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Se pierde con la minería de metales
Por Tania Palencia Prado - Guatemala, 30 de noviembre de 2004
tpalencia@guate.net.gt

El Ministerio de Energía y Minas organiza para esta semana un Foro Nacional de Minería. El objetivo general que se propone es construir consensos nacionales para definir una política minera competitiva, social y ambientalmente sustentable. Pongo totalmente en duda el objetivo del Ministerio.

El Foro, de dos días, contempla tres formas de debate: conferencias plenarias, conferencias paralelas y grupos temáticos de trabajo. Es indiscutible que las conferencias plenarias, por convocar a todas las personas invitadas, constituyen los enfoques más relevantes, los del interés común.

Sin embargo, no es así. El Foro se va a abrir con una charla de un funcionario del Banco Mundial sobre "políticas mineras en países en desarrollo". ¿No hubiera sido mejor esperar cinco meses y hacer una investigación sobre políticas mineras en países en desarrollo? ¿Qué hace el Estado de Guatemala invitando al Banco Mundial para que sea el primero en hablar de políticas mineras?, ¿por qué no la Usac o una ponencia conjunta de universidades?

El Banco Mundial es juez y parte en este asunto. Una de sus líneas de financiamiento, la Corporación Financiera Internacional, es cooperante de la Montana Exploradora de Guatemala, S. A., que opera en San Marcos. Debiera el Banco Mundial estar como observador y reflexionar acerca del impacto de las políticas mineras que ha inducido en América Latina con el poder de su capital.

Luego, también en plenaria, se abordará la tecnología ambiental, el marco regulatorio y el desarrollo comunitario. En lugar de un panel -para ser coherente con eso de "Foro Nacional de Minería"- esos temas serán impartidos como conferencias por extranjeros. Nadie sabe si se trata de tecnología, leyes y comunidades de aquí o de modelos para universalizar.

El segundo día en plenaria sólo hablan dos funcionarios públicos: uno del Ministerio de Energía y Minas y el otro del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales. Hacen su propuesta de política. Nadie más tiene opción plenaria para ofrecer propuestas. El trabajo en grupos se vuelve un mar de islas sin articulación.

Al finalizar, hay una cena en la residencia del embajador de Canadá. Un acto de diplomacia tan ingenuo como irresponsable porque es oficial el reporte de que seis de las 11 empresas mineras extranjeras en Guatemala son canadienses. El acto oficial de cierre, la deseada fiesta para avanzar en los consensos, es decir, la misión estratégica de síntesis, con vino o sin vino, la debiera haber programado el Estado de Guatemala; es más, esa es su obligación. En este paisito sí se ven micos aparejados.

El Foro puede ser un gran espectáculo, pero no un espacio para pensar en el desarrollo comunitario, no para pensar en el lugar de los hechos, en el mero asunto: ¿cómo estamos para asumir los riegos de una avalancha de minería de metales?, ¿qué valor le deja la minería de metales a Guatemala, ante todo a la gente, ante todo para la vida local y colindante, y sólo después al Estado?

Esto de la minería que usa tóxicos de alto riesgo no es un asunto de zapatero a tu zapato. Realmente interesa a todas las personas. Interesa que los expertos muestren los riesgos y que los políticos se inclinen por el riesgo menor. Es más, a la gente de carne y hueso le interesa que no hayan riesgos, buscar otras opciones de producción y de empleo.

Esta minería no es bolsa de valores, no se puede decir arriesguémonos para ver qué pasa después. Ni un millón de dólares al año ha servido en otras partes para reconstruir estragos por accidentes (aquí -donde no hay ningún control público- las fianzas no superan los tres millones de quetzales).

El debate debe llevarse a donde existan las mineras. Allí hay que hablar de controles. ¿Cómo está el control de uranio (para insumos de guerra) en la franja volcánica?

¿Por qué todo este asunto se divorcia de las políticas de desarrollo rural?

Fuente: www.sigloxxi.com


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