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Desde Ginebra
Por Silvia Tejeda - Guatemala, 9 de junio de 2005

Los contrastes de la muerte

El muerto más solitario de una de las ciudades más cosmopolitas del mundo fue encontrado hace unas semanas. En la alcaldía cantonal dedujeron que se había trasladado a otro país, sin avisar, como hacen muchos. Nadie lo extrañó, nadie lo buscó, nadie preguntó por él. Cuando los guardias lo encontraron no había una carta, otro documento, una fotografía que lo vinculara al cariño de otras personas. Los amigos del bar que frecuentaba tampoco lo habían extrañado. Los últimos tiempos -2003-, se había vuelto latoso y a nadie le hacía falta. Aparte eran los tiempos cuando trabajaba y producía, hasta como bombero sirvió a su comunidad. Un accidente lo invalidó y vino la debacle existencial. Fue la oficina que controla a quienes no pagan la renta, la que inició los trámites para violentar la puerta de aquel sórdido estudio. El hallazgo fue más que macabro, una impresión poco acostumbrada, porque recogen uno en avanzado estado de descomposición, cada semana, pero no de tanto tiempo. Según el forense, el señor Patrick x, tenía año y medio de muerto, cuando por una causa fortuita lo descubrieron.

Por contraste, aquí el ritual de la muerte es un tanto diferente. Las esquelas ocupan todos los días las páginas 13 y 14 de los medios escritos. La mayoría de familias solicitan que no les envíen flores, sino que una contribución para la beneficencia. A cada cual lo entierran según las creencias y las distancias. Por ejemplo, ayer enterraron a la prostituta más famosa de la ciudad, Griselidis Real, tenía 75 años y no se habían olvidado de ella ni los músicos ni los poetas, los políticos ni sus amantes que más la buscaban. La sociedad le reconocía que había luchado incansablemente porque se entendiera que desempeñaba un trabajo como cualquier otro y porque se le reconocieran sus derechos. Fue un ejemplo para las nuevas generaciones que siguen su oficio. Su entierro fue de lo más concurrido. Así lo destacan los titulares.

Lo más extraño de todo el tema, es que en Suiza se suicidan cuatro personas al día. Es la causa más frecuente de morir en este país. Lo hacen más los hombres que las mujeres entre 15 y 44 años. Generalmente, cuando las expectativas de trabajar los comienzan a arrinconar en una depresión o en una adicción de drogas fuertes. Lo más contrastante de todo eso es que los guatemaltecos, aun con una economía de subsistencia, podríamos vivir en un verdadero paraíso si nuestros gobernantes no fueran tan ladrones, los narcos no tuvieran tanto poder y nuestro sistema de justicia fuera incorruptible. La mayoría de las maneras como morimos pudieran evitarse.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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