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¿Quién le cobra a Deorsa?
Por Silvia Tejeda - Guatemala, 11 de junio de 2005

A cualquier trasnacional se le deja el campo abierto.

Si una compañía como Unión Fenosa hubiera pretendido distribuir electricidad en un país como España, hace mucho tiempo que le hubieran retirado su funcionamiento, después de haber sido obligada a pagarle a los usuarios todos los daños y perjuicios causados por su pésimo servicio. Esta es una de las principales diferencias entre los países donde las leyes funcionan para todos y no existen fisuras donde unos abusen de los otros, con toda impunidad, como sucede en el nuestro. A un usuario sólo le queda quejarse y denunciar, porque no existe un mecanismo legal pronto y efectivo, para obligar a las compañías que dan servicios a cumplir con lo que prometen. Gracias a la voracidad de los políticos de turno, cualquier transnacional, a cambio de acciones, se le deja el campo abierto para comportarse, como más conveniente le plazca.

Desde otra perspectiva, ante la información divulgada por los más de 4 mil 500 usuarios que denuncian ante la Comisión del Congreso de la República, los abusos y la prepotencia de Deorsa y Deocsa lo menos que podemos esperar es que la famosa Diaco informe a cuánto ascienden los montos de las multas impuestas a tales distribuidoras por el servicio que dejan de prestar y el daño que causan a los bienes de los miles de usuarios. De esto, no hemos oído nada. La tan cacareada ley de Protección al Consumidor, de todo podrá tener, menos mecanismos para el resarcimiento económico a todos los usuarios.

En el Occidente la gente está desesperada de pagar excesos. En Oriente es más aguantadora, las poblaciones están mucho más empobrecidas, no osan, ni siquiera, ir a las cabeceras departamentales a reclamar los excesivos cargos de que son víctimas, ni protestan por su cotidiano drama: mucho cavilar les ha costado decidirse a pagar el enganche de una refrigeradora, un televisor, un aparato de sonido que, cuando menos sienten, “truenan” y, sin que siquiera lo hubiesen pagado, el aparato eléctrico ya no sirve, por los jalones, los apagones y los altibajos del servicio de Deorsa. En la Providencia y la Ceibilla, de Oratorio, Santa Rosa, donde una lluvia fuerte, la caída de un rayo o un ventarrón son suficientes para que el fluido eléctrico deje de llegar tres días, y llega, cuando todos los tenderos se ponen de acuerdo para llamar y llamar por teléfono, para que reconecten. Naturalmente, que el pollo y todos los productos que tienen en la “refri” se perdieron. De esto puedo dar testimonio, y podría mostrar mi caso.

Pago y no protesto, porque las veces que lo intenté, los encargados departamentales están tan encumbrados que no reciben a toda la gente que quiere acercárseles para que le resuelvan su caso. La respuesta que tienen es decir: pague y pida una revisión de contador, pero eso no soluciona nada, porque al poco tiempo, la locura de cobros comienza otra vez. Deorsa tiene un serio problema administrativo porque sus lectores no leen los contadores. De esto sin duda, el gerente general ni se entera, porque vive ocupadísimo leyendo los gratificantes rendimientos económicos. ¿Y nosotros a quién le cobramos todo el daño que nos hacen?

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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