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Un mercadeo abusivo
Por Silvia Tejeda - Guatemala, 31 de marzo de 2005

El barullo los vuelve ciegos, mudos y sordos.

Muy provinciana lució Guatemala en sus carreteras los días más solemnes de Semana Santa. Los genios del mercadeo no pudieron resistirse al abuso de tomar las principales vías del país para hacerle propaganda a más de una veintena de productos. ¿Y las autoridades? Bien gracias. O son ignorantes que no conocen sus reglamentos, o muy seducidos por los regalitos que anticipadamente les hacen.

Muchas personas me llamaron el lunes por la mañana para desahogarse y pedir apoyo en la denuncia: “No es posible que ni los gobernadores, ni los alcaldes, hayan puesto un alto al abuso de vender a los automovilistas cerveza, que sí es bebida alcohólica.” “No es posible que las empresas hagan propaganda en la mismísima orilla de las carreteras, en días de tanto tráfico.” “Daban lástima algunas muchachitas que pusieron a repartir productos.” “De nada sirvió iniciar temprano la salida, si desde la capital al puerto de San José lo menos ilustraron veinticinco puestos de promociones.” “Y lo peor de todo, fue la basura que dejaron en cada uno de los lugares, sin darse por enterados de que ellos la generaron.” No, dijo otro, “lo peor fueron todos los embotellamientos que causaron.” Muchos guatemaltecos no nos explicamos por qué nuestras autoridades son incapaces de normar sitios de venta en lugares más apropiados que una estrecha y peligrosa carretera. No entendemos por qué quienes, ganan mucho dinero, por normar el “impacto ambiental” están ciegos ante todas las violaciones a las normas del medio ambiente, que provoca esa toma de carreteras: provocan contaminación auditiva por lo estruendoso de sus alto parlantes; contaminación visual, porque las carreteras no se construyen para volverlas supermercados; contaminación por deshechos sólidos ya que son responsables de la basura que dejan y no recogen.

Y de las autoridades de Tránsito, qué decir. El barullo los vuelve ciegos, mudos y sordos. Los paraliza. Para esa toma de carreteras no hay sanciones que valgan, aunque se provoque lentitud del tráfico, un gran riesgo de llevarse entre las ruedas a alguien, distracción a los conductores y lo peor de todo: una manifestación de menosprecio a las jovencitas que emplean como carne para ver, y una irreverencia a las fechas más significativas de una celebración religiosa. Guatemala no es solamente un mercado, tenemos otros valores y una dignidad que no puede medirse sólo por lo que compramos o vendemos. Merecemos más respeto, tanto de nuestras autoridades como de los genios del mercadeo, que la paralizan.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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