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¡Más que nunca! “¡Nunca más!”
Por Tasso Hadjidodou - Guatemala, 31 de enero de 2005

“Vagones vacíos, ustedes estaban llenos, y de nuevo vacíos, ¿dónde fueron a deshacerse de sus judíos?”
Itzhac Katzenelson

En su libro “El racismo”, Albert Memmi, autor de cantidad de artículos sobre este tema en los últimos 50 años, propuso: “El racismo es la valorización, generalizada en definitiva, de diferencias reales o imaginarias en provecho del acusador y en detrimento de su víctima, para legitimar una agresión o privilegios”, que fue adoptada por la

Encyclopaedia Universalis. Memmi ofrece dos variantes al racismo: la etnofobia y la heterofobia.

Todos los que tuvieron la oportunidad de acceder, en este principio del 2005, a las noticias de las redes de medios de comunicación del mundo alrededor del 26 de enero, pudieron percibir la condena unánime del trágicamente célebre Holocausto del Campo de Concentración de Auschwitz, de desgarradora recordación, todavía 60 años después.

Eva de Rodas y yo, agregados de prensa, jubilados hoy, de Alemania y Francia, colaboramos con la Fundación para la formación y la profesionalización de los mayas que preside la doctora Irma Otzoy, antropóloga, que beca a jóvenes de ambos sexos. En Prodessa participamos en un taller del doctor Enrique Sam Colop, lingüista, traductor acucioso del Popol Vuh, donde aclaró conceptos y practicó la maieutica educativa, definiendo, por ejemplo, los conceptos de identidad, racismo, discriminación, exclusión en una nación poliétnica.

Me pregunto: ¿habrá mayor drama en la historia que el holocausto? Hasta las raíces griegas de la palabra nos hacen temblar: “holon”, todo o total, y, “causto”, quema, o sea, quema total. El presidente Jacques Chirac, esta semana, en Auschwitz, citó parte de las preguntas que planteó a sus hermanos de sufrimiento Charlotte Delbo:

“Usted que sabe
que el hambre hace brillar los ojos,
que la sed, los opaca,
que uno puede ver muerta a su madre
y quedarse sin lágrimas,
que el horror no tiene
frontera.
Lo sabe usted, usted qué sabe?”.

Se me acercan ahora los versos que traduzco de El Éxodo, escritos en 1942 por Benjamín Fondane, rumano naturalizado francés, denunciado como judío, internado en el mismo campo, fallecido en Birkenau en 1944: “recuérdese que yo era inocente, y que, como usted, mortal en aquel entonces, había tenido, yo también, un rostro marcado por la cólera, la piedad y la alegría, un rostro de ser humano, sencillamente”.

Hace algunas horas, en Auschwitz, en nombre de los sobrevivientes, la francesa Simone Veil, antigua presidenta del Parlamento Europeo, ante decenas de jefes de Estado y gobierno, sobrevivientes, soldados soviéticos libertadores y público afirmó: ... los países europeos lograron sobreponerse a sus antiguos demonios... Es aquí donde se perpetró el mal absoluto que debe renacer la voluntad de un mundo fraterno, fundado sobre el respeto del hombre y su dignidad...”.

Por su parte, el ministro de la Cultura de Polonia, Waldemar Dabrowski, recordó: “... Estamos en el cementerio más inmenso del mundo, donde no hay tumbas, no hay osamentas, pero aquí descansan cenizas de más de un millón de seres”.

Y, de Itzhac Katzenelson, escritor en hebráico y yiddish, asesinado en Auschwitz, comparto con emoción un fragmento del inmenso poema “El canto del pueblo judío asesinado”, encontrado en botellas desenterradas en el campo de Vittel, Francia:

“Vagones vacíos! Ustedes estaban llenos, y de nuevo vacíos,
¿dónde fueron a deshacerse de sus judíos? ¿Qué les pasó?
Eran diez mil, contados, registrados y ustedes están de vuelta?
Cuéntenme vagones, vagones vacíos, ¿a dónde fueron?

Vienen de otro mundo, lo sé, no debe estar lejos...
¿Por qué tanta prisa, vagones? ¿Tan poco tiempo tienen?...
¿Cómo pueden ustedes soportarlo, aunque sean de hierro y madera?

Mudos, cerrados, ustedes vieron.
Díganme vagones,
¿a dónde llevan a este pueblo, a estos judíos?...
¿a la muerte?...
Vagones hablen...
mientras yo lloro, hagan hablar sus ruedas...”.

Amigos lectores, más que nunca: “Nunca más!”.

Fuente: www.prensalibre.com


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