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Los archivos del mal: el AHPN
Por Trudy Mercadal - Guatemala, 1 de junio de 2019

En 1995, Jacques Derrida publicó su obra Mal de archivo (Archive Fever: A Freudian Impression, en inglés), en la cual aborda la idea del archivo en el contexto de la sociedad moderna, políticas estatales, nuevas tecnologías archivísticas, la ética y democracia. Para esto, siendo que Derrida era psicoanalista, se apoya en modelos freudianos. El título del ensayo se refiere a lo que él llama los «archivos del mal», aquellos que se formaron a partir de guerras, violencia y genocidios, tales como los archivos policiales y militares de dictaduras. Estos pueden ser, por ejemplo, los archivos del régimen nazi en la época de la Segunda Guerra Mundial o de la Stasi de Alemania Este durante la Guerra Fría o, más recientemente, el Archivo Histórico de la Policía Nacional en Guatemala, entre muchos otros.

Uno de los puntos más importantes de Derrida en este contexto es el conflicto entre los archivos estatales, recogidos todos bajo una misma autoridad, y la idea de acceso abierto y transparente a la ciudadanía que exige una democracia verdadera. Derrida dice que no existe «ningún poder político sin control del archivo, cuando no de la memoria» (p. 12). Es más, argumenta que la democracia puede medirse con el nivel de participación y acceso de los ciudadanos al archivo.

Desde entonces se han publicado muchos libros importantes sobre los archivos históricos, en el contexto de la responsabilidad y rendición de cuentas por parte del Estado, la memoria histórica de los pueblos y el bien común.

En 2010, Kirsten Weld publicó una de las más valiosas obras en este género, el libro titulado Cadáveres de papel: los archivos de la dictadura en Guatemala. Este relata la historia de la creación, ocultamiento y posterior descubrimiento del Archivo Histórico de la Policía Nacional (AHPN) en Guatemala, los fondos documentales (o archivos) de la policía que fueron descubiertos, recuperados, curados y puestos al servicio del público, sustentado con fondos internacionales y apoyo de los mejores expertos en archivística del mundo. Dentro del contexto de lo que explica Derrida sobre los archivos y el poder estatal, la democratización de Guatemala en la posguerra se puede ver reflejada en el fenómeno del archivo y su acceso –y en las maneras en como este acceso se llevó a cabo y se ha utilizado–. Por ejemplo, ha servido para descubrir el destino de muchos de los desaparecidos durante los años del conflicto armado en Guatemala y para proveer apoyo técnico para los juicios por crímenes de lesa humanidad cometidos durante ese período.

Es muy importante hacer notar, sin embargo, que los fondos documentales del AHPN se remontan al siglo XIX, siendo un repositorio de historia nacional de naturaleza incomparable. Como tales, son patrimonio de la nación, se encuentran bajo la tutela del Ministerio de Cultura y Deportes y deben estar, como todo archivo histórico, abiertos a toda la ciudadanía que busque en ellos su historia y memoria.

La historia publicada por Kirsten recuerda al lector como el Estado vigila y recopila información sobre la ciudadanía, para luego guardarla en archivos y de esta manera controlar y reprimir a la población. Por ejemplo, leer los documentos desclasificados de los archivos de la CIA, abiertos a todo público en línea, muestra cuán importante fue para Estados Unidos mantener registros sobre ciudadanos y organizaciones en Guatemala, así como en su propio país, durante la Guerra Fría. Estos registros incluían todo tipo de personas: artistas, escritores, intelectuales, maestras, etcétera. Sin importar la ideología del Estado –pudiera ser de extrema izquierda o extrema derecha– el objetivo final de los «archivos del mal», siempre secretos, era controlar cualquier conducta considerada subversiva a los intereses del Estado autocrático. Para la ciudadanía, hoy día, estos archivos son fuente invaluable tanto de historia como de memoria histórica.

Hoy el AHPN corre peligro. El ministro de Gobernación, el Sr. Degenhart, recientemente dio declaraciones en las que indica que pretende poner los archivos bajo la «protección» de la Policía, lo cual, tratándose estos de documentos históricos que evidencian en gran parte la historia de las acciones de la Policía y Ejército durante los años del conflicto armado, es un despropósito. Agreguemos a esto que nadie ahí tiene el entrenamiento ni la capacidad para manejar fondos documentales históricos, y no tendría lógica que fueran capacitados para eso, pues no es su función. Lo mismo sucedió bajo el gobierno de Pérez Molina con los Archivos de la Paz, primero capturados por su administración y hoy día desaparecidos. El Sr. Degenhart ha bloqueado la asistencia internacional, lo que está ahogando al AHPN, y ahora pretende, según él mismo indica, retirarles el edificio. Esta movida no hace más que remontarnos al pasado más oscuro de este país y como tal, es inaceptable.

Fuente: gazeta.gt


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