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Remendar virgos
Por Silvia Tejeda - Guatemala, 1 de septiembre de 2005

Es una inmoralidad dedicarse a esto.

Lo que equivale a decir en este tiempo: “Se restituye la virginidad”. Es inaceptable que en la ciudad proliferen los rótulos donde se anuncia tal procedimiento, como si la virginidad de la mujer fuese algo que solamente implica dos puntadas en el himen, y aquí no ha pasado nada. Eso se acostumbraba en la Edad Media y lo inmortalizó el personaje Celestina que realizaba las suturas a las prostitutas para que engañaran a los rufianes que se enamoraban de ellas. Celestina no era una médica y cirujana que había estudiado en una Universidad, donde le hubiesen enseñado principios éticos de su profesión.

Quinientos años después es desde todo punto de vista una inmoralidad dedicarse a eso. Inmoral el médico que lo practica porque se presta a falsear una condición real y natural en la mujer de edad reproductiva; inmoral la madre que lleva a una hija adolescente a una operación de tal naturaleza, porque le inculca la hipocresía y la mentira en las relaciones que tenga con alguien que la ama, e inmoral la joven que lo hace, para engañar a un tonto y medio, que tiene la buena intención de casarse con ella y llevarla “pura y casta al altar”. Otro de los tantos casos de la doble moral que se manejan en nuestra sociedad, muy bien aprovechado por médicos que no encuentran otra forma de “servir al prójimo”, para hacer dinero con engañifas. Me pregunto: qué hace el Colegio Médico para recordarle a los colegas que se olvidan del Juramento Hipocrático y de la relación de esa profesión con los principios de la ética y la moralidad.

Si remendar virgos puede ser para algún lector algo risible, no debe serlo hablar de todos los médicos y comadronas que se dedican a hacer abortos y que se amparan en la más ominosa de las expresiones de esa doble moral que tan hábilmente se maneja, entre unos y las otras. Se publican anuncios en los medios que ofrecen “solución inmediata a atrasos menstruales, hemorragias o complicaciones del embarazo”. La mayoría calla, pero brinca como un resorte cuando alguien levanta la voz y pretende que se difundan métodos que eviten la prostitución moral y la mortalidad materna, que según el estudio, casi obsoleto, de la línea basal de mortalidad materna de 2000, el 10 por ciento de esas muertes es por abortos complicados: la principal causa es por hemorragias e infecciones no resueltas a tiempo. Ahora preguntémonos qué hace el Ministerio de Salud Pública, para denunciar esa práctica inhumana, prohibida por la ley y señalada por varias religiones.

Qué se está haciendo institucionalmente para supervisar cómo se hacen y dónde se hacen todos los procedimientos médicos, en general, en más de un centenar de casas de salud y sanatorios que se instalan en casas que, una vez fueron viviendas, pero que ahora se transforman en centros de “salud” que, en su mayoría, no llenan las condiciones mínimas para funcionar. Pagar las cuentas y los errores hasta con la vida, le toca a los ingenuos y adoloridos pacientes.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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