente a la prestigiosa Universidad de La Sorbona, los numerosos transeúntes nacionales y extranjeros pueden apreciar una bella exposición fotográfica que recuerda dicha gesta. Las metas que los protagonistas se propusieron conseguir en ese momento han sido superadas y nuevos momentos de lucha se han sumado a éste, a partir de las nuevas demandas que el permanente mejoramiento social exige.

Los revolucionarios guatemaltecos a lo que nos vimos obligados por nuestra ubicación geográfica y la mentalidad de los diseñadores y propietarios del sistema, fue a hacer una guerra; a transitar entre el pudor, el dolor y la muerte, aunque no fue lo único, ya que, aparejadas iban la convicción, la valentía y la satisfacción de contribuir a lograr en nuestro territorio, en ese cercano pasado, lo que el presente todavía confirma que seguimos necesitando.

En lo que a mi respecta, apenas tenia 12 años en ese entonces pero no dudo que mi compromiso guerrillero posterior, fue influenciado por sucesos como los de ese mayo alucinante.

En este caminar aprendí que, en la búsqueda de los ideales transformadores que intenté en mi temeraria y maravillosa militancia, no pude llegar a discernir entre un enemigo ideológico desarrollado como el europeo y el otro cavernario que se ensañó con los oprimidos y libertarios en nuestra tierra centroamericana.

Y otra gran enseñanza adquirida, es que los logros históricos no marchan al mismo ritmo que sus protagonistas.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1456 - 090608


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.